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Depredador: La Presa y el difícil arte de contar una historia.

3 minutos de lectura

Por Diego M. Bravo.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Se estrenó por la plataforma digital de Starplus, una precuela del clásico film Depredador  (Predator, 1987) de John Mc Tiernan, que se estrenó por nuestras pampas como “Depredador: La Presa (Prey, 2022) de Dan Trachtenberg, y a continuación te contamos que nos pareció.

Yo vivía en el bosque muy contento.

En estos tiempos en donde vivimos bombardeados con pelis de superhéroes, sagas revividas, remakes, justamente una precuela de un film clásico, se convierte en un ejemplo modélico de narración, y aparte es la mejor entrega de esta saga en muchísimos años, por lo menos desde la excelente secuela que fue “Depredador 2” (Predator 2, 1990) de Stephen Hopkins.

Como planteamos desde el título, aparte de las circunstancias que predominan en el mundo del cine actual, es un soplo de aire fresco, encontrar un film que apela a narrar en imágenes una historia. Algo que se plantea semánticamente, como muy básico y sencillo, en el panorama actual, encontrar un film que proponga esto es casi una epopeya.

Trachtenberg, como en su film anterior y más conocido: “Avenida Cloverfield 10” (10 Cloverfield Lane, 2016), toma como eje del relato, a una joven en una situación compleja que deberá resolver con más astucia e inteligencia que con su fuerza, desafiando a los hombres que la rodean y la subvaloran machistamente, en la nación comanche hace 300 años.

Acá es Naru (la revelación talentosa de Amber Midthunder, vista en la serie “Legión”), la principal figura de esta historia junto a su fiel perro Sarii, es una mujer indígena que lucha a través de toda la historia su deseo indeclinable de poder demostrar que tiene las condiciones de ser una guerrera a la altura de su hermano Taabe (Dakota Beavers) y los demás guerreros varones de su tribu comanche.

Esta historia que puede sonar trillada y más de lo mismo, está contada por Trachtenberg de forma magistralmente sencilla y totalmente cinematográfica. Es un film que tranquilamente se podría haber estrenado en salas cinematográficas. La construcción visual de los planos así lo demuestra. Y el guion de Patrick Aison, hace una utilización concreta de cada elemento que aparece durante el metraje, todo tiene su razón de ser, absolutamente justificado.

Pero un día vino el hombre con sus jaulas.

La aparición de los cazadores franceses, nos remarcan que quizás el enemigo común no sea ni el oso ni ese ser que se vuelve invisible y que “no se puede encontrar lo que no se ve ni matar lo que no muere” y el verdadero enemigo, en todo sentido sean esos intrusos blancos que masacran a los bisontes y ponen trampas por todos lados, dato clave y fundamental del relato, más allá del contenido metafórico del mismo.

Pero nunca pude olvidarme de todo, de mis bosques, de mis tardes y de mí.

Por lo tanto, es una gratísima sorpresa encontrar un film, que más allá de tratarse de un renovado y necesario aire fresco a esta saga iniciada en los ochentas, es ante todo un pequeño, sencillo pero excelente ejercicio de cómo se puede narrar una historia, en forma sencilla, concreta, sin tanto virtuosismo ni artificialidades, pero con la sabiduría justa de confiar la narración a las imágenes y como poder contar una historia en base a ellas, sin declamaciones ni sobreentendidos. Con las palabras justas y necesarias, dando todo para valorarla y considerarla como un buen ejemplo narrativo y ejemplo de un cine, que cada vez más vemos menos, por eso estamos doblemente agradecidos.

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