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Cine de terror de los ’90: La decadencia del género

17 minutos de lectura

Bienvenidos a una nueva nota de Revista Sincericidio. Si para muchos de nosotros los ’80 fue la década indiscutida del cine de terror (aunque algunos añadirían la palabra “adolescente” con cierto desprecio), los ’90 sería la decadencia del género, al menos en cuanto a encanto, ideas nuevas y magia.

Por Guillermo Martínez

El inicio de los ’90 fue una extensión de los ’80, con sus consecuencias lógicas: saturación de terror adolescente, secuelas vacías de los viejos éxitos, pérdida de taquilla en el género y la explotación masiva del formato video y del éxito de los videoclubs.

Uno de los detalles más interesantes para ver cómo fueron los ’90 con respecto a los ’80, es pararse a observar lo que hicieron los hermanos Band, fundadores de la mítica Empire Pictures ochentera, que tuvieron que cerrar en 1989 para crear otra productora que se desarrollaría en los ’90 y que dejaría de lado el gore y el terror más duro para centrarse en el terror y la fantasía familiar casi para todos los públicos. La Full Moon (la nueva productora de los hermanos Band) sería un claro ejemplo de lo que había pasado con el cine de terror de los ’90, el cual se había vuelto descafeinado, aburrido y sin ideas.

En los primeros años de la década se vio cómo agonizaba el género y los subgéneros más rentables en el pasado, como el slasher o las pelis de zombies. Películas como La Novia de Reanimator, el remake de La Noche de los Muertos Vivientes o El Muñeco Diabólico 2 ya no impactaban tanto, a pesar de su calidad, como lo hubieran hecho hace unos años. Secuelas como Puppet Master 2, Depredador 2 o Basket Case 2 (por no hablar de Psicosis 4 o El Vengador Tóxico 2) decepcionaban y aburrían totalmente.

De los primeros años de la década de los ’90 solo podemos destacar films aislados como Terminator 2 (con más acción que terror), El Ejército de las Tinieblas (de Raimi) o la fascinante Candyman. Aunque también se puso de moda lo del psicópata doméstico, con pelis exitosas como La Mano que Mece la Cuna (1991), Mujer blanca soltera busca… (1991) o El Inquilino (1990), que no eran más que una adaptación del viejo slasher a los nuevos tiempos y que acabaría saturando la temática de los telefilms de la época.

Hubo una curiosa etapa de interés por el terror clásico y sus mitos a cargo de los grandes estudios, y se estrenaron (después del éxito de Coppola con Drácula, de 1992) películas de gran presupuesto como Entrevista con el Vampiro (1994), Frankenstein de Mary Shelley (1994) o Lobo (1994), que recuperaban los viejos mitos del hombre lobo, los vampiros y el clásico Frankenstein. Pero la verdad es que, artísticamente, algunas dejaban mucho que desear, o no aportaban nada nuevo y original que valiese la pena (por no hablar de la falta de gore y/o sustos). Así que la moda duró poco.

A mediados de los ’90, aburridos de casi todo, los fans empezaban a desesperar. Carpenter no fallaba y nos regalaba joyas como En la Boca del Miedo (1994), pero éxitos como El Cuervo (interesante, pero floja en su conjunto) resaltaban el mal momento del género, incapaz de reaccionar y aportar algo de frescura e ideas. Tuvieron que ser Robert Rodríguez y Tarantino los que pusieran la primera piedra en el nuevo cine de los ’90. 

Tras el éxito de Pulp Fiction (1994), ambos colegas nos regalaron Del crepúsculo al amanecer  (1995), que si bien no es una obra maestra (o al menos eso creo yo), sí es una buena y potente película con muchas cosas interesantes. Pero no sería hasta un año después cuando el cine de terror (o mejor dicho “terror adolescente”) regresaba con fuerza.

En 1996 se estrenarían dos pelis básicas: una es la conocida Scream, de Wes Craven, que parecía revitalizado gracias al guion del joven Kevin Williamson. La otra sería la hoy en día muy olvidada The Craft (dirigida por Andrew Fleming) que, si bien es una peli muy floja, es justo reconocer su aporte al resurgir el cine de terror para el público joven (al fin y al cabo, el público joven es el que siempre movió la taquilla). Porque parece (o eso nos hicieron creer) que Scream fue la única culpable y merecedora de todos los méritos, pero recordemos que The Craft fue otro éxito de taquilla que arrasó en EE. UU.

