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Directores controvertidos | Hoy: Takashi Miike.

13 minutos de lectura

Por Daniel López Pacha.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

“Este alambre puede cortar carne y huesos con suma facilidad”.

(Asami, en Audition)

Takashi Miike nació en Yao, Prefectura de Osaka, 24 de agosto de 1960). Es un director de cine japonés, muy prolífico y controvertido. Se graduó de la Academia de Artes Visuales de Yokohama. Dirigió más de cien producciones teatrales, películas y programas televisivos desde 1991. Entre los años 2001 y 2002, Miike dirigió quince producciones. Miike es reconocido por ser un director de cine cuyas películas cubren una gran variedad de diferentes géneros, que van desde lo violento y extraño hasta películas dramáticas y familiares. Es considerado una figura controversial en la industria contemporánea del cine japonés, y es conocido también por su estrecha amistad con Sion Sono (Poeta y director).

Sus películas más conocidas son la trilogía de acción y suspenso Dead or Alive (1999), Sangre Yakuza (2000) y Duelo Final (2002); el controvertido film de cine gore Ichi, The Killer (2001), la comedia de terror Gozu (2003); el exitoso drama-horror One Missed Call (2003) y la polémica y aclamada película de culto Audition (1999), así como Graveyard Of Honor (2002), Hara-kiri (2011) y 13 Assassins (2010).

En la ciudad de Yao, a las afueras de Osaka, era muy común crecer entre miembros de la mafia yakuza, donde eran los vecinos, los amigos, era la gente con la se convivía, la clase obrera, un sector poblado por inmigrantes, en su mayoría coreanos. El entorno en el que crecía Miike daba pocas opciones para un futuro lejos de pertenecer a los yakuza, pero él se encontró con el motociclismo, pasión que entre carreras y accidentes, le arrebató para siempre a más de un amigo. “Solo después de un accidente sientes miedo y el sentido del peligro de lo que estás haciendo, tal vez porque éramos muy jóvenes, solo una semana después ya nos hacían falta las carreras; cuando volvía a mi motocicleta en esas ocasiones era doblemente emocionante, más de lo normal…”, cuenta Takashi en el libro Agitator (2006), de Tom Mess. “Al ver las destrezas de otros chicos del barrio comprendí que no lograría mucho como piloto, pensé entonces en ser mecánico y pertenecer a un equipo profesional, pero esto me implicaba estudiar, en particular, matemáticas y física, lo que lo cuestionaba, pues nunca fui un buen estudiante; la otra opción era entrar a la mafia yakuza, pero, igualmente, el oficio del gánster implicaba un gran sacrificio, cosa que no me convenció”.

Esto de guiarse por el menor esfuerzo lo llevó al lugar en el que se formaría como director, esta vez con algo más que pequeños sacrificios, y se encontró con extenuantes jornadas de trabajo. Cuando tenía 18 años y mientras estaba en Osaka, escuchó un anuncio en la radio que lo llevó a Yokohama, donde promocionaban cupos para ingresar a la escuela de cine, en la cual no requería exámenes de admisión, lo que fue música para sus oídos y la perfecta oportunidad para alejarse de su familia y salir del denso aire de Yao, que no le prometía un buen futuro.

Como se esperaba, tampoco se interesó mucho en los estudios. Como tenía un empleo de medio tiempo en un club nocturno para juntar dinero, era poco lo que asistía a clase, y su ausentismo fue como un golpe de suerte. Se le presentó una gran oportunidad: el director de cine Imamura Shohei buscaba estudiantes que trabajaran gratis como asistentes de dirección, y como sus compañeros de clase estaban lo suficientemente ocupados en sus proyectos como para aceptar un trabajo que no era pago, sin pensarlo mucho, aceptó. Estuvo diez años trabajando en diferentes proyectos para televisión, junto a reconocidos directores de cine, como Toshio Masuda, Shuji Goto o Kazuo Kuroki. Aprendió el oficio pasando largas jornadas en los estudios y lentamente fue escalando de tercer a primer asistente de dirección. Este logro llegó recién en 1991, con el director Hideo Onchi, en la producción de la película Shimanto-gawa, su último trabajo en calidad de asistente. En los años ochenta, Japón se encontraba en un crecimiento económico importante luego de la Segunda Guerra Mundial, en donde los grandes inversionistas vieron en el V-cinema un estupendo negocio, ya que el formato para video era de bajo presupuesto y eran buenas las ganancias. Las producciones se enfocaban más en temas de acción con toques de sexo y comedia, y esto permitía una mayor libertad de producción y menos censura. Por lo lucrativo que prometía el nuevo formato, las productoras ofrecían oportunidades a nuevos directores, y este sería el lugar perfecto para que Takashi Miike cultivara su carrera como director y explotara su talento y la particular forma de expresar sus ideas cinematográficas. En 1991, dirigió Eyecatch Junction y Lady Hunter: Prelude to murder, producciones donde se vislumbra no solo el rasgo de la ultraviolencia, sino lo prolífico que podría llegar a ser. Eran los primeros pasos de uno de los directores más polémicos, no solo para el cine japonés, sino para el cine mundial.

