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Cloverfield: Entretelones de su producción.

20 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

En la víspera de su partida para Japón, Rob (Michael Stahl-David) ve su fiesta de despedida como una oportunidad para confesar sentimientos sin resolver y atar cabos sueltos. Su plan toma un giro inesperado cuando una sacudida estremece a los asistentes. El grupo se silencia para ver el reporte de un terremoto en las noticias y se dirige a la azotea para ver los daños. Una bola de fuego explota en el horizonte distante. Un apagón sigue. La confusión se convierte en pánico mientras los invitados tropiezan en la oscuridad dirigiéndose hacia las calles. En medio de gritos humanos y un rugido estremecedor, Rob y sus amigos atraviesan un paisaje que ha cambiado y es dominado por algo aterrador y monstruoso que no es de este mundo…

Paramount Pictures presentó Cloverfield, una producción de Bad Robot protagonizada por Lizzy Caplan, Jessica Lucas, T.J. Miller, Michael Stahl-David, Mike Vogel y Odette Yustman. La película fue dirigida por Matt Reeves y escrita por Drew Goddard. Los productores fueron J. J. Abrams y Bryan Burk. La producción ejecutiva estuvo a cargo de Guy Riedel. El director de fotografía fue Michael Bonvillain, el diseñador de la producción estuvo en manos de Martin Whist y la edición fue de Kevin Stitt. La diseñadora del vestuario fue Ellen Mirojnick y los efectos visuales fueron supervisados y creados por Double Negative y Tippett Studio.

Creando Cloverfield.

“Vivimos en un tiempo de mucho temor. Tener una película sobre algo tan extravagante como una enorme criatura que ataca nuestra ciudad, permite al público procesar y experimentar ese miedo de una forma increíblemente entretenida y segura. Quise vivir esa experiencia yo mismo, ir a ver un film que es sobre algo más grande que la vida misma y muy real, y Cloverfield definitivamente lo es.” Así se expresaba el productor J.J. Abrams sobre la película antes de su estreno.

La semilla para Cloverfield se plantó en junio de 2006 cuando el productor, escritor y director J.J. Abrams y su hijo estaban de gira por Japón para Misión imposible III. El creador de las exitosas series de televisión Felicity, Alias y Lost, entró en una tienda con Henry, su pequeño hijo, y observó una gran cantidad de juguetes de Godzilla. “Me impresionó que este monstruo hubiera durado tanto, algo que no sucede en Estados Unidos”. Poco después, Abrams concibió la idea de hacer una película con un nuevo monstruo, a pesar de que sabía que requeriría un enfoque substancialmente diferente a la Godzilla original, sus numerosas secuelas y nuevas versiones. “Pensé: qué tal si vemos un monstruo del tamaño de un rascacielos, pero desde el punto de vista de alguien del tamaño de un grano de arena. No verlo desde el punto de vista de Dios o del director o de un punto de vista omnipotente.”

Abrams contactó a Drew Goddard, el guionista y frecuente colaborador con quien trabajó en Alias y Lost. “J. J. me llamó y dijo: ‘Drew, tengo que hablar contigo, es sobre algo enorme” recuerda el escritor. “En ese momento, todo lo que él tenía era la estructura básica de una película sobre un monstruo gigante, pero con una cámara portátil. Inmediatamente dije, cuenta conmigo.’”

“Drew fue la primera persona en quien pensé, porque él sabe combinar espectáculo, género y monstruos con comedia y humanidad”, dice Abrams.

“Ésta iba a ser definitivamente una cinta de género, pero realmente queríamos que fuera sobre las personas que viven esta experiencia, hacerla una película emotiva”, agrega el productor Bryan Burk. “Nadie podía escribir esto mejor que Drew.”

Abrams y Goddard se reunieron una semana después y escribieron el primer acto de la realización en cinco páginas, las cuales Goddard expandió a un borrador de 58 páginas durante las vacaciones de Navidad. La idea, como dice Abrams, de “una película de Cameron Crowe con Godzilla combinada con El Proyecto de la Bruja Blair la presentamos a Brad Weston y Brad Grey, los directores ejecutivos de Paramount, a quienes les gustó el concepto y le dieron luz verde.”