Es tan obvio lo que pasó que no hay mucho que analizar. A partir de ahí se puso de nuevo de moda el cine de psicópatas y el terror adolescente con el sucesivo estreno de secuelas de Scream, plagios de Scream y otras golosinas amparadas bajo la acogedora sombra del éxito del film de Craven. El resto, como suelo decir, es historia.

Scream (y sus efectos)

Todos recordamos cómo fue la fiebre de Scream y cómo la Dimension Films (filial de Miramax) explotó la mina que había encontrado. The Faculty, Halloween H20, Wishmaster, Phantoms y La Novia de Chucky fueron algunos de los títulos que la Dimension creó por y para los fans más jóvenes. Además, claro está, de la trilogía de Scream (antes de eso Dimension ya había creado cosas como El Cuervo para las nuevas generaciones de adictos al terror más cool).

Columbia Pictures copió el invento y lanzó dos films aprovechando la fiebre Scream; uno sería Se lo que hicieron el verano pasado (con el mismo Kevin Williamson firmando el guion) y el otro Leyenda Urbana. Ambos films exitosos y con secuelas, pero que no le llegaban ni a la suela de los zapatos en cuanto a calidad a Scream.

A diferencia de los ’80 (donde hubo films que lograban superar la seminal Viernes 13 o igualar la hazaña de Halloween), en los ’90 nadie era capaz de llegar al nivel de Scream o tan siquiera acercarse. El slasher, más que nunca, era definitivamente el género más y peor explotado. El slasher caería pronto en el olvido, dando paso al terror psicológico y al cine de terror oriental.

El fenómeno Scream dio una gran secuela como fue Scream 2 y la posibilidad de estrenar pelis de calidad, aunque lejos del subgénero slasher (Event Horizon, Deep Rising). Por supuesto que alegró el panorama y revitalizó el género de terror (al menos en taquilla) y eso para todo fan es positivo. Pero quizá la calidad con respecto a los ’80 se había visto muy mermada, porque no hay cosa más triste que imitar slashers de tercera sin sangre ni nada.

Terror “serio” Vs. terror “pochoclero”

Sí, se intentó hacer terror serio y de gran presupuesto en los ’90, pero fracasó. Llegó la nueva moda del terror “pochoclero” para adolescentes (algo que casi nunca falla), y acertaron, pero cuando no daba más de sí, se volvió al terror más serio, y esta vez sí acertaron con Sexto Sentido y El Proyecto Blair Witch a finales de los ’90.

Siempre existió la eterna discusión de si es mejor que el cine de terror sea serio y con pretensiones artísticas, o es mejor ofrecer más diversión y espectáculo.

Obviamente, desde mi punto de vista, la mezcla de las dos es ideal. Pero para la crítica, el terror adolescente y pochoclero nunca fue digno de mención, mientras que las propuestas pretenciosas sí entraban en su agenda. En base a esto, uno termina sintiendo más simpatía por el terror más brutal, aunque llega un momento en que los chistes ya no hacen reír y en que el terror se convierte en broma.

Lo ideal es seguir el ejemplo de Viernes 13: un film de terror duro, pero hecho para adolescentes que comen pochoclos en el cine. ¿Por qué no se sigue haciendo cine que esté hecho para los jóvenes y a la vez sea duro y serio? ¿Por qué esa obsesión por meter chistes y personajes boludos en los films de terror adolescente? Porque es más fácil hacer eso que tomárselo en serio, no hay más misterio.

En los ’90 el cine adolescente se convirtió en un clon del terror ochentero, pero más deficiente, con más chistes y con más relleno que nunca. El cine más serio era demasiado pretencioso y demasiado artístico, lo que lo convertía en frio y aburrido. Una vez más, ganó la lucha el terror pochoclero, que al fin y al cabo es más entretenido, se diga lo que se diga, pero todos extrañamos esa sabia mezcla de cine serio y pochoclero de los años ’80.

