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La ira de Dios.

3 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

La ira de Dios, del director argentino Sebastián Schindel (El patrón) demuestra el axioma que explica que por más que se tenga un buen director y una novela exitosa, si se parte de un mal guion las cosas pueden terminar mal, en especial si a eso le sumamos unas interpretaciones de mediocres a malas.

El film protagonizado por Diego Peretti, Macarena Achaga y Juan Minujín, es una suerte de thriller psicológico sobre la obsesión de Lucia Blanco (Achaga) con Kloster (Peretti), un exitoso escritor de novelas policiales a quien ella acusa de ser el causante de la muerte de varios miembros de su familia y, como nadie le cree, recurre al periodista Esteban Rey (Minujín) para que la ayude a publicar un artículo con su historia.

Contada en varios tiempos, el film escrito por el propio Shindel y Pablo Del Teso y basado la novela La lenta muerte de Lucia B, de Guillermo Martínez, intenta llevar el misterio y la intriga como un rompecabezas, pero constantemente cae en aclaraciones innecesarias, que lo único que hacen es demostrar la falta de ingenio y resolución de la trama con relación a la novela original.

A esto hay que sumarle las flojas actuaciones de Diego Peretti, quien en su interpretación se parece más al pastor Vázquez de El reino que a Emilio Ravenna, de Los simuladores, y Macarena Achaga, quien carece de los matices suficientes para sostener a un personaje protagónico, que en un periodo de diez años ha perdido a sus padres y dos de sus hermanos en distintas circunstancias.

Juan Minujín hace lo que puede para sostener a un periodista y escritor que tiene una deuda pendiente con Kloster, y que se involucra en la teoría de Lucia como una forma de vengarse de algunas cuestiones del pasado.

Cargada de clichés del género como son los cigarrillos, el wiski, la lluvia y el piloto largo, La ira de Dios hace referencia al texto bíblico sobre la ley del Talión y cuál debe ser la reparación de un daño ocasionado por otro. La búsqueda de un sentido de equidad e igualdad y de una tasación justa es la principal idea que desarrolla el film, pero al ser tan reiterativo en este sentido, termina quitándole gran parte de la intriga. Por otro lado, hay un intento de hacer un juicio moral sobre las acciones que derivan en desenlaces trágicos, pero sin la profundidad suficiente que uno esperaba.

Schindel demuestra su solvencia como director, pero con eso solo no alcanza. Si bien la película entretiene, uno imaginaba que iba a ver más, en especial después de ese prometedor arranque en donde Kloster está presentando su última novela y Rey le dice al oído: “Es por Valentina” y le aclara que “si no quiere un escándalo, va a ser mejor que suba a verla”, pero todo se va derrumbando, casi como una analogía de la vida de los personajes que, motivados por un ancestral instinto de venganza, arruinan sus vidas.

En definitiva, La ira de Dios si bien no es una mala película y se puede ver sin inconvenientes, carece del suspenso y la intriga necesaria en este tipo de historias y todo termina siendo muy previsible, cuando en realidad se podía haber trabajado la ambigüedad entre si Lucia es una mujer insana mentalmente y todo es fruto de su imaginación, o si Kloster es un frio y calculador asesino, algo que aquí no ocurre.

Calificación: Regular.

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