“Fue exactamente lo opuesto a todo lo que escuchan sobre Hollywood”, agrega Goddard. “Todos estuvieron de acuerdo y fue realmente una experiencia soñada.”

Mientras Goddard escribía el libreto, los productores comenzaron a pensar en un director, eventualmente decidiéndose por Matt Reeves. Abrams y Reeves han sido amigos y cineastas desde la infancia. Se conocieron a los trece años cuando ambos se inscribieron en un festival de cine de 8 milímetros. Los dos crearon la serie de televisión Felicity en 1998, y han sido colaboradores estrechos desde entonces. Aunque inicialmente Reeves parecía un candidato poco probable, ya que no tiene experiencia en este género o con efectos visuales, Abrams sabía que era el hombre indicado para el proyecto. “La razón por la cual escogí a Matt es porque sé que siempre le han interesado principalmente los personajes y que vigilaría el desarrollo de cada carácter mucho más que otros directores”, dice Abrams. “Muchas de las películas de terror actuales son una combinación de tortura y pornografía, ultraviolentas y no poseen elementos con los que nos podemos identificar. Yo sabía que Matt lograría que los espectadores se identificaran con estos personajes.” Y efectivamente, el enfoque del film no es tanto el enorme monstruo que causa estragos en la ciudad de Nueva York sino en un grupo de personas que viven una crisis extrema. Cloverfield está centrada en un grupo de amigos que, al principio de la noche, se han reunido para despedir a Rob (Michael Stahl-David), quien se va a vivir a Japón. Hud (T.J. Miller), otro amigo, está encargado de documentar el evento con una videograbadora, una tarea para la cual no está calificado.

“Lo que me llamó la atención del proyecto fue la idea de tomar algo de tan gran escala y filmarlo en un nivel muy íntimo. El estado de ánimo nace de estar con estos personajes. El reto fue encontrar la forma de tomar algo extraordinario y casi absurdo, un monstruo que ataca y presentarlo de una manera totalmente real”, expresó el director Matt Reeves.

La solución la encontraron en el concepto original de Abrams de filmar la película desde el punto de vista de la videograbadora de Hud, a través de la cual Reeves y el guionista Goddard entrelazaron las complicadas relaciones entre los personajes y su reacción al ataque del monstruo. La primera porción de la realización es una secuencia de veinte minutos de la fiesta, durante la cual las relaciones se establecen firmemente. “Entonces, súbitamente, después de haber establecido esta compleja red de amigos, cómo se relacionan y qué es importante para ellos”, explica Reeves. “Intempestivamente nos entremetemos en esta situación con una alocada película de monstruos, lo cual cambia todo.”

Reeves se las ingenió para introducir una importante historia a lo largo de todo el metraje, la relación previa entre Rob y Beth (Odette Yustman). Hud inadvertidamente está grabando sobre una grabación previa hecha con la cámara de momentos íntimos que ambos vivieron. “Vemos sus expresiones de cariño. Es una pequeña historia de amor”, dice Reeves.

La película comienza con estas escenas, gran parte filmada por Michael Stahl-David usando una videocámara. Pero hay porciones adicionales que aparecen entremezcladas a lo largo del film, después que un hecho chocante ha hecho que Hud apague brevemente la cámara, permitiendo que una porción breve de la grabación original de Rob aparezca ante los ojos del público. “Al ir y venir entre estas dos historias, aumentamos el drama”, explica el director. “Al regresar a esta relación sentimental y lo que pudo haber sido, los espectadores comienzan a comprender por qué Rob está tan decidido a rescatarla.”

“Una de las cosas que pensamos era increíblemente importante es que en una película tan cinética” observa Reeves, “Es importante detenernos y reconectar con estos personajes. Después de vivir estas experiencias extremas, les damos una oportunidad de reaccionar ante lo que han vivido antes de llevarlos al siguiente nivel. Tener estos interludios dramáticos fue muy importante.”

