Black Bird – Análisis y crítica.

Por Daniel López Pacha.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Black Bird (Encerrado con el diablo), es una miniserie de drama criminal estadounidense creada por Dennis Lehane, basada en la novela autobiográfica de 2010 In With The Devil: A Fallen Hero, A Serial Killer, and A Dangerous Bargain for Redemption de James Keene.

Datos de interés:

La miniserie consta de seis episodios. Dirigida por Michaël R. Roskam, Joe Chappelle. Escrita por Riccardo DiLoreto, Dennis Lehane, Sean K. Smith. Con fotografía de Natalie Kingston, la música de Mogwai; está editada por Jonathan Alberts, Rob Bonz. Taron Egerton fue productor ejecutivo junto al mismísimo James Keene. Filmada en New Orleans, Louisiana, USA, desde el 28 Abril 2021 al 27 Agosto del 2021. Trasmitida por AppleTV+.

Protagonizada por Taron Egerton (Jimmy Keene), Paul Walter Hauser (Larry Hall), Sepideh Moafi (Lauren McCauley), Greg Kinnear (Brian Miller), Ray Liotta (James “Big Jim” Keene).

Sinopsis: Esta historia está inspirada en eventos reales. Comienza cuando el futbolista estrella de un instituto, que es hijo de un policía condecorado y a su vez traficante de drogas convicto Jimmy Keene es sentenciado a 10 años en una prisión. Para zafar de la cárcel a Keene le proponen dos opciones: entrar en una prisión de máxima seguridad y hacerse amigo del presunto asesino en serie Larry Hall, o quedarse donde está y cumplir su sentencia completa sin opción a libertad condicional. Keene pensándolo se da cuenta de que su única salida es conseguir una confesión y averiguar dónde están enterrados los cuerpos de varias niñas, antes de que se apruebe la apelación de Hall.

Dennis Lehane, gran novelista autor de obras como “Mystic River”,  “Shutter Island”; que ya ha trabajado como guionista en producciones como “The Wire”, “Mr. Mercedes” o “The outsider”. Nos trae en esta oportunidad “Black Bird”, en donde se toma su tiempo para componer a sus personajes, para ver sus aspectos más oscuros e ir comprobando su evolución. En donde el personaje de Keene aborda un camino de madurez donde también tiene la tarea de punzar el ego del asesino para hacerlo confesar y así superar las barreras de estar dentro de una prisión llena de personajes muy oscuros.

La miniserie es una gran propuesta que hará las delicias de los amantes de las series de crímenes reales y de ficciones que han abordado en estos años a grandes asesinos en serie, similar como la espléndida Mindhunter.

Black Bird es una serie de valiosos diálogos y con intensas actuaciones, donde se destaca la escritura de indudable maestría realizada por Lehane y rodada a pura tensión por dos veteranos de la industria como Michaël R. Roskam y Joe Chappelle.

Un punto muy especial es el que se merece Ray Liotta por el que lamentablemente terminó siendo uno de sus últimos trabajos (falleció el pasado 26 de mayo a los 67 años). Su gran interpretación de Big Jim Keene, un ex policía y padre del protagonista, tiene todas las facetas que fueron marcando su carrera como la violencia, la vulnerabilidad, la empatía, la culpa y el dolor. Esta es quizás su interpretación más natural y sincera. Sea como sea, su papel como el enfermo padre de Jimmy nos deja con momentos desgarradores solo a la altura de los grandes como él. Es una despedida propia de los grandes en serio.

Es un thriller en donde el suspenso se va generando en base a sus diálogos, escritos como ya dije por Lehane, que van revelando episodio tras episodio. También nos encontramos con una subtrama de investigación tan característica del género, que resulta revelador e intrigante. En mayor parte este es un inquietante estudio de personajes, que a veces peca de ser demasiado profundo al adentrarse con flashbacks, que poco a poco va descubriendo esas diferentes capas visibles y ocultas que todos tenemos o no.

Asimismo es una miniserie que, a través de sus personajes masculinos, refleja distintas variantes del mismo problema como la misoginia. Aunque esta ficción revisa el lado más penoso de Larry Hall y su odio hacia las mujeres, en cada episodio nos va dejando una muestra sutil de este cáncer social, ya sea con comentarios que Jimmy Keene realiza de sí mismo a medida que sus conversaciones con Hall van entrando en terreno pantanoso. La miniserie, está basada en las propias memorias de Keene, la cual esta experiencia le sirvió para cambiar su vida de forma radical.

