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Directores latinoamericanos. Hoy: Arturo Ripstein.

11 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Me gustan los sobrevivientes. Los personajes marginales. Las situaciones y las escenas donde mis criaturas están al final de sus fuerzas. Y siguen y siguen y siguen.”

Arturo Ripstein.

Un artista de la marginalidad.

El cineasta mexicano Arturo Ripstein nació en México el 13 de diciembre de 1943. Desde muy joven comenzó su carrera en el cine. Se inició como actor y ayudante de dirección en varias películas. Es hijo del productor Alfredo Ripstein, quien lo familiarizó desde pequeño con la cinematografía mexicana. Según sus propias palabras, nunca pudo, ni quiso, dedicarse a otra cosa y mientras transitaba la adolescencia comenzó a definirse como realizador de cine. Por aquellos tiempos no existían escuelas de cine que le pudieran dar una formación en la materia, por lo que su aprendizaje consistió fundamentalmente en estar presente en los sets y ver filmar a viejos directores del cine mexicano y extranjeros.

Cuando tenía quince años, presenció el rodaje de Nazarín (1958) y así fue como descubrió al gran director de cine catalán Luis Buñuel, con quien desarrolló una estrecha relación maestro-alumno. Numerosas biografías aseguran que Ripstein fue asistente de dirección de Luis Buñuel en El ángel exterminador, pero Ripstein se encarga de desmentirlo en una entrevista, sin dejar de reconocer su estrecha relación e influencia que tuvo el maestro catalán en su cine.

En 1965, a los 21 años y gracias a la ayuda de su padre, dirige su primera película, Tiempo de morir, a partir de un guion escrito por Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, dos de los más reconocidos escritores latinoamericanos.

Durante los años setenta, Ripstein se consolidó como director e inició una de las etapas más fructíferas de su carrera, la cual incluye tres de las películas más importantes del cine mexicano contemporáneo: El castillo de la pureza (1972), El lugar sin límites (1977) y Cadena perpetua (1978).

En 1985, después de varias producciones no muy fructíferas en lo económico, conoció a la escritora Paz Alicia Garciadiego, quien se convertiría en su esposa y principal guionista de sus films. La incorporación a su vida y a su cine de Garciadiego, le abrió la posibilidad de expresarse sobre la soledad de las almas y la imposibilidad de cambiar la propia naturaleza, temas hoy recurrentes a lo largo de toda su filmografía. La combinación Ripstein – Garciadiego permite aludir a la teoría de la doble articulación del cine. La primera es la historia que el film cuenta, y la segunda es el relato fílmico de esa historia. La primera articulación depende del guionista y de su imaginación, la segunda corresponde al director, y es sólo entonces que podemos hablar de “estilo”, de “cine de autor”, de “originalidad” cinematográfica. La mejor combinación posible es la que junta la mejor historia concebida y la narrativa mejor realizada, fenómeno que en el caso de Ripstein ha ido repitiéndose desde 1985 en cada uno de sus films. Esto se puede apreciar particularmente en El castillo de la pureza (1972), Principio y fin (1993), La reina de la noche (1994) y Profundo carmesí (1996).

Desde entonces han trabajado juntos en la mayoría de sus largometrajes, entre los que se encuentran Mentiras piadosas (1988), La mujer del puerto (1991), Principio y fin (1993), La reina de la noche (1994), Profundo carmesí (1996), El evangelio de las maravillas (1998), El coronel no tiene quien le escriba (1999), Así es la vida (2000) y La perdición de los hombres (2000), entre otros. En todos ellos es muy difícil saber dónde empieza y dónde termina la colaboración entre director y guionista, ya que Garciadiego escribe en consulta permanente con Ripstein. No hay un ejemplo similar ni comparable en el cine de una simbiosis tan profunda y enriquecedora como la de estos dos artistas. Sobre el trabajo realizado junto con su compañero, Paz Alicia Garciadiego dijo: “Tenemos una visión del mundo similar. No es la suma de dos visiones, hay una parte de él y otra que es mía y se combinan. A los dos nos interesan las mismas historias y tenemos el mismo tono para contarlas”.

El uso frecuente del plano-secuencia se ha convertido en su herramienta principal para la puesta en escena. Esta característica, basada en la necesidad de plasmar sus historias fuertes con el mayor rigor dramático, ha hecho que sea un director controvertido. Ripstein no es un director de medias tintas, puede ser amado y odiado por muchos, pero nunca ignorado. Algunos críticos han calificado a sus films como lentos, sombríos y depresivos; y esto sin duda es así. La mirada del mundo está puesta ahí, en lugar donde más nos duele.

A Ripstein no le interesan otras cuestiones que no estén ligadas con la condición humana. Los padecimientos, las miserias y la lucha diaria por sobrevivir en una sociedad caníbal que devora a sus propios miembros, son elementos que Ripstein maneja con perfección de cirujano. Su cine, es en alguna medida, la metáfora de una Latinoamérica desangrada por reiterados procesos de devastación foráneos, que dejaron su marcan en la desigualdad social y la falta de inclusión de grandes sectores populares.