El Monstruo desde el punto de vista de Hud.

El resultado es un viaje energético en una montaña rusa con la conexión entre los espectadores y los personajes mantenida a través del lente de una sola cámara. La técnica se presta para mantenernos unidos a los personajes y lo que sucede a su alrededor, con lo que se ha convertido en años recientes en un estilo familiar de capturar imágenes: la videograbadora personal.

“Cuando tuve la idea para la película, comencé a pensar en el impacto que YouTube tiene sobre las cosas” dice Abrams. “Hoy, si buscamos en el Internet durante dos minutos podemos encontrar un video, ya sea de Irak, Londres, España o Manhattan con personas escondidas en una tienda o debajo de un auto observando las reacciones de otras personas.”

Burk piensa de igual forma: “No hay incidente que no sea capturado. Así que, si un monstruo gigantesco atacara la ciudad, muchos lo filmarían.”

“Por alguna razón, cuando es real, podemos ver incesantemente”, observa Goddard. “Y sabíamos que, para que el film funcionara, tenía que sentirse real, como si viéramos la fiesta de alguien o estuviéramos espiando para que cuando el caos empezara, transferir esa realidad al monstruo.”

El reto para los realizadores fue cómo recrear este tipo de pietaje para la narración cinematográfica. “Fue un reajuste increíble porque al tratar de crear la ilusión de sólo una cámara, tuvimos que trabajar sin nuestras herramientas cinematográficas. No hay tomas amplias, ni tomas en reversa para mostrar la otra persona que ve o escucha. Todo lo que vemos y sabemos viene de la cámara de Hud y su punto de vista.” “La limitación en el tipo de tomas era un elemento clave para la autenticidad del film. Tenía que parecer algo improvisado, no realizado por cineastas experimentados sino por personas atrapadas en medio de esta situación.”, explica Reeves.

“Quisimos que la película pareciera la vida real, como si un monstruo gigantesco atacara mi ciudad y yo tomara mi cámara y saliera a la calle”, agrega Burk.

Para lograrlo, fue necesario replicar la gramática visual que da la impresión de que un aficionado usa una videocámara y trata de capturar el caos frenético que lo rodea. “Tenía que parecer aficionado” dice el director de fotografía Michael Bonvillain, “Pero al mismo tiempo tenía que relatar una historia.”

Una importante característica de esta técnica, la cual aumenta el terror y la tensión de muchas escenas, es que el operador de la cámara “no capta” gran parte de la acción, incluyendo al monstruo. “Gran parte de lo que un aficionado real filma lo oímos, pero no lo vemos”, explica Abrams. “El pánico y las reacciones de lo que sucede fuera de cámara y el sonido de cosas que no vemos.”

“Hay algo aterrador en lo que no vemos”, agrega Reeves. “Estamos con Hud pero no hay un ángulo en reversa que nos muestre lo que él no ve. Ellos no tienen más información. Cada momento se hace más tenso porque sabemos que fuera del cuadro, algo terrible está sucediendo. Pero no sabemos qué es porque él no lo ha enfocado con su cámara”. “Hud es dirigido por lo que le dicen los otros personajes”, explica el supervisor de efectos visuales Michael Ellis. “Generalmente, ellos ven algo antes que él y él trata de encontrarlo, pero muchas veces es demasiado tarde. No lo captó. Sus amigos han huido.”

Una dificultad al crear estas tomas fue que detrás de las cámaras había profesionales experimentados. La solución resultó ser muy obvia, que el actor T. J. Miller, quien interpreta a Hud, operara él mismo la cámara, lo cual hizo para varias secuencias. “El hecho que él operara la cámara nos ayudó a mantener la altura correcta para los ojos de otros actores en las escenas”, asevera Bonvillain.

