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La princesa prometida.

2 minutos de lectura

Por Jorge Marchisio.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Si hay un género que últimamente está casi desaparecido del cine actual, es el de la aventura clásica. Aquellos héroes que tenían que viajar a un lugar remoto, encontrar una reliquia perdida y en el proceso salvar a una damisela en peligro, ya casi ni se ven. Por eso cada tanto viene bien volver a ver algún clásico para recordar por qué estas experiencias audiovisuales suelen ser tan entretenidas. Y hoy queremos hablarles de una de ella, La princesa prometida.

La estructura de la película es bastante simple, porque es de esas donde la historia general, está presentada dentro de otra historia; esta vez, en la figura de un abuelo que le lee un libro a su nieto enfermo. En dicha narración, vemos cómo una joven terrateniente enamorada de uno de sus empleados, es obligada a casarse con el rey de la zona, por lo que su amado se pone en la empresa de rescatarla.

Como dijimos, si no fuera por lo de la narración dentro de la narración, estamos ante una película de aventura clásica, donde nuestro héroe tiene que rescatar a su interés amoroso, ayudado de amigos que va haciendo en el viaje. Y es en el carisma que desprenden todos estos personajes en donde se apoya La princesa prometida, y el motivo por el cual trascendió a lo largo de los años.

Tenemos de ejemplo a Fezzik interpretado por André el Gigante, alguien proveniente de la lucha libre, y que, debido a su tamaño, interpreta al grandulón de pocas luces, pero buen corazón que conoce a nuestros protagonistas. Personaje cliché pero que cumple. Pero quien se lleva todas las miradas es Iñigo Montoya. Y no lo decimos por la buena actuación de Mandy Patinkin, o por su destreza con la espada; sino por esa frase que ya es parte del cine, como la de ”Hola, mi nombre es Iñigo Montoya, mataste a mi padre, prepárate para morir”. Levante la mano aquel que no la haya recitado jugando con sus amigos.

Quizás el mayor defecto que le podríamos encontrar, es que si el publico actual la ve, por ahí se les hace un poco simplona o incluso en extremo infantil. Pero sería cuestión de ponerse un poco en perspectiva y entender que esta película fue estrenada en 1987, y la forma de contar historias era muy distinta a la actual.

En conclusión, La princesa prometida fue ganando el mote de film de culto con el paso de los años, y revisándola después de mucho tiempo, puedo asegurarles que lo tiene bien merecido.

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