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Gato con Botas: El último deseo

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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Si hay un personaje que merecía tener un spin off luego de aparecer en Shrek 2, era el Gato con botas. Y lo tuvo, pero hace más de diez años. Por eso a la mayoría nos sonó raro el anuncio de una secuela tan tardía. Pero lo lindo del cine es cuando nos sorprende, porque pese a que el tiempo pasó; el carisma del personaje sigue intacto. Veamos qué nos trae Dreamworks esta vez.

Por Jorge Marchisio

En esta oportunidad la historia pasa bastantes años después de la anterior entrega. En el medio, el Gato con botas tuvo varias aventuras y parrandas, que de a poco le fueron costando vidas. Ahora se encuentra viviendo la última, y por eso decide retirarse por miedo a morir. Hasta que se entera de la leyenda de un lugar que concede deseos; pero nuestro michi favorito no va a ser el único que busque dicho lugar.

Como podrán inferir por la sinopsis, esta película apenas conecta con su predecesora. De hecho, diríamos que no hace falta verla, o tampoco haberse maratoneado la saga Shrek para disfrutarla. Porque si algo hace bien este proyecto, es el de saber conectar tanto como con los grandulones que vimos al Gato con botas debutar en la franquicia del ogro verde, como con aquellos peques que ni habían nacido cuando salió el spin off hace once años.

Gato con botas: el último deseo presenta muchos chistes hacia la cultura pop, y más de una referencia a toda la franquicia a la que pertenece, así que los adultos vamos a estar contentos de vernos recompensados por estos guiños, porque fuimos nosotros quienes vimos nacer y crecer al personaje. Pero los chicos también la van a pasar bien, porque hay bastante humor físico. Sabemos que a los chicos los gags de golpes les causa bastante gracia, y en este caso, lo van a tener.

Pero pasando a lo malo, hay que comentar el ritmo de la película. Si bien el metraje es apenas de hora y cuarenta, la cosa por momentos se siente que se estanca, con algunos tramos de diálogo de exposición que se extienden por varios minutos. Sabemos que no somos el público objetivo, pero, de todas formas, que una cinta tan corta se sienta un pelín (¿Entendieron el chiste?) larga, es para resaltar.

Conclusión

Para no extendernos de más, Gato con botas: el último deseo es una recomendación segura. Por ahí hay algún problema con una de las voces (vimos la versión doblada), pero nada que arruine la película. Ideal para reencontrarnos con ese personaje que tanto nos hizo reír en su momento, y para que nuestros hijos/sobrinos/el enano que sea, lo conozca por primera vez.