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Del mito del zombi a la amenaza global.

12 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

La noticia fue escueta, sin demasiadas precisiones. El portal de noticias Rusia Today en español publicaba el siguiente titular: El Pentágono tiene un plan para luchar contra un ejército de zombis. Profundizando en la lectura uno descubre que no se trata de una broma, ni de una idea descabellada. Se trata de un documento de 31 páginas, difundido por periodistas de la revista ‘Foreign Policy‘, y que fue desencriptado de un sitio confidencial de la página web del Pentágono. El plan, titulado ‘Dominio en la lucha contra zombis‘ fue creado el 30 de abril de 2011.

El documento, registrado bajo el código CONOP 8888 menciona lo siguiente: “El plan es una guía metodológica para el comando estratégico del Ejército de Estados Unidos, que tiene que elaborar un escenario universal para la ejecución de operaciones militares con el fin de proteger a los civiles de las tropas de zombis.” El proyecto presenta ocho tipos de zombis diferentes a los que pueden enfrentarse los soldados estadounidenses. Los creadores explican que utilizaron los zombis como un enemigo imaginario y absolutamente increíble para evitar consecuencias políticas indeseables que pudieran surgir si designaran a un enemigo representado por el ejército de un Estado real.

La lectura de esta particular noticia, me provocó la necesidad de pensar y reflexionar sobre el fenómeno zombi y sobre el miedo que genera en el inconsciente y en consecuencia en el imaginario colectivo la idea de un ataque masivo por una horda de muertos vivientes sedientos de carne humana. Para eso es necesario empezar a hacer un poco de historia sobre el mito del zombi y como con el correr de los años, pasó de ser un personaje exclusivamente folclórico y acotado al ámbito del chamanismo africano y posteriormente caribeño, a un colectivo de muertos desenfrenados, amenazante, grotescos y borboteantes de fluidos corporales.

En este análisis he incorporado algunos textos relacionados que abordan el tema desde diferentes visiones. Esta diversidad de miradas, algunas más etnográficas y otras más vinculadas con los fenómenos sociales y culturales, me van a permitir tener una aproximación más clara al fenómeno y emitir algún tipo de conclusión que ilumine mejor la problemática y el objeto de estudio. Por otro lado, tomaré el film “White Zombie” Víctor Halperin (1932) para seguir una línea de pensamiento tomada del catedrático Lorenzo Carca Villa Puey y su texto Genealogía hipnótica del mito del zombi: White Zombie (1932).

El mito del zombi.

Como primer punto, es necesario iniciar el camino desde la referencialidad directa, preguntándose: ¿Qué es realmente un zombi?
La figura folclórica del zombi se origina en la zona de África occidental, más específicamente en los países de Benín, Togo, Ghana y Nigeria. Entre sus ritos religiosos más populares se encuentra el vudú, siendo la tribu de los yorubas quienes lo practicaban con regularidad.

Al iniciarse el comercio de esclavos provenientes de toda esa zona africana se produce el traspaso de la cultura afro al continente americano. La religión católica de aquella época tenía una poderosa hegemonía y los nativos de las distintas tribus que no comulgaban con el catolicismo eran severamente castigados.
Ante este abuso de poder desmedido y como una manera de no recibir más esos severos castigos adaptaron sus rituales al mezclarlos con la religión católica, lo que dio origen a un encubierto sincretismo entre ambas religiones, creando otras nuevas, como la santería y el candomblé.

El zombi es la representación de un cadáver que, por alguna razón, es este caso provocado por el Bokor (hechicero Vudú), regresa a la vida para convertir se en un esclavo, cuya voluntad ha sido literalmente anulada. El zombi, por lo tanto, es un autómata, que obedece solo a los deseos del amo, o como expresa Diego Labra: “El zombi es instituido como una metáfora del hombre, un espejo extrañado, siniestro (el Unheimlich de Freud), el cual cumple una doble función: expresar nuestros más profundos miedos ancestrales: a la muerte y al otro.”

