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Resurrección de Andrew Semans.

4 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Resurrección (2022) de Andrew Semans es uno de esos filmes que bien podrían encajar en la sección Películas complejas, ya que su historia, tan extraña como retorcida, le otorga los méritos suficientes para ser merecedora de estar en esa categoría, aunque en este caso la dejaré afuera y me dedicaré a hacer simplemente su crítica.

Todo empieza cuando Margaret, personaje que interpreta Rebecca Hall, descubre que su exmarido David (Tim Roth) ha regresado y anda merodeando por los lugares en donde ella suele moverse.

Aterrada, Margaret intenta proteger a su hija Abbie (Grace Kaufman) mientras trata de averiguar por qué David ha regresado después de tantos años y cuáles son sus reales intenciones. Esto que en un principio parece una típica película de un exesposo violento regresando para acosarla, no es tan así, porque si hay algo interesante que tiene Resurrección es la posibilidad de múltiples lecturas.

La primera de esas lecturas está en la sórdida historia que Margaret le cuenta a una aspirante a obtener un cargo en la empresa donde ella trabaja y con quien suele tener charlas motivacionales. Margaret, en un acto de total sinceramiento, le relata que David fue su esposo en la juventud y con quien tuvo un hijo, el cual después de un descuido de ella fue devorado por David. Sí, devorado, comido literalmente. También le relata los sometimientos a los que David la obligaba para satisfacer sus deseos psicópatas. Posturas extrañas durante horas y todo tipo de humillaciones y torturas psicológicas.

La situación se complica aún más cuando ella se encuentra con David quien le dice que su hijo sigue vivo en su vientre y está llorando para ver a su madre. Es aquí donde el filme entra en el terreno de las especulaciones y uno va intentando hilvanar la historia para comprender que es lo que sucede en realidad. ¿Existe realmente David? ¿Está Margaret en su sano juicio?

Todo hace pensar que Margaret ha abortado cuando tenía apenas 19 años y que eso que le sucede no es otra cosa que la culpa que la persigue y que por alguna razón ha resurgido. Lo cierto es que el director Semans es muy hábil y nos da información escueta, contradictoria, incierta y disfrazada y es el espectador quien tiene que ordenar las piezas para que estas encajen y cierren la idea. El ingenio del director está en aportar datos tremendamente perturbadores en ambos sentidos, abriendo así un abanico de opciones igualmente valederas.

Resurrección es un filme polémico, sombrío y perturbador, que aborda tanto la temática de la culpa como la del no perdón y lo hace a fuego lento, para convertirse en una pesadilla onírica, en donde la frontera entre realidad y psicosis está completamente desdibujada.  Son varias las ideas que respaldan que Margaret no está en su sano juicio, empezando por sus facciones, cada vez más desencajadas y su postura corporal desgarbada, como así sus actitudes en la empresa o frente a su hija y a su amante.

Rebecca Hall actúa como si estuviera presa de una legión de demonios, esos que representan su atroz pasado y que tanto la desencajan. ¿Es acaso la figura de David una representación de esos demonios?

Resurrección podría leerse como una mirada incisiva hacia las presiones que soporta la mujer actual en una sociedad signada por cierto machismo conservador. La maternidad forzada junto con la crianza sin padre y la necesidad de estatus social y de liderazgo, operan como una respuesta autoinmune a esa serie de maltratos a los que se ve obligada por David. A esta altura la pregunta que uno se hace es si acaso no es ella misma quien se autoflagela y la figura de David no es otra cosa que la representación de su inconsciente respecto a todos estos factores externos que la atormentan.

El filme de Semans es muy inteligente y no deja de jugar con nuestra imaginación con cada una de las escenas y con la sutileza de los planos y los movimientos de cámara.

La complejidad de la trama es como un laberinto de espejos dentro de otro y así sucesivamente, casi como un eterno loop, del cual no hay escapatoria.

Calificación: Muy buena.

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