Miike actualmente dirige producciones de V-Cinema intermitentemente, debido a la libertad creativa que da la baja censura del medio y la permisividad de los productores con cintas arriesgadas.

Según se cree, el debut teatral de Miike fue con Shinjuku Triad Society (1995), pero su película Daisan no gokudô (1995) había estado en los cines algunos meses antes. Pero el primer lanzamiento teatral que ganó atención pública, fue el de Shinjuku Triad Society (1995), en la cual mostraba su estilo extremo y los temas recurrentes en sus producciones. Esto le dio la libertad de trabajar en películas con presupuesto más alto. Shinjuku Triad Society fue la primera película de lo que se conoce como su Trilogía de la sociedad negra, que también incluye Rainy Dog (1997) y Ley Lines (1999). La gran popularidad le llegó en 2000 con la película romántica de terror Audition (1999). Luego de eso, fue ganando seguidores de culto en occidente, que han aumentado con los lanzamientos en DVD de sus trabajos.

La mayoría de las películas de Miike han sido objeto de escrutinio debido a su fuerte violencia. Su película de terror de 2001, Ichi the Killer, que fue adaptada de un manga homónimo y protagonizada por Tadanobu Asano en el papel de un yakuza sadomasoquista, fue muy controvertida. Durante su estreno internacional en el Festival Internacional de Cine de Toronto en 2001, el público recibió “bolsas para el vómito” con el logotipo de la película como un truco promocional. La British Board of Film Classification le negó permitir el estreno de la película sin cortes en el Reino Unido, aduciendo sus niveles extremos de violencia sexual hacia las mujeres, y a la película se le recortó 3 minutos y 15 segundos obligatorios para que se pudiera estrenar. En Hong Kong, se recortó 16 minutos y 59 segundos de metraje. Ichi the Killer también fue prohibida en Noruega, Alemania y Malasia.

Durante el 2005, Miike fue invitado a dirigir un episodio de la serie antológica Masters of Horror, de Mick Garris. En la serie, que incluía episodios de directores de terror consagrados como John Carpenter, Tobe Hooper y Dario Argento, debía proporcionar a los directores una “relativa” libertad creativa y relajar las restricciones sobre el contenido violento y sexual. No obstante, cuando la cadena de cable Showtime compró los derechos de la serie, el episodio de Miike, Imprint (2006) episodio 13 de la temporada 1, fue considerado excesivamente perturbador para la cadena. En el film Komomo (Michié) es torturada salvajemente, desde quemarle las axilas, hasta insertarle agujas en las encías y debajo de las uñas. En otro momento, su protagonista, Christopher (Billy Drago) debe comer de un balde unos fetos que se encuentran dentro, tomando el mismo y cantándole una canción de cuna. Showtime no tuvo más remedio que cancelarlo de su programación, incluso después de largas negociaciones, aunque se mantuvo como parte del lanzamiento de la serie en DVD. El director y productor Mick Garris, creador y productor ejecutivo de la serie, describió el episodio como “increíble, pero difícil incluso para mí de ver, definitivamente la película más perturbadora que he visto”. Imprint aún no se ha emitido en Estados Unidos, sí lo ha hecho en Bravo, en el Reino Unido, en FX en México, Sudamérica y Centroamérica, República Dominicana, Francia, Israel, Turquía, en Nelonen en Finlandia y en Rai 3 en Italia. Anchor Bay Entertainment, que ha sido el encargado de los lanzamientos en DVD de la serie Masters of Horror en Estados Unidos, lanzó Imprint sin cortes, en DVD Región 1, el 26 de septiembre de 2006.

