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Candyman.

2 minutos de lectura

Por César Humberto Heil.

Con el gancho de black lives matter.

Parecía que después de un fantástico estreno en 1992 y dos secuelas a cuesta de dudosa creatividad, la historia de Candyman había quedado archivada en el baúl de los recuerdos. Tuvieron que pasar más de 20 años para que el director y productor Jordan Peele decidiera desempolvar al personaje interpretado por Tony Todd y adaptar nuevamente el cuento Lo prohibido de Clive Barker para hacer una moderna y renovada versión de la película original que tan bien había dirigido el director inglés Bernard Rose.

Peele, que es autor del guion junto a Win Rosenfeld y la directora Nia DaCosta, actualiza la historia para centrarse en un mensaje orientado hacia lo político. En esta línea de alegato, el guion toma los asesinatos de afroamericanos a manos de blancos sucedidos a lo largo de años de conflictos raciales y del actual movimiento black lives matter ocurrido después de la muerte de George Floyd, para contar una historia en donde el sufrimiento negro es el eje central y Candyman, ya no es una sola persona, sino el colectivo afroamericano víctima de la violencia racial. 

En cuanto al film, debo decir que brinda una nueva perspectiva sobre el mito urbano de Candyman y su relación con el barrio Cabrini Green y lo que significó para los negros vivir allí en la década del ’70. Peele aprovecha para meterse en el mundo de arte comercial actual para hablarnos sobre cómo el sistema capitalista y deshumanizado que rodea a los círculos artísticos de Nueva York, vilipendian y relegan al arte negro.
La directora Nía DaCosta conocida por “Little Woods” (2018) realiza un interesante trabajo al incorporar sombras chinescas para narrar los sucesos ocurridos en la película de 1992 y así rescatar el espíritu de la original. 

Es muy interesante como DaCosta utiliza el fuera de campo y el distanciamiento de la cámara en las escenas de mayor violencia, evitando así el regodeo que toda muerte violenta despierta, aunque abunden los litros de sangre.
Si comparamos la película de Bernard Rose, podemos ver que no se trata de un remake sino de una actualización, ya que el guion se guarda para el final un sorpresivo giro que termina uniendo ambos films.

Candyman (2021) es un producto digno, que refresca una idea que parecía haberse agotado a finales de los ’90 y nos devuelve a ese mundo de espejos y repeticiones (Candyman, Candyman, Candyman, Candyman, Candyman) en donde ahora, el conjunto de afroamericanos muertos a manos de blancos, sale a reclamar venganza.

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