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Crítica: Crímenes del futuro.

3 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Crímenes del futuro, nueva película del director canadiense David Cronenberg, que no filmaba desde 2014 con Mapa de las estrellas, se había anticipado como una de las más provocativas y revulsivas de su carrera, al punto que en una de las entrevistas con motivo de la presentación de la película en el Festival de Cannes, el cineasta expresó: “Estoy seguro de que habrá gente que saldrá de las salas a los 5 minutos. Espero salidas en Cannes y eso es algo muy especial”.

Lo cierto es que nada de eso ocurrió y, si bien Crímenes del futuro es una película perturbadora, no va más allá que otros de sus films, como Videodrome (1983), Crash (1996) o eXistenZ (1999).

En un mundo futuro, los seres humanos están experimentando mutaciones evolutivas que le provocan la formación de nuevos órganos, de los cuales se desconocen sus funciones dentro del cuerpo, e incluso a algunas personas les ha desaparecido el umbral del dolor. Es en este extraño contexto de cambios orgánicos, donde Saúl Tenser (Viggo Mortensen) un artista performático realiza espectáculos públicos junto a su compañera Caprice (Lea Sedoux) como una forma de mostrar su arte. Estas manifestaciones artísticas van desde operaciones en vivo con extracciones de los nuevos órganos, hasta cortes en distintas partes del cuerpo.

Paralelamente, Lang Dotrice (Scott Speedman) que mantiene el cuerpo de su hijo asesinado por su propia madre por considerarlo una criatura abominable que podía comerse cualquier tipo de objetos o materiales, se cruza con Tenser y le ofrece realizar una autopsia en vivo con el cuerpo de su hijo, ya que quiere saber qué hay dentro de su cuerpo. Caprice se ve fascinada con esta idea y decide hacer la autopsia como parte de una performance.

Crímenes del futuro no es de lo mejor de Cronenberg y su mayor problema está en su enredado guion, el cual deja demasiadas líneas argumentales abiertas como son los asesinatos cometidos por Berst (Tanaya Beatty) y Router (Nadia Litz) los cuales no tienen ninguna justificación e incluso algunas escenas son realmente innecesarias, como las de la “Oficina de registro de nuevos órganos”, en donde una deslucida Kristen Stewart interpreta a Timlim, una asistente de Wippet (Don MacKellar) y que la verdad aportan muy poco a la trama central.

Con la aparatología característica de Cronenberg, esa que mezcla lo animal con la maquina y que recuerda a films como eXistenZ o The naked lunch, Crímenes del futuro intenta ser una reflexión sobre las modificaciones corporales y pone la metáfora en que todo cambio, ya sea físico o artístico, debe ser desde adentro. Por otro lado, Cronenberg vuelve a jugar con la relación entre dolor y placer sexual como lo había hecho en Crash.

También se puede apreciar una visión personal del director sobre enfermedades degenerativas como la ELA, ya que por momentos Saul Tenser actúa como un verdadero enfermo al no poder tragar la comida por un tumor que crece en su garganta, idea que se ve reforzada en la última escena del film.

Crímenes del futuro no provoca demasiado como se había anunciado y resulta un producto irregular en la carrera de este fantástico director que, a esta altura de su carrera, parece pecar de cierta arrogancia al meterse en terrenos tan extraños en los cuales no puede hacer buen pie. Esperemos que su próxima película sea una historia que no deje tantos cabos sueltos.

Calificación: Regular.

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