Miike alcanzó notoriedad por ser transgresor y representar escenas impactantes de extrema violencia y perversiones sexuales. Muchas de sus películas contienen derramamiento de sangre muy gráfico y espeluznante, frecuentemente retratando de una manera exagerada y caricaturesca. Parte de su trabajo describe las actividades de los criminales “especialmente yakuza” o se relaciona con “gaijin”, no japoneses o extranjeros que viven en Japón. Conocido por su oscuro sentido del humor y por empujar los límites de la censura hasta donde sea posible, Miike ha dirigido películas de una gran variedad de géneros. Creó alegres películas infantiles como Ninja Kids! (2011) y The Great Yokai War (2005), de época, como Sabu, (2002), la road movie The Bird People in China (1998), un drama adolescente como Andromedia (1998), una farsa de comedia musical y terror, La felicidad de los Katakuris (2002), adaptaciones de videojuegos como Like a Dragon (2007) y Ace Attorney (2012) y dramas criminales basados en personajes: Ley Lines, (1999) y Agitator (2001).

Si bien Miike normalmente crea películas que son menos accesibles y se dirigen a audiencias de autor y fanáticos del cine extremo, como Izo (2004) y el segmento “Box” en Three… Extremes (2004), ha creado varios títulos convencionales y comerciales, como la película de terror One Missed Call (2004) y el drama de fantasía The Great Yokai War (2005). Takashi Miike ha citado a Starship Troopers como su película favorita. Y también expresó su admiración por los directores Akira Kurosawa, Hideo Gosha, David Lynch, David Cronenberg y Paul Verhoeven. En el año 2005, Takashi Miike dirigió una obra de estilo Kabuki titulada Demon Pond, y la grabación en DVD de la actuación fue lanzada por Cinema Epoch.

En cuanto a lo artístico que se ve en sus películas, se hace visible la fuerte influencia de la narrativa gráfica de la historieta japonesa, la cual ha trabajado con Hideo Yamamoto, como también la fuerza de su historia que refleja el peso del contexto en el que creció. Una infancia que vio, en primera fila, la cotidianidad del actuar de la mafia Yakuza, un entorno cultural con una identidad ambigua, donde sentía que su forma de ver el mundo no encajaba del todo en la sociedad en la que vivía, y sumado a un padre que, por oficio, era soldador y, por diversión, apostador y bebedor. Estas fueron situaciones que forjaron su estilo de cine tan diverso como único.

En cierta medida, sus películas tienen un alto contenido de violencia y de sexualidad perturbadora que raya el límite moral. Algunas de sus producciones usan un lenguaje cinematográfico no convencional y es esto lo que hace de él un cineasta para un público especifico. Tartan Asia Extreme fue, por muchos años, el principal distribuidor en Europa y Estados Unidos del cine alternativo del Este Asiático, pero la representación tan explícita de la violencia o ultraviolencia le costó a Miike la censura y varios cortes en sus producciones antes de ser lanzadas en el Reino Unido por parte del Consejo Británico de Clasificación de Películas.

Se encuentran en abundancia sus detractores y hasta lo han considerado enfermo, loco, porque tiñe de rojo las pantallas, donde no solo ruedan cabezas, se mutilan pies, brazos, manos; además, tiene una particular forma de representar la sexualidad, en donde linda la provocación y la aberración, lo cual es un festival de violencia extrema y sadismo para el espectador. Takashi Miike argumenta que la violencia en sus películas no toma lugar en la pantalla, sino que habita en la cabeza de quienes ven sus films, es el público quien crea y decide la intensidad y la severidad de las escenas, por lo tanto, si existe un fuerte choque frente a las imágenes, esto se produce por su propia imaginación. Así, entonces, el director pone en jaque a la audiencia para que asuma una posición crítica sobre las imágenes mostradas.

No solo es la violencia la base de su cine, aunque tiene a sus opositores, los admiradores de su versatilidad pesan más. Aunque Audition (1999) ha sido calificada como ultraviolenta, al igual que la censurada Ichi the Killer (2001) o Visitor Q (2001), considerada como una las más complicadas de digerir, la aparente imagen transgresora de este japonés se ve desdibuja en el humor negro que le imprime a las adaptaciones de anime como Yatterman (2009) o del manga Zebraman (2004), donde conjuga tantos elementos como posibilidades hay, llevando al espectador, audazmente, de lo bizarro a lo cómico y al culto. Para Tarantino, con quien trabajó en Sukiyaki Western Django (2007), “es uno de los directores más grandes de hoy”.

