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El Páramo.

4 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

La metáfora de la pandemia y sus consecuencias.

Vivir en un páramo puede ser, además de hostil y difícil, muy peligroso. En esos lugares no hay agua potable, corriente eléctrica y existen escasas posibilidades de obtener buenos cultivos debido a la sequedad de la tierra. Los páramos son zonas muy áridas y completamente despobladas, que hacen que vivir allí sea toda una odisea y más si se vive a finales del siglo XIX, rodeado de leyendas y supercherías diabólicas.

Es en este contexto que se desarrolla El páramo, nuevo lanzamiento de la plataforma Netflix. Es una producción española que marca el debut como director de David Casademunt y que se promociona como un film de terror, algo con lo que voy a discrepar y con fundadas razones.  

Si bien en una primera pasada se podría decir que El páramo pertenece al género de terror, cuando uno profundiza un poco más se da cuenta que en realidad es un profundo drama con una interesante metáfora sobre la soledad, el aislamiento, la locura y la pandemia, y todo ese universo de supersticiones, brujerías y criaturas demoníacas que acechan en las sombras solo sirve de contexto para intentar desarrollar estas temáticas.
Lucia, interpretada por la siempre dúctil Inma Cuesta, vive junto a su esposo Salvador (Roberto Álamo) y su hijo Diego (Asier Flores) en un solitario páramo. Subsisten gracias a la cría de conejos, los cuales matan para alimentarse y de alguna que otra recolección de verduras. La vida allí se muestra extremadamente dura, aunque con cierta felicidad familiar.

Pero algo parece acechar más allá de una serie de estructuras hechas con troncos similares a espantapájaros. Nadie de la familia debe aventurarse a cruzar ese límite autoimpuesto, porque la muerte puede sorprenderlos en medio del enorme desierto.

Salvador es un hombre osco, rudo, que mata conejos a palazos a pesar de que su hijo Diego no quiere ver cómo lo hace.  Carga consigo una terrible y vieja historia familiar, en donde su hermana fue victima de la “Bestia”, una criatura ancestral. Durante las noches, sentado al lado del fuego de la chimenea, suele repetirle esta historia a su hijo, a pesar de que a Lucia no le guste que la cuente, ya que aterroriza a Diego.

La historia da un giro cuando una mañana, junto al rio, Salvador y su hijo encuentran un bote de madera con un hombre dentro que está muy herido. Salvador lo lleva a su casa con el fin de ayudarlo, pero este, una vez recuperado, intenta atacar a Lucía y es asesinado por Salvador de un escopetazo.  

Salvador está convencido que debe llevar el cuerpo al poblado más cercano, para que algún familiar se haga cargo, así que decide aventurarse más allá de los límites y se va con su caballo y el muerto, a pesar de las súplicas de su esposa y su hijo.

Lucía y Diego quedan solos en ese inhóspito paraje y deben hacerse cargo de las tareas más duras. Cortar leña, matar conejos para comer y recolectar la escasa cosecha.

Con el correr de los días, Lucía empieza a alucinar y presiente que la “Bestia” está afuera para atacarlos y que quiere entrar en la casa con el propósito de devorárselos. Esta psicosis es también trasladada a su hijo Diego, que intenta seguir las ordenes de su madre. Es en este punto donde el guion juega con algunos de los aspectos que mencioné en los primeros párrafos de esta nota. 

La locura, provocada por la soledad y el aislamiento, la pérdida del jefe de familia y la bestia, como algo que casi no vemos y que nos remite indefectiblemente a la pandemia, son los elementos con los que Casademunt construye los mejores momentos del film hasta llegar al desenlace final, que deja bien en claro por qué no es un film de terror.

Con algunos defectos, como es el uso excesivo de los diálogos, que suenan poco creíbles y una incorrecta caracterización del personaje de Lucía, que en ningún momento adquiere la dimensión de una mujer del siglo XIX que debe hacerle frente a la adversidad en medio de la nada, El páramo se las ingenia para ser un producto entretenido, con el agregado de ser una interesante metáfora sobre la situación sanitaria que venimos padeciendo desde hace más de dos años.