Preparar secuencias completas, todas rodadas por una sola cámara requirió mucha planificación y habilidad. En una película típica, una escena se arma con varias tomas fotografiadas desde una variedad de ángulos, filmadas varias veces, cada una con cierta información específica. En Cloverfield, los frenéticos movimientos de la cámara se tuvieron que planear cuidadosamente para capturar cualquier actividad que Reeves quería que los espectadores vieran. “Tuvimos que filmar muchas cosas bien ensayadas y encontrar la forma en que parecieran accidentales”, explica el director. “Matt hizo muchas cosas muy complicadas, lograr que ciertas tomas se vean como continuas y planear cosas de manera que parecieran espontáneas, lo cual casi nunca son”, agrega Abrams.

“Muchas de las escenas se planearon anticipadamente usando animación “previsualizada” suministrada por la compañía Third Floor de Los Ángeles”, dice Michael Ellis. “Ayudó a los actores y los camarógrafos a tener idea hacia donde debían mirar, dirigirse y exactamente de qué estaban huyendo.” Si Miller operaba la cámara, Reeves y Bonvillain ensayaban con él. Algunas veces filmaban los ensayos con una videocámara más pequeña y luego estudiaban la escena hasta convertirla en lo que querían y entonces realmente la filmaban.

Las escenas en que aparece el monstruo se planearon cuidadosamente para mostrarlo sólo parcial y fugazmente durante las secuencias iniciales de la producción, gradualmente mostrando más a medida que la trama evoluciona. Durante la mayor parte del film, el monstruo únicamente se ve desde el suelo, ya que allí es donde Hud está. “Y eso crea una perspectiva única”, observa Reeves.

Las tomas aéreas tradicionales del monstruo que el público ve en otros films no aparecen en Cloverfied, excepto en una o dos escenas cuidadosamente planeadas, tales como la filmada desde un helicóptero que Reeves incluyó en la película. “Cuando están en una tienda y miran las noticias en los televisores, vemos una toma desde un helicóptero del monstruo cuando su cola destroza parte del Puente de Brooklyn”, explica el director. Una toma más íntima del monstruo ocurre cuando Hud es atacado por el monstruo, revelando brevemente el interior de sus fauces a la cámara, antes de caer al suelo.

Seleccionando el reparto.

Debido al estilo íntimo y único del rodaje de Cloverfield, los realizadores buscaron actores que no fueran rostros instantáneamente reconocidos. Reeves y Abrams reunieron un grupo diverso de jóvenes y talentosos actores: Lizzy Caplan, Jessica Lucas, T. J. Miller, Michael Stahl-David, Mike Vogel y Odette Yustman. Ésta es una estrategia que Abrams había usado con gran éxito antes cuando ayudó a impulsar las carreras de actores como Keri Russell, Jennifer Garner, Scott Speedman y Evangeline Lily.

“Lo clave de esta producción era escoger actores de talento con personalidades agradables pero que no fueran conocidos”, dice Abrams. La razón principal, dice el director Matt Reeves, es que “aunque es una realización ambiciosa, la hemos hecho de una forma muy independiente. Y por eso quisimos utilizar actores que no conocíamos.”

En el rol clave de Rob en este proyecto único, está Michael Stahl-David, conocido por su participación en la aclamada serie de televisión The Black Donnellys. “Me entusiasmé mucho ante la oportunidad de trabajar con Matt porque sentí que le interesaban los personajes y sus motivaciones.”, expresó el actor.

El personaje de Hud, al que escuchamos, pero casi no vemos, cayó en manos de T. J. Miller. “Me reuní con el encargado de seleccionar el reparto y conversamos sobre el hecho que soy un comediante”, dice Miller, miembro del grupo de comediantes Second City. Era importante encontrar alguien con el humor y la compasión para interpretar al narrador de la película. Él es un tipo común y corriente en un mundo de jóvenes de Manhattan, sofisticados y con carreras de mucho futuro. “Hud, el personaje de T. J., es la voz del film; él es el corazón de la película” dice el productor ejecutivo Clark.