En las películas de Ripstein se vislumbra un estilo propio, personal e intransferible, que se ve materializado en las constantes obsesiones que componen un conjunto de rasgos que son en definitiva los que lo identifican como un creador de pesadillas cotidianas. Sus diversas historias mantienen fuertes puntos de unión entre todas ellas y han ido poco a poco configurando la huella de una construcción mayor que es, en definitiva, la visión de un artista. Así, en el cine de Ripstein, la historia y la forma precisa de contarla, el qué y el cómo, se implican y determinan mutuamente y son por tanto indivisibles.

Para Arturo Ripstein la naturaleza de su cine está en transformar en imágenes en movimiento, lo que inicialmente fue concebido como verbo-palabra, es decir, hacer visual lo que es verbal. La idea, que bien puede resumir las búsquedas estéticas y narrativas del autor, denota, además, el camino que sigue todo su proceso de creación. Si el lenguaje estructura el pensamiento y por tanto conforma el concepto del mundo, el lenguaje fílmico de Ripstein será la expresión esencial de su forma de ver y concebir ese mundo.

Su relación con la literatura.

Se podría decir que antes de ser director de cine, Ripstein es un fervoroso lector, lo que lo ha llevado a tener una relación muy particular entre cine y literatura al punto de utilizar destacadas novelas o trabajar con reconocidos autores. Ripstein tiene en su mirada la pasión de hacer cine con la capacidad de disfrutar siempre de una buena novela. Va de las novelas al cine y a cada regreso aporta una nueva lectura cinematográfica de la literatura y una visión literaria distinta de las películas. Va de Conrad a Rulfo, de Leñero a Austen, de Nabokov a García Márquez y de Flaubert a Paz Alicia Garciadiego.

Tres años después de su debut como director, dirige Los recuerdos del porvenir, sobre la novela de Elena Garro. Su primera película internacional es Foxtrot (1975) con el escritor H.A.L. Craig, a la que siguen una serie de adaptaciones brillantes. Esta primera etapa de la trayectoria de Arturo Ripstein estuvo marcada por la filmación de guiones de autores como José Emilio Pacheco, El castillo de la pureza (1972), José Donoso, El lugar sin límites (1977), La seducción (1979) en colaboración con Carlos Castañón, Manuel Puig, El otro (1984), Vicente Leñero, El Evangelio de las Maravillas (1998) que culminan en El imperio de la fortuna (1985), brillante adaptación de Juan Rulfo, con la que logra un éxito internacional que aumenta posteriormente con Principio y fin (1993), adaptación de la novela del egipcio Naguib Mahfuz y El Coronel no tiene quien le escriba (1999) sobre la novela de Gabriel García Márquez, Así es la vida (2000) donde toma la obra teatral Medea de Erúpides para reelaborar el mito y Carnaval de Sodoma (2006) sobre la novela de Pedro Antonio Valdez.

Su film Las razones del corazón (2011) es una versión libre de la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert. Abarca los capítulos que van desde la debacle física y espiritual de Emma Bovary hasta su suicidio, y surge del interés en trabajar sobre el recuerdo, sin hacerlo minuciosamente sobre el texto. Amada y compadecida por diversas generaciones desde que Gustave Flaubert la diera a conocer por entregas en la Revue de Paris en 1865, la figura de Emma Bovary se antoja tan rica como contradictoria. Su vida y su actitud quieren ser de vanguardia y compendio de la liberación de la mujer y la conquista del placer femenino, pero al mismo tiempo su esclavitud a las pasiones no le permite romper esa dependencia y sumisión respecto a los hombres. Esta imposible convivencia es la que expresa Las razones del corazón con admirable sutileza, manifiesta en la gran interpretación de Arcelia Ramírez y en un guion que hace brillar las paradojas del amor.

Es interesante hablar de Tiempo de morir, su primera película realizada en 1965 a partir de un guion de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, porque de alguna manera muestra algunos aspectos que se irán repitiendo a lo largo de toda la obra del autor. Tiempo de morir sorprende, además, por la claridad con que, a pesar de sus 21 años, expone ciertos contenidos complejos y por tener una factura formal de excelente nivel técnico. Desarrollada como western, Tiempo de morir rompe con el modelo del héroe norteamericano muy utilizado por el género en films de John Ford (1894–1973) o Henry Hathaway (1898–1985), para elaborar la figura del antihéroe, aquel que ya ha pagado su deuda con la sociedad, que lo ha perdido todo y que solo quiere vivir en paz.

El film cuenta la historia de Juan Sayago, que sale de la cárcel tras 18 años de encierro sólo para enfrentarse a la venganza de los hermanos Trueba, hijos del hombre que él mató. Los intentos de Sayago por construir una nueva vida en paz son en vano. Luego de soportar pacientemente las provocaciones del mayor de los hermanos, a Sayago no le queda otra que enfrentarse a él en duelo y lo mata. El más joven, que sin saber quién es, ha hecho de Sayago una especie de maestro y padre a la vez, se ve obligado a matarlo por la espalda.