Segunda mitad de los ’90

Sin duda, a mí me parece más interesante la segunda mitad de los ’90, no solo por el efecto Scream, sino por la cantidad de estrenos que nos alegraron la vida. Desde The Relic (un film muy olvidado que fue Nº 1 en su día, pero que como todo subproducto quedó cubierto de polvo casi enseguida) basado en una novela de la época, hasta el mega éxito de Sexto Sentido, se hicieron un montón de pelis que vale la pena rescatar.

The Relic solo le interesó a los fans de Alien y otros monstruos por el estilo, pero El Dentista sería una curiosa clase B del respetable Brian Yuzna. También tuvimos un film como Uncle Sam del mítico William Lustig que (de nuevo con Larry Cohen) nos recordó lo entrañable que era la clase B americana (aunque el film no sea nada del otro mundo). Phantoms nos sorprendería con su descaro, basada en una novela flojísima de Dean Koontz. Al menos ofrecía algo lejos del asesino enmascarado de Scream y tenía cierta atmósfera. Event Horizon es otra peli de culto que ha quedado como un mini clásico de la época, con un terror más duro y psicológico, y sus dosis de gore (a lo Clive Barker), ambientada en el espacio.

La versión de Psicosis (1998) de Gus Van Sant me causó mucha gracia y la disfruté bastante, aunque casi nadie salió satisfecho de tal atentado contra la memoria de Hitchcock. La Novia de Chucky fue un auténtico terror pochoclero con escenas antológicas. Casi lo mismo puede decirse de Deep Rising, con su propuesta más bien cutre, pero con mucho encanto.

A Leyenda Urbana siempre la consideré un film menor, pero un festín para el fan del slasher más ochentero (no así su horrorosa secuela) y Los Expedientes X (la película) siempre me gustó como buen fan de la serie.

No es como los años ’80, pero al menos al final de la década la pasamos muy bien, aunque solo fuera una especie de espejismo.

Los bodrios de los ’90

La década estuvo llena de porquerías, y hay para todos los gustos. Desde la insoportable Frankenstein, de Kenneth Branagh, hasta el remake de The Haunting.

Depredador 2 fue una decepción, pero nada comparado con Basket Case 2, The Guardian (de William Friedkin) o The People Under the Stairs, de Craven. Las distintas secuelas de Amityville o Silent night, deadly night te daban ganas de cortarte las venas. Películas como Innocent Blood, de John Landis, te hacían sentir pena por sus famosos y míticos directores.

Hay una peli que especialmente me dio bronca, y es el famoso Drácula, de Coppola, pero ya sé que mucha gente la adora y los críticos también. También teníamos Needful Things, Ghost in the Machine, La Nueva Pesadilla o Village of the Damned. Ni John Carpenter se salvaba. Pretenciosidades vampíricas como Nadja (con cameo de David Lynch) o telefilms como Sometimes They Come Back… Again (secuela de la enésima adaptación de Stephen King) tampoco estuvieron a la altura.

Pero si hay un film que realmente me hizo considerar la posibilidad de cortarme una mano o algo peor fue, sin duda, Brainscan. Para mí, una de las peores películas de los ’90. No sé si alguien la recordará, pero el protagonista es Edward Furlong (el chico protagonista de Terminator 2) y se las tenía que ver (gracias a un videojuego) con un clon de Freddy Krueger.

Dentro de los bodrios podemos incluir el apartado de decepciones totales, en las que incluyo Species y su secuela (dos clones de Alien que contaron con el propio H.R. Giger de diseñador del monstruo), Hideaway, Lord of Illusions, Congo, la secuela de The Crow, Fallen, Godzilla, The Devil’s Advocate, Mimic (otro plagio de Alien), The Fan (donde de Niro empezó su decadencia), Anaconda, Vampiros (que me fascina), Progeny, Revenant, Tale of the Mummy, End of Days, etc… porque la lista es infinita.

Pelis de culto y rarezas

Hubo un puñado de pelis que llegaron a nuestros videoclubs y que hoy en día recuerdo como rarezas o pelis de culto. Estaba The Fear, de 1995. Lo gracioso de esta peli es que cuenta con un cameo de Wes Craven. Y no sé por qué, pero siempre que hablo de esta peli recuerdo otra rareza como Kolobos. Esta es de 1999, pero siempre recuerdo que The Fear y Kolobos estaban en la misma estantería del videoclub y las vi prácticamente a la vez. Kolobos era otra rareza sobre cosas extrañas que le pasan a una chica y contaba con una madura Linnea Quingley.