Jessica Lucas, quien fue parte del reparto de la serie CSI de la cadena de televisión CBS describe a Lily, su personaje, como “la dominante”. “Ella es como la hermana mayor que constantemente controla todo. Es la única del grupo que tiene su vida organizada. Por eso es ella la que planea la fiesta de despedida de Rob esa noche.”

Odette Yustman, interpreta a Beth, la chica que le gusta a Rob. “Matt Reeves, Bryan Burk y yo íbamos a una reunión y vimos a Odette sentada conversando con Alyssa, la encargada de seleccionar el reparto”, recuerda Clark. “Nos invitaron a la entrevista y nos impresionó vivamente. La vimos e inmediatamente supimos que ella era Beth”.

Los dos rostros más conocidos en Cloverfield pertenecen a Lizzy Caplan, quien interpreta a Marlena y Mike Vogel, quien se pone en el personaje de Jason. Caplan interpretó a la cínica Janis Ian en Chicas pesadas y aparece como Kat Warbler en la aclamada serie de televisión The Class. “Lo que me atrajo a este proyecto fue J.J. Abrams”, admite la joven actriz. “Soy una gran admiradora de la serie Lost y también me gustó mucho Alias”.

Vogel anteriormente actuó junto a Kurt Russell en Poseidón, con Jennifer Aniston en Dicen por allí y junto a Jessica Biel en la versión de La masacre de Texas. “Mike tiene más créditos cinematográficos que el resto del reparto”, dice Clark. “Leyó junto con Michael Stahl-David en una escena en que dos hermanos conversan y toman una cerveza. Mike nos impresionó como el hermano mayor y lo contratamos basados en esa prueba”.

Para estos seis talentosos actores, la emoción de ser escogidos para protagonizar una superproducción de ciencia ficción producida por J. J. Abrams vino con una condición: estaba terminantemente prohibido decir una sola palabra sobre la película y tuvieron que firmar documentos prometiéndolo.

Construyendo un mejor monstruo.

Los efectos visuales para Cloverfield fueron producidos bajo la dirección de los supervisores de efectos visuales Kevin Blank, Eric Leven de Tippett Studio y Michael Ellis de Double Negative, de Londres. Tippett creó todas las tomas que incluyen los monstruos, mientras que Double Negative fue responsable de todas las otras destrucciones y de las secuencias que no incluyeron al monstruo.

“El concepto del monstruo es sencillo”, dice Abrams. “Es un recién nacido. Está confundido, desorientado e irritable. Ha estado debajo del agua por miles y miles de años.” ¿Y de dónde viene? “No lo decimos deliberadamente”, observa Goddard. “Nuestra película no tiene un científico con bata blanca que explica las cosas.”

La criatura no sólo está desorientada; está furiosa. “Hay muchas cosas pequeñas, humanos que lo molestan y le disparan como un enjambre de abejas”, observa Reeves. “Ninguna de esas cosas lo va a matar, pero lo lastiman y él no comprende. Este nuevo medioambiente lo asusta.”

Para crear al monstruo, Abrams contactó al veterano diseñador de criaturas Neville Page, quien trabajó en la realización de James Cameron, Avatar, y luego trabajó con Abrams en la nueva producción de Viaje a las Estrellas. “Una de las cosas que me gusta de Neville es que él enfoca todo desde un punto de vista realista”, explica Abrams. “Crea criaturas inexistentes, pero puede explicar su estructura física, su musculatura y su osamenta.”

Una vez que los diseños de Page estuvieron listos, el Tippett Studio implementó y refinó el monstruo para incluirlo en las tomas cruciales en que aparece.

