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Crítica: Dog: un viaje salvaje.

5 minutos de lectura

Por Daniel López Pacha.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Dog (Dog: un viaje salvaje), es una película de comedia dramática dirigida y producida por Channing Tatum y Reid Carolin, ambos debutantes en la dirección.

Con guion de Reid Carolin y Brett Rodríguez, fotografía de Newton Thomas Sigel, música de Thomas Newman y montaje a cargo de Leslie Jones. Fue producida por Metro-Goldwyn-Mayer y distribuida por United Artists. Su filmación se llevó a cabo en Lancaster, California, USA.

Protagonizada por Channing Tatum (Jackson Briggs), Jane Adams (Tamara), Kevin Nash (Gus), Q’orianka Kilcher (Niki), Ethan Suplee (Noé), Emmy Raver-Lampman (Bella), Nicole LaLiberté (Zoe); Zuza, Britta, Lana 5 (Lulu).

Sinopsis: Jackson Briggs es un ranger del ejército de EE.UU que se encuentra fuera de servicio, debido a un traumatismo craneal que ha sufrido en combate y vive frecuentando trabajos temporales suplicando a las fuerzas armadas que lo reincorporen en el cuerpo. Un antiguo compañero de batalla de Briggs se quita la vida, y deja atrás a una perra de guerra belga malinois del pelotón de combate llamada Lulu, que está asustada y traumatizada por la pérdida de su compañero. Briggs verá en esta ocasión una oportunidad, ya que el ejército le asegura su vuelta al ruedo si cumple una misión. Debe desplazar a Lulu dos mil kilómetros, desde la Base de la Fuerza Aérea McChord en Washington hasta Nogales, Arizona, para que asista al funeral de su dueño y como acto seguido debe sacrificarla. Es ahí donde comienza una historia de amistad de dos valientes que tienen que lidiar con sus traumas y demonios para seguir hacia delante.

El actor Channing Tatum estaba buscando desde hace tiempo una película con la que poder debutar en la dirección. No tenía que ser una cualquiera, sino una que a él le resultara verdaderamente especial. Y esa película llegó, dio un paso importante con un proyecto radicalmente opuesto, Dog: Un viaje salvaje, un drama de corte intimista sobre dos rangers, uno humano y otro cánido, que deben emprender un viaje para llegar al funeral del amigo de ambos. Esa elección sorprendería a más de uno y más si observamos los esfuerzos del actor por desprenderse de los encasillamientos que marcaron su carrera por tantos años. La decisión no fue tan complicada para el actor, quien se identificó plenamente con el proyecto tras una dolorosa experiencia con su propia perra, Lulu, su amada mezcla de pit bull y Catahoula quien falleciera tras ser diagnosticada con cáncer, pero no antes de que ambos emprendieran un viaje por carretera que fue dominado por el amor, la aceptación y la resignación.

En una entrevista para Yahoo! Entertainment dijo: “Al desarrollarla y realmente hablar sobre lo que significan los perros, específicamente para mí, o para los soldados, o para cualquiera en realidad, principalmente llegamos a esta palabra: rendición. Y eso era para mí realmente lo que tenía que aprender. Cuando hice mi último viaje por carretera con mi cachorro, experimenté esa sensación de que no hay nada que pueda hacer. No queda nada por hacer. Sólo tienes que aceptarlo y estar agradecido por el tiempo que tuviste y saber que no se supone que estén aquí para siempre. Se supone que debo continuar y ella tiene que irse a otro lugar.”

Jackson, mientras aprende a domar a la perra belga malinois, también va descubriendo conexiones del pasado de este y su dueño, tanto en persona como a través de un cuaderno extenso y muy detallado que llevaba el ranger fallecido. Esto va creando una paleta de situaciones divertidas y de muchos enredos, pero también hay un reflejo de los propios problemas del protagonista, sobre lo que trata realmente el film, como así también un estudio de los efectos del estrés postraumático en militares y cómo se ha convertido en un problema social en los Estados Unidos.

El protagonista tiene migrañas y dolencias causadas por lesiones físicas en la batalla, pero el film nunca se mete directamente con los problemas comunes en los soldados. En cambio, va dejando ver el resultado de su ansiedad y el aislamiento social. Tiene bromas y situaciones divertidas, pero siempre está presente el dolor y los desafíos de la vida posterior al combate, para dos soldados heridos que se van tomando las medidas y van aprendiendo a confiar el uno en el otro, en una preciosa simbiosis tratada con muy buen pulso y la emoción siempre contenida. Dog tiene una fotografía sorprendentemente hermosa, que ayuda a su tono de bienestar en la carretera, unos atardeceres dulces, destellos del sol en bonitas tomas que parecen de postal de la campiña occidental al ritmo de canciones clásicas, de country y rock, que van generando un inconfundible sabor a reivindicación tipo americana sin disimulo, al estilo de las road movies de los ’70. Pero, muy en lo profundo, se refiere a estos dos soldados que se lamen las heridas mutuamente, sin que eso resulte en recurrir a la lágrima fácil, conmovedora y sincera.

Es una road movie ligera y entretenida, en la que Channing Tatum acierta en lo que le sale más fácil, el papel de tipo duro, pero a la vez carismático. Tanto la dirección y puesta en escena de Tatum y Carolin es muy modesta, casi imperceptible a los ojos, pero hay un móvil, los ánimos están puestos en transferir una emoción genuina e ir mostrando la verdad que se esconde bajo el relato. Hay en sí, un gran ejercicio de cuestionar los elementos propios de varios subgéneros como las rom-coms, las buddie movies o las road movies, pero sustituyendo a uno de los compañeros/pareja de ese tipo de películas por un animal, aportando originalidad y frescura a la propuesta.

Se va moviendo entre el drama y la comedia de forma sutil, va creando diversos contrastes entre la dura situación de sus dos protagonistas mediante secuencias cargadas de emoción y otros momentos cómicos que van articulados en base a gags muy físicos, como persecuciones o incluso un secuestro. Ambas formas se funden trazando una relación de amistad bien escrita desde el guion, que se siente muy verdadera y fluye correctamente.

En marzo de 2020, Tatum escribía en un tweet lo siguiente: “Hace menos de un año volví de un viaje en el cual me tuve que despedir de mi mejor amiga. Ahora, estoy haciendo una película inspirada en ella”. Más tarde, en una entrevista para la revista People durante la promoción de Dog, se sinceró: “Cerca de su final, llevé a Lulu a un viaje de carretera por el Big Sur, acampamos y pasamos sus últimos días juntos viendo cada amanecer. Fue tan emocionante como se pueden imaginar”.

En definitiva, Dog: un viaje salvaje es el claro ejemplo de que el cine puede funcionar como motor de los sentimientos. Si ponemos los elementos cinematográficos a disposición de la emoción, podemos encontrar proyectos como este. Sin necesidad de ser una obra maestra, nos acompañará para siempre al abandonar la sala.

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