Utilizando la tragedia, un género que le es afín y con el que se siente más que cómodo, Ripstein construye una historia en donde el destino aparece como una fuerza suprema, fatal, que es imposible eludir o cambiar (características principales de la tragedia) La metáfora del encierro, aun dentro de ámbitos abiertos, la cárcel es la garantía de vida para Sayago mientras que la libertad, es enfrentarse a su inexorable destino, y está constantemente presente a lo largo del filme.

El manejo de cómo va armando paralelamente una trama que cierra y ata los todos cabos sueltos entre personajes y circunstancias es verdaderamente importante de destacar. Vasta citar algunas partes del film como para entender lo que se está diciendo: Sayago asume el papel del padre que él mató para el joven Trueba; la cruz frente a la que vemos por primera vez sobre el rostro de Sayago es donde morirá; Trueba padre supuestamente fue muerto por la espalda y por la espalda Sayago será asesinado. Como vemos, piezas de un rompecabezas que terminan encajando a la perfección.

Con tan solo 21 años, Ripstein, lejos de buscar la seguridad en una resolución convencional, decide tomar los riesgos como los hace un vaquero cuando se monta en un toro salvaje y se larga a manejar la narración con una fuerte predominancia de planos-secuencia muy largos y una cámara muy móvil, la cual está perfectamente empelada porque establece con rigor narrativo los puntos de vista de los personajes.

“Un ejemplo es la difícil escena en que Sayago, a pie, es atacado por Trueba a caballo. La cámara sigue a los personajes en la acción mientras va armando alrededor de ellos una imbricada red con diferentes objetos que define su espacio y capta su sensación de confinamiento incluso en lugares abiertos”.

Guillermo Granillo.

Es oportuno hablar de uno de los films más emblemáticos en la filmografía de Ripstein, como es Profundo Carmesí y hacer una comparación con su primera película Tiempo de Morir. Aquí Arturo Ripstein confirma la madurez plena de su arte y vuelve a asombrar a quienes conocen su cine. Basada en hechos reales, Profundo Carmesí es una cruenta historia de amor y muerte anudada por el destino: Coral Fabre, una enfermera obesa, y el gigoló Nicolás Estrella, encontrarán juntos la mitad oscura que les complementa, y sólo unidos por una patológica atracción podrán cumplir su sangrienta trayectoria.

El film, planteado como una road movie, muestra nuevamente las visiones de un mundo desolado y sin salida: la fuerza desatada de la pasión amorosa incuba su propia destrucción. El encierro vuelve otra vez sobre Ripstein como una circular obsesión. Los amantes están encerrados en sus propias limitaciones: su imposibilidad de amar por fuera de lo patológico. La tragedia vuelve a ser el género utilizado y tanto en Tiempo de morir como en Profundo carmesí, los personajes se ahogan en las turbias aguas de los antihéroes.

Con un humor negro y retorcido, las andanzas de Coral y Nicolás se convierten en una carretera sin regreso, que sólo puede conducir a un sitio, el de la muerte. El reflejo de sus cuerpos encerrados en un charco de agua oscura y espesa como la sangre es la más poderosa metáfora con la que se cierra el círculo.

Entre sus últimos largometrajes podemos encontrar La calle de la amargura (2015) y El diablo entre las piernas (2019), ambos films rodados en blanco y negro. También incursionó en las series documentales para televisión con Noctámbulos, historia de una noche (2017) y Maestros olvidados, oficios que sobreviven (2018).

Conclusión.

Se puede decir que Arturo Ripstein es hoy uno de los grandes realizadores del cine latinoamericano actual, su trayectoria como cineasta trasciende las fronteras de lo formal para imponer un estilo único, en el que tragedia y melodrama se alternan, incluso se combinan para dar forma a un mundo opresivo, cargado de personajes torturados y enfrentados a su cruel destino.

En sus más de treinta años de quehacer cinematográfico, Ripstein ha conseguido un dominio virtuoso del oficio, al tiempo que ha depurado y pulido su estilo; sus películas, salvo contadas excepciones, hablan de lo que realmente le importa. Una y otra vez, aunque lo que refiere cada cinta sea diverso, reaparecen las mismas imágenes, las mismas visiones.

Biografía.

Arturo Ripstein: la construcción sin fin, Susana López Aranda.
Las razones del corazón, de Arturo Ripstein. Hasta los confines de la desgracia, Gabriela Ragonese.
Entrevista con Arturo Ripstein. Ripstein y su carnaval de Sodoma, Martín Bustamante. Paranaguá, Paulo Antonio. Arturo Ripstein. Madrid, Cátedra / Filmoteca Española, 1997. P. 8. Así es la vida, de Arturo Ripstein. Una “nueva escritura” sobre Medea de Séneca, por Araceli Mariel Arreche.

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