Como parte de un “ritual postparto”, como Abrams lo describe, el monstruo se rasca la espalda con un edificio (destruyéndolo en el proceso), para quitarse una capa de parásitos que quedan sueltos para crear caos en la ciudad. “Con un monstruo de este tamaño, es difícil tener escenas íntimas”, dice Abrams. “Como es tan grande, sabíamos que íbamos a tener dificultad para tener ese tipo de escenas”, explica Goddard. “Ninguno de los personajes puede enfrentársele o descubrir una forma para destruirlo”. Y así fue como nació la idea de los parásitos. “Son criaturas horribles, del tamaño de un perro, que arrasan la ciudad y exacerban la pesadilla que todos viven”, dice Abrams. “Los parásitos tienen una naturaleza voraz y rabiosa y poseen la habilidad de arrastrarse como cangrejos”, explica Reeves. “Son tan feroces como pueden ser los perros, pero con la habilidad de subir paredes y pegarse a las cosas.”

Además, los parásitos se mueven más velozmente que su gigantesco huésped. “Son como pequeños demonios que destruyen todo lo que encuentran en su paso. Son mortales”, dice Leven.

Destruyendo la ciudad.

Uno de los primeros indicios de la destrucción que traerá el monstruo, lo vemos cuando un grupo de amigos de Rob deja la fiesta para ver a qué se debe la conmoción afuera y se encuentran con la cabeza de la Estatua de la Libertad rebotando calle abajo.

La toma apareció originalmente como un avance de dos minutos en los teatros junto con el estreno de la película de Michael Bay, Transformers. “La reacción superó nuestras expectativas”, explica Burk. “Nadie había oído hablar de la producción. Ni siquiera le pusimos título, pero creó gran expectativa.” El interés que se produjo por el film fue extraordinario.

John Fogelman, uno de los agentes de Abrams y Burk, sugirió llamar “Cloverfield” provisionalmente al proyecto, el nombre de una calle cerca de la oficina de Abrams en el oeste de Los Ángeles. “El nombre se filtró y como los aficionados ya lo sabían, decidimos no cambiarlo,” recuerda Abrams.

La impresionante escena con la Estatua de la Libertad se filmó en los foros de los Estudios Paramount y fue creada originalmente por Hammerhead Productions en Studio City, y luego fue ampliada por Double Negative para incluir más detalles. Es un homenaje de Abrams a la realización de John Carpenter Escape de Nueva York (1981), que mostraba una imagen similar en su cartel. “Es una película que me encantaba cuando niño y recuerdo que en el cartel salía la cabeza de la Estatua de la Libertad en medio de una calle en Nueva York, pero la escena nunca aparecía en la cinta. Siempre pensé que era una imagen imponente y quise incluirla en nuestra producción”.

Uno de los lugares conocidos que el monstruo destruye es el puente de Brooklyn, el cual destroza con la cola. Una sección de 50 pies del puente se construyó en The Downey Stages en Downey, California, para la escena y luego se combinó con tomas del verdadero puente.

El miedo y los monstruos en el cine.

Drácula, Godzilla, Freddy Krueger. Monstruos violentos e inquietantes (en forma humana, animal o extraterrestre) que crean caos en habitantes inocentes han atraído a los espectadores al cine desde la época del cine mudo, ofreciendo catarsis a la ansiedad personal y actuando como metáforas del temor general que acosa nuestras culturas durante una era en particular. “De la misma manera que Godzilla fue sobre la ansiedad del holocausto nuclear, la bomba atómica e Hiroshima, Cloverfield es una metáfora de nuestra época y de la búsqueda de una forma de descargar los acontecimientos traumáticos reprimidos vividos durante los últimos años”, dice Matt Reeves.

El cine expresionista alemán, que comenzó durante la Primera Guerra Mundial y continuó durante los años 20, nos trajo algunos de los primeros monstruos en realizaciones como El Gabinete del Dr. Caligari y Nosferatu. Esas películas influyeron directamente los films de monstruos estadounidenses de los años 20 y 30, incluyendo Frankenstein, Drácula, El Fantasma de la Ópera y El hombre invisible, demonios extranjeros exóticos durante una era de xenofobia y aislamiento para Estados Unidos y el resto de continente americano.