No hay dudas que la zombificación es una consecuencia directa de la esclavitud. El zombi, especialmente el de Centroamérica, es la representación vívida del esclavo, que no solo pierde su libertad física, sino también su independencia espiritual. Su alma ha sido secuestrada por el hechicero y su destino es el trabajo forzado en las plantaciones de azúcar. Pierde toda singularidad, toda ligazón con el entorno social para pasar a ser un autómata funcional. El peso de ser esclavizado persigue a quien es convertido en zombi, incluso más allá de la muerte, y no hay peor condena que la de vivir una vida vaciada de voluntad. Este irracional miedo a la figura del zombi es relativamente nuevo en la cultura occidental, pues poco era lo que se conocía de él. Fue recién en 1932 que apareció “White Zombie” de Víctor Halperin, primera película que introdujo en el imaginario del público esta idea de un ser do minado por fuerzas ocultas que camina como un sonámbulo.

Pero, fue un tiempo antes, en 1929 con la publicación del libro de William B. Seabrook “La isla mágica”, donde de alguna manera la idea del muerto resucitado empieza a cobrar forma. Como lo explica Lorenzo Carcavilla Puey “la “concepción” del mito del zombi se produjo efectivamente con La isla mágica, pero el verdadero “parto” ocurrió en “White Zombie” (Víctor Hugo Halperin, 1932), la primera película de zombis en la historia” (Lorenzo Carcavilla Puey 2013: 128).

Dominados por el poder de los ojos.

¿Cómo enlazar el mito zombi con la noticia del inicio?
Un primer acercamiento puede estar relacionado con la película “White Zombie” y con el análisis que Carcavilla Puey hace de algunas partes del film. En su texto ya citado, Carcavilla intenta retomar el mito del zombi desde dos perspectivas, una, partiendo de lo simbólico para comprender mejor su sentido psicológico, lo que él llama la perdida de la relación con el inconsciente y una segunda ligada al hipnotismo y al uso del poder hipnótico: “En primer lugar vamos a continuar nuestra labor genealógica y a tratar de exhumar el pasado magnético-hipnótico del mito del zombi tal como florece en White Zombie (Lorenzo Carcavilla Puey 2013: 129).

Sigmund Freud, en su texto “Lo ominoso” cita al cuento de E. T. A Hoffman “El hombre de arena” que narra la historia del monstruoso personaje que da título al cuento, quien se encarga de arrojar arena a los ojos de los niños hasta que estos salgan expulsados de sus órbitas. En su reflexión sobre el cuento, Freud expresa: “Aún esta breve síntesis no deja de subsistir ninguna duda de que el sentimiento de ominoso adhiere directamente a la figura de El hombre de arena, vale decir a la representación de ser despojado de los ojos” (Freud, Sigmund 2000: 231) En palabras de Freud, esta idea de la pérdida de visión resulta algo verdaderamente perturbador en los niños pero que pervive en muchos adultos quienes temen perder un ojo más que a otros miembros.
¿Qué misterio encierran los ojos entonces? ¿Qué poder oculto existe en la mirada? ¿Por qué tememos y creemos en el poder del popular mal de ojo?

Carcavilla Puey, puede ayudar a comprender mejor estas preguntas, al relacionarlo con el poder del hipnotizador, en la figura de Murder Legendre, personaje interpretado por Bela Lugosi en el film “White Zombie” Si recordamos la película, veremos que antes del encuentro entre Legendre y Madeline Short Parker se ven unos penetrantes ojos en primer plano, son los ojos del zombificador, amenazantes y ominosos que observan y esperan a su víctima. “Esta mirada de Legendre se hará omnipresente en “White Zombie” desde el principio junto con un peculiar entrelazamiento de las manos, constituyéndose como los gestos fundamentales –más precisamente, las técnicas– que acompañan a sus manipulaciones “vudú” y al uso del poder coercitivo que ejerce sobre sus víctimas” (Lorenzo Carcavilla Puey 2013: 132).

El autor, compara a Legendre con otros personajes siniestros del cine como el doctor Caligari (El gabinete del doctor Caligari. Robert Wiene, 1919), el doctor Mabuse (El testamento del doctor Mabuse. Fritz Lang, 1922) y Svengali (Svengali. Archie Mayo, 1931).
Asegura que el uso de la mirada es una técnica propia del acervo de los hipnotizadores y uno de los íconos más representativos del poder hipnótico.

