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Nadie sale vivo.

2 minutos de lectura

Por César Humberto Heil.

Nadie saldrá insatisfecho.

Nadie sale vivo, estrenada en la plataforma Netflix, es una pequeña película independiente de horror basada en la novela de Adam Nevill, el mismo de El ritual y la verdad, debo decir que me encontré con una grata sorpresa. 

El film aprovecha el tema de la inmigración mexicana para contar una historia de horror sobrenatural a la que no le falta nada. Hay fantasmas, personajes perturbados y violentos, mujeres asesinadas y una criatura ancestral que se las trae y resulta de lo mejor que he visto últimamente.

La historia se centra en el personaje de Ambar, interpretada por la actriz mexicana Cristina Rodlo que, en busca de una mejor situación económica, emigra hacia los Estados Unidos donde consigue trabajo en un taller textil clandestino. 

Por su condición de ilegal, que la pone en una situación de vulnerabilidad, toma la desacertada decisión de alquilar una habitación en una vieja casona victoriana, que se encuentra alejada de la ciudad y donde solo aceptan mujeres. Quienes regentan ese lugar son dos hermanos, Red (Marc Menchaca) y Becker (David Figlioli) los cuales arrastran un pasado oscuro que está relacionado con su padre, un investigador y coleccionista de todo lo relacionado con el mundo paranormal. 

Lo que la pobre Ambar desconoce, es que ese lugar se convertirá en un verdadero infierno que la cambiará para siempre.

Contar más sería imprudente, pero sí puedo decir que el primer largometraje del director Santiago Menghini es más de lo que cualquiera hubiera esperado de un film de horror de bajo presupuesto, como en este caso. Las virtudes están en el buen oficio de Menghini como director del género, los impecables efectos especiales en las escenas de violencia gore y la criatura espeluznante que habita en una antigua caja en una de las habitaciones de la casa.  Si vieron El ritual de David Bruckner y recuerdan la criatura del final, que ya de por sí era muy perturbadora, la que aquí se presenta es muy superior y más aterradora.

Nadie sale vivo tiene algunos puntos en común con His House, de Remmy Weeks, película inglesa en donde la inmigración africana y el horror sobrenatural se combinaban de manera perfecta.

Por un lado, está presente esta idea de formas ancestrales malignas provenientes de otras culturas y que acechan o persiguen a quienes las han convocado, y por otro, la crítica social sobre el destrato y sufrimiento al que son sometidos los inmigrantes.  Si bien la película de Menghini no alcanza el nivel de compromiso respecto del tema social que se podía ver en el film de Weeks, ambas producciones son comparables y muy disfrutables.

Nadie sale vivo, si bien no es perfecta, especialmente en algunos puntos de guion, termina siendo un muy atractivo coctel de horror en donde seguramente nadie saldrá insatisfecho.

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