Keene esperaba meterse en la guarida de un lobo cualquiera, pero al tiempo se da cuenta de que está frente al mal personificado por Hall. Uno se pregunta, ¿Qué está haciendo un traficante de drogas compartiendo charlas con un violador? o ¿Se justifica estar todos los criminales al mismo nivel? Estas son las preguntas que intentamos responder sobre la ficción, pero sí a su vez estas preguntas nos hacen creer que podríamos tener muchas cosas en común con Hall, este presunto asesino en serie. Quizás haya un paralelismo algo exagerado. Pero, a veces solo podemos mejorar si nos enfrentamos cara a cara con alguien que revele nuestra propia oscuridad.

La miniserie va evolucionando capítulo a capítulo, en donde la relación entre Jimmy y Larry se convierte en un fuerte juego verbal del gato y el ratón, pero solo uno de ellos sabe que está jugando. Lehane consigue que sus conversaciones sean cada vez más y más interesantes y más inquietantes, asquerosas y reveladoras, consiguiendo que estas sean a su vez las que consiguen generar esa dosis de suspenso y terror que la serie aporta en su subtrama de investigación. Ante todo porque Larry va hablando de sus crímenes con un aplomo enfermizo y desgarrador, algo que se evidencia en las reacciones contenidas de un James traumatizado.

En donde, Paul Walter Hauser prueba de nuevo que es un actor espectacular que domina a la perfección los tiempos en diferentes géneros. Su Hall es enigmático, penoso y repugnante. Es la clase de personaje que es imprevisible, que pone patas para arriba toda la atmósfera de una escena con un cambio de expresión. Lo mejor son esos momentos en los que Hauser podría hacernos caer en sus redes, pero luego nos da una bofetada que nos haría sentir terriblemente mal. Esta es una de las mejores interpretaciones del año, no cabe ninguna duda.

Con todo esto, más  a todo lo que sucede durante la investigación de los agentes del FBI, Lehane y su reparto intentan que polemicemos de manera constante la culpabilidad o inocencia de Larry, a la vez que nos sitúa en el foco de un drama carcelario y todos los conflictos que ello conlleva.

Black Bird avanza con un ritmo bien medido y con una narrativa que sabe aumentar el interés en el público, en especial porque también se atreve a experimentar cambiando el foco de la narración más allá de sus personajes principales. Hay una libertad creativa que se aprovecha de todo, que consigue construir un truecrime diferente dentro de un género tan sobrecargado.

Es a mí entender un nuevo triunfo de AppleTV+. Donde se puede apreciar la sinceridad en la propuesta, una que va más allá de esa manía de la industria en darnos ese tipo de producciones con la excusa de estar inspirada en hechos reales. Acá hay una clara intención de contar una historia apasionante y de hacerlo lo mejor posible, como tiene que hacerse.

Hay una clave primordial para el éxito en esta producción es su dúo protagónico, Taron Egerton entrega una actuación ejemplar. En donde su carisma y expresividad aportan matices a James y lo convierten en un personaje que logra cautivar desde la primera escena, cuando además se nota a la perfección su trabajo que construye en el deterioro mental a medida que pasa el tiempo en compañía de Hall.

Las interacciones entre Egerton y Hauser están cargadas de intriga y resulta fascinante observar el duelo interpretativo que se desarrolla entre ellos. Los arcos dramáticos de ambos personajes están muy bien delineados y la sucesión de eventos se abordan con fluidez. Tiene unos giros impactantes en la trama que están acompañados de momentos íntimos, que aportan un toque de levedad a la historia y permiten crear transiciones efectivas hacia las situaciones de mayor intensidad.

En síntesis Black Bird  tiene un diseño de producción conciso y en donde la fotografía de Natalie Kingston favorece con una paleta de colores oscura, en donde se destaca los tonos grises en unión con la esencia de la historia. Con unos movimientos de cámara dinámicos y con planos secuencia que acompañan el suspenso y que le añaden más tensión a los acontecimientos.

Sin olvidarme de un excelente trabajo de maquillaje y caracterización en Egerton y Hauser que los aproxima a un parecido casi idéntico a Keene y Hall. La banda sonora de Mary Ramos y Zed Starkovich tiene composiciones de lo más inquietantes que logran crear atmósferas inmersivas, adornada con la música de la banda post-rock Mogwai para endulzarnos los oídos. A todo esto añádele a Ray Liotta, la narrativa, te pone los pelos de punta cuando quiere, pero también es emotiva cuando es necesario. Para el disfrute del público.