Mezcla sin miedo alguno y a su libre antojo todos los géneros posibles, y es tal la diversidad de sus producciones que las películas son inclasificables, en el buen sentido, en un dolor de cabeza para la crítica. El terror y el gore, una fuerte identidad con el anime, el manga y hasta la ciencia ficción hacen parte de su haber, y muchas de ellas en un estilo peculiar son homenajes a grandes clásicos. No es esta tal mezcla al azar, Miike se toma la libertad de incorporar gran cantidad de recursos, ya que su genialidad radica en la capacidad de encontrar las relaciones entre esos elementos que resultan en narrativas sólidas y un carácter de transversalidad.

En un centenar de películas en sus treinta años como director, se puede decir que ninguno de los títulos atribuibles a su trabajo comprende la extensión temática con la que desarrolla sus propuestas, su gran talento rompe con todas las reglas, en la estructura y en los estilos, tampoco se encasilla, considera que tanto el público y la crítica son quienes, en su libre albedrío, pueden ubicar o categorizar sus obras, pues hacer una película multigénero es natural, se transitan de una manera orgánica, y por el contrario, se establecen fronteras obstruidas en su potencial creativo. El ambiente en que Takashi Miike creció, marcó una identidad a su proceder, no reconoce esta ciudad como su lugar natal al cual retornar, además de sus raíces coreanas con las que tuvo poco contacto y un entorno social en el que nunca logró sentirse cómodo, se reflejan en el uso de personajes no japoneses. Miike retrata a la población marginada venida de otras culturas, haciendo frente a la homogeneidad japonesa de la ideología kokutai, cuestionando así a su propia sociedad. Al ver sus películas, se evidencia un profundo conocimiento y ritualidad de su cultura, y es cuidadoso al marcar estos detalles no solo en producciones como Hara-kiri, (2011) o 13 Assassins (2010), sino a lo largo de todos sus rodajes.

En sus films rechaza el heroísmo con fines morales, por el contrario, aborda lo social, lo sexual y los tabúes contemporáneos, llevando al espectador a una confrontación sobre los límites de las normas del comportamiento social, pero no lo hace con una intención política específica, de hecho, vista su trayectoria, es reacio a las normas narrativas de estilo o lenguaje cinematográfico establecido, aunque esto lo hace, en efecto, político, correcto o incorrecto, ya depende de quién y desde dónde lo ve.

Este horizonte de imágenes perturbadoras, de temas escabrosos y la presencia de los clásicos podrían dibujar a Takashi Miike como un ser oscuro, de difícil acceso, pero es todo lo contrario, se aleja de las pretensiones del mainstream, es una persona que dialoga con sencillez, es pausado en su hablar y en sus movimientos, a las preguntas de los medios responde puntual y con certeza, reflexiona cada cuestionamiento, no titubea ni se desvía. Es un hombre serio, pero con un gran sentido del humor. Por supuesto, no se esperaría menos de él. Un director que detrás de cámaras está en permanente construcción, no tiene ninguna ínfula de dominio en la realización, está de lleno en cada escena, en cada toma, está hombro a hombro con su equipo de producción, disfruta de su trabajo y lo hace con una religiosa disciplina, es consecuente en su discurso y no se encasilla ni se pierde en la gloria de las estrellas, tiene presente el camino recorrido y los grandes esfuerzos que lo hacen hoy un director inagotable. Es que ha filmado hasta cuatro películas por año, pero sin la obligación de la demanda comercial, sino por su genial capacidad y arduo trabajo.

Como ya dije, su cine no es para todo el público, pero cuando se conoce cada vez más el contexto de las temáticas que trabaja, cuando se desprenden la taras del tabú y se comprende ese uso de la violencia que, si hace mella y nos confronta de tal manera, tal vez, es porque está dolorosamente fuera de la ficción, y Takashi Miike la condensa ante nuestros ojos de forma visceral impregnadas con aroma a violencia y comedia mórbida que bañan de sangre las obras de este director llamado de culto.

Este cine puede ser explorado de una manera diferente, quizás no menos controversial, pero sí donde se dilucide el subtexto y por qué no, un enfrentamiento más certero con nuestros obtusos imaginarios. Takashi Miike es uno de los mayores exponentes dentro del gore y el cine macabro en general, y ya no hay nadie que pueda detener a este gran director.

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