En los años 40 y 50, los monstruos se hicieron cada vez más amenazadores, expresando la paranoia y la fatalidad de la Guerra Fría. Películas como El enigma de otro mundo y La guerra de los mundos estaban pobladas de seres mutantes o extraterrestres malvados decididos a destruir nuestra forma de vida. Los invasores extraterrestres de Ultimátum a la tierra representaron la amenaza de la ideología comunista rusa mientras que Muertos vivientes es una crítica de la histeria comunista de Joseph McCarthy, y las hormigas gigantescas de El mundo en peligro planteaban serios interrogantes sobre la seguridad del uso del poder nuclear.

La vena puritana y conservadora estadounidense resurgió en las realizaciones de Alfred Hitchcock, Psicosis y Los Pájaros, que enfocaban dos tipos muy diferentes de monstruos que se vengaban de las mujeres que expresaban con demasiada libertad su deseo de independencia. Pero para los años 1960 y 1970, la red de seguridad se había deshilachado, la fe ciega del público en la habilidad de sus gobernantes había decaído y ante cualquier desastre, cada uno sabía que tenía que velar por sí mismo.

Los monstruos en Tiburón y Alien eran más aterradores porque prosperaron por la codicia gubernamental sin importarle la seguridad pública. Cuando la guerra de Vietnam estremeció la fe del país en su gobierno, películas como La noche de los muertos vivientes y La masacre de Texas mostraron el temor sobre la ruptura de la familia estadounidense tradicional.

La idea que Dios se aleja de la sociedad apareció en films de esa era, presentándonos al monstruo más aterrador de todos, Satanás, en la realización de Roman Polanski, El Bebé de Rosemary, la película de William Friedkin, El Exorcista, y la película de Richard Donner, La Profecía.

En los ’80, el éxodo de los peligros de la vida citadina (drogas, tensión racial, promiscuidad sexual) al medio ambiente de comunidades familiares planificadas, demostró no ser una panacea para la feliz familia de Poltergeist. El desajustado Norman Bates de Psicosis se convirtió en un ejército de monstruos dementes y atormentados como Jason en la serie de películas de Viernes 13, Michael Myers en Halloween y Freddy Krueger en Pesadilla en la calle Elm con el mensaje a los adolescentes de “el que tiene relaciones sexuales, muere”. Las cosas fueron de mal en peor en films como El ansia y la nueva versión de La mosca, de David Cronenberg, la cual evocó la epidemia del SIDA y la explosión de otras enfermedades de transmisión sexual.

Con el fin de la Guerra fría, los monstruos de los ’90 se convirtieron en el vecino de al lado aparentemente normal, que resultó ser pedófilo, una admiradora enloquecida o un caníbal asesino en serie: John Doe en Pecados capitales, Annie Wilkes en Misery y el Dr. Hannibal Lecter en El silencio de los inocentes. Pero con el comienzo del milenio, el terror de la vida real opacó cualquier cosa mostrada en los cines, al poner en evidencia la vulnerabilidad del país por primera vez desde Pearl Harbor y un potencial desastre tras el otro, Ébola, SARS, el virus aviario, ántrax y el calentamiento global, y el cine respondió con Exterminio, Invasores y Soy Leyenda. La xenofobia resurgió de forma más diabólica en cintas como Hostel, El juego del miedo y en otra nueva versión de Poseidón el monstruo fue una ola tan enorme como un tsunami. En la nueva versión de Steven Spielberg de La guerra de los mundos, sin ninguna provocación, los extraterrestres arrasan la tierra y es la atmósfera, repleta de bacterias y virus, quien lo destruye, pero la madre naturaleza no nos ayudó en El día después de mañana, cubriendo gran parte de Norteamérica con una manta de hielo.

Las nuevas e imprevistas amenazas a nuestro estilo de vida han creado una clase diferente de películas de monstruos, que reflejan no únicamente la incertidumbre de nuestra era, sino también nuestra impotencia ante obstáculos tan desalentadores.

Texto elaborado en base al resumen de Emiliano O. Rivas Ecran Latinoamericana de Producciones, S.A.

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