Del mito a la amenaza global.

¿Qué connotaciones tiene ese poder dominante de la mirada con las narrativas zombis actuales?
Prosiguiendo con la lectura del texto de Carcavilla Puey y asociándolo con “Lo ominoso” de Freud puedo hacer algunas relaciones que apuntan directamente con el poder. Cuando Freud prosigue con la interpretación del cuento de Hoffman y habla sobre los ojos, hace un breve análisis desde el psicoanálisis y dice que la pérdida de un ojo o la visión está ligada al acto de castración. (Freud, Sigmund 2000: 231) Aclaro, que, si bien la castración puede ser para ambos sexos, Freud se refiere al personaje de Nathaniel.

Originalmente lo “fálico” siempre ha sido asociado con el poder masculino, con la virilidad y con la reproducción. En la naturaleza un macho potente sexualmente está en un estatus social diferente, por sobre los demás miembros del grupo, lo que lo habilita a controlar y dominar a los otros, es decir que no solo ostenta su poder, sino que hace uso de él.
Legendre, utilizando su potencia “fálica” a través de su mirada hipnotizante y las técnicas de vudú, toma el control del otro de esta forma, podemos inferir que los castra sexualmente, convirtiéndolos en ciegos. Esto se ve bien en el film posterior “Yo caminé con un zombi” Jacques Tourneur y Val Lewton (1943), cuando Betsy Connell camina con Jessica Holland, la zombi sonámbula, que actúa casi como una ciega, y se topan con Carrefour, el moreno gigante zombi y ciego.

Es interesante también la analogía que existe con el personaje de “El hombre de arena”, que arroja arena a los ojos de los niños para dejarlos ciegos y la técnica que utiliza el Bokor para zombificar a sus víctimas, quien arroja directamente sobre la cara la mezcla de polvos mágicos (Tetrodotoxina como principal componente) y los convierte en zombi.
Eso se puede ver en el film “La serpiente y el arcoíris” Wes Craven (1988) film basado en el libro del mismo nombre del etnobotánico Wade Davis, quien viajo a Haití con el propósito de investigar la zombificación.

Este simbolismo, expresado en la ausencia total de voluntad por parte de quien ya no puede ver el mundo y la realidad como antes, nos remite a la idea de una sociedad alienada y dominada por líderes de regímenes totalitarios. Y Carcavilla Puey lo destaca al hacer una referencia al film “White Zombie” cuando escribe en su apartado la alegoría política: “El alumbramiento del mito del zombi se produce tan sólo un año antes de que Hitler se yerga Canciller del Tercer Reich. La doble dimensión esclavo-criminal del zombi pueden leerse sin dificultad desde esta óptica. ¿Cómo explicarse si no que la guardia zombi de Legendre lleve estas ostentosas cruces de hierro?” (Lorenzo Carcavilla Puey 2013: 135) Carcavilla Puey se centra en el grupo de acólitos que acompañan a Legendre, y hace una diferenciación con los zombis esclavos y los zombis pretorianos, como los llama. Los primeros representan a las masas populares hipnotizadas y dominadas, mientras que los segundos son un fiel reflejo de los SS.

Este particular acierto en la lectura del film de Halperin, abre las puertas hacia lo que considero es el concepto del zombi actual. No se le teme al personaje ominoso y siniestro que presenta Freud con “El hombre de arena”, o Legendre y su poderosa mirada, se le teme al otro, incluso el zombi no reconoce la otredad, como lo expresa Jorge Fernández Gonzalo: “El zombi no reconoce esa desmesura del otro, o más concretamente, no conoce la otredad, y reduce a una equivalencia apetecible todo lo que sale a su paso. No es más que comida, piensa el zombi, por lo que su mirada no distingue, no recula ante la morfología del rostro humano. Es incapaz de leer el placer o el terror de su víctima” (Jorge Fernández Gonzalo, 2011: 85).

Retomando la noticia inicial que dio origen a este análisis, podemos ver que, en el ámbito de la cultura popular, el mito del zombi vino a reemplazar claramente el miedo a los viejos enemigos que alguna vez pulularon por el imaginario social con sus amenazas latentes de guerras atómicas, bacteriológicas o químicas. Esta necesidad de imaginar, o de simular un escenario (o territorio) bélico, no hizo otra cosa que instaurar la figura de un enemigo virtual en el colectivo social, dominado por las nuevas iconografías generadas en los medios de comunicación como el cine, los video juegos y en particular la televisión, ese “código genético”, para ponerlo en términos de Jean Baudrillard, que vacía de toda significación al zombi, quitándole toda referencialidad y sustancia al despojarlo de sus tradiciones ancestrales y simbología chamánica. Se puede observar claramente que el zombi ya no es visto como una manifestación producto del folclore religioso de una determinada etnia, sino como la representación simbólica de un enemigo institucionalizado, desnaturalizado y totalmente desapegado del otro y lo peor, es que puede estar en cualquiera de nosotros.

Si pensamos en aquel hipnotizador de “White Zombie”, nos daremos cuenta que esa mirada penetrante y dominante ha sido traspasada a las pantallas, a través de las distintas formas de representación audiovisuales, cuyo poder hipnótico vehiculiza la narrativa zombi expandiéndola, cual plaga, en las generaciones de jóvenes. El ejemplo más claro es el aumento de las denominadas “Zombie fest” o “Zombie walk” reuniones callejeras en donde niños y adolescentes salen en masa a copar las calles, en un fiel reflejo de la amenaza que hoy representan para el imaginario social.

Queda más que claro que al zombi se lo ha trasformado en un modelo de algo real que no tiene un origen ni una realidad, es decir en un “hiperreal”.

En una sociedad sumida en la hiperrealidad, el zombi es el enemigo perfecto en el diseño de simuladores de entrenamiento, porque es imparable, carece de una ideología definida y solo lo motiva un instinto salvaje, movido por una total deshumanización. Quizá, el efecto más interesante del fenómeno zombi de hoy, no esté en como reinterpretamos los valores dentro de la sociedad, sino en la proyección global que estos tienen. Ese efecto pandémico de un enemigo asistemático, desorganizado e impredecible, que no repara en el otro, resulta la mejor estrategia como ejercicio militar y, por lo tanto, aquella noticia que parecía ser descabellada, es perfectamente comprensible y aceptable en un mundo atravesado por una cultura que vive en un universo hecho de ficciones y apela constantemente a la simulación como la construcción de lo real.

Bibliografía consultada.

Aldegani, Emiliano Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. Ensayo sobre Filosofía zombi de Fernández Gonzalo, Jorge Año III – Núm. 6 – invierno de 2012 – www.prometeica.com.ar.
Baudrillard, Jean “Cultura y simulacro” Editorial Kairós, Barcelona, 1978 Ediciones originales: La precession des simulacres, Traverses, n° 10, fevrier 1978 L’effet Beaubourg, Editions Galilée, 1977.
Carcavilla Puey, Lorenzo Genealogía hipnótica del mito del zombi: White zombie (1932) Universidad Complutense Madrid Escritura e imagen Vol. 9 (2013).
Domínguez, Pablo Martín Cuando no quede sitio en el Infierno, los muertos caminarán sobre la Tierra. Indiana University
Fernández Gonzalo, Jorge Filosofía zombi. Primera edición. Barcelona. Anagrama. 2011.
Freud, Sigmund “Lo ominoso” trabajo original publicado en 1919 Obras completas Vol XVII Buenos Aires, Argentina Amorrotu edición año 2000.
Labra, Diego ¿Por qué fantaseamos con el apocalipsis zombie? Lo que dice de “nosotros” el éxito The Walking Dead y otras ficciones del capitalismo tardío. Universidad Nacional de La Plata Facultad de Humanidades y Ciencias de la educación.

Datos del autor.

NOMBRE Y APPELLIDO: César Arturo Humberto Heil.
FECHA DE NACIMIENTO: 09/12/1960.
LUGAR DE RESIDENCIA: Córdoba, República Argentina.
CORREOS ELECTRÓNICOS: guionic@yahoo.com , guionic@gmail.com.

PAGINAS WEBS:

http://blogs.ffyh.unc.edu.ar/suenosdeunguionista/
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