Darkness es otra peli que me impactó. Era una clase Z de 1992 que trataba de vampiros. Dirigida por Leif Jonker, la sangre salpicaba a borbotones y recordaba mucho a The Dead Next Door, de Bookwalter. La parte final era la más recordada por ser bastante gore, pero con el encanto americano, muy lejos de la frialdad alemana.

Leprechaun (1993) se convirtió en un miniclásico de culto. Primero por el duende protagonista (que tiene su gracia) y luego porque la protagonista femenina de este pequeño engendro era ni más ni menos que una joven Jennifer Aniston antes de salir en la serie Friends. Se hicieron muchas secuelas de este film, pero solo el primero vale la pena.

Repossessed (1990), con Leslie Nielsen y la propia Linda Blair tampoco estaba mal. Sin duda era la comedia de terror mas delirante de todas las que se hicieron en la época.

Shock’Em Dead, del mismo año, también me parece entrañable, con ese guitarrista satánico y la bonita Tracy Lords.

Otra peli sin desperdicio fue Class of 1999 (1991), secuela tardía de la mítica Class of 1984 (1982), con una Pam Grier haciendo de cyber-profesor. Dr. Giggles (1992) sería un slasher con un doctor loco muy entrañable y Sleepwalkers (otra adaptación de Stephen King) fue otro miniclásico de su época. Ozone, de 1993, sería el nuevo engendro de Bookwalter y Demon Knight (bajo la franquicia de Tales From the Crypt) sería otra sorpresa muy agradable, con un espléndido Billy Zane (el rico malo de Titanic)

In the Mouth of Madness fue la joya de culto que nos trajo Carpenter, un film onírico que realmente le fascinó a todo el mundo. Night of the Demons 2 quiso recuperar la magia del clásico de los ’80, de Kevin S. Tenney (aquí de nuevo en la dirección). The Good Son (con Elijah Wood y Macaulay Culkin) se convirtió para mí en el film definitivo de niños psicópatas, junto con Mikey (1992), un delirio clase B con Brian Bonsall como niño psicópata, siendo uno de los films que más me impactó en su día y una de las pelis de culto más olvidadas de la década.

Y qué decir de Jacob’s Ladder (1990). Fue otra sorpresa maravillosa, un film fascinante y potente como pocos, con un final sorpresa increíble y dirigido por el denostado Adrian Lyne.

Para terminar, Deep Rising (1998), me parece otra peli a reivindicar y un clásico clase B en todas las de la ley.

Algunas joyas de culto

Doppelganger (1992)

Extraño film protagonizado por Drew Barrymore, donde hace de una chica que se traslada de New York a Los Ángeles después de un asesinato con un cuchillo de cocina. Claro que, en su nueva vida, los asesinatos y la sangre volverían a correr.

El gore y el delirio aumentan conforme avanza la película, hasta su parte final, donde sin duda a Avi Nesher (director y guionista) se le vuela la peluca y nos regala una secuencia con Drew Barrymore en metamorfosis.

En fin, buenos FX de los famosos Kurtzman, Nicotero y Berger.

Gore Whore (1994)

Una curiosa mezcla de gore y sexo, donde al final los zombies se convierten en los protagonistas.
Se inicia con los créditos y unas impactantes fotos de bondage, y la primera escena consiste en una chica que esposa a un hombre a la cama y le arranca el pene de un mordisco, para luego devorarle el cuello.

Acá la historia va de una prostituta morbosa que se dedica a matar y descuartizar clientes (tanto hombres como mujeres) y celebrar orgías de sangre. Pero lo más gracioso es que se dedica a resucitar muertos con un líquido que les inyecta por el culo a través de una jeringa incrustada en un consolador con forma de pene. De esta manera, un tipo que la sigue tendrá que vérselas con ella y sus zombies.

Tetas, sexo, zombies, decapitaciones, amputaciones y mucho, mucho gore para este film de culto por mérito propio, que fue producido, escrito y dirigido por Hugh Gallagher.

Scrapbook (1999)

Basada en hechos actuales” pone al principio este film brutal hecho directamente en video. El film está dirigido por un tal Eric Stanze, especializado en films repugnantes (uno de sus films se titula “I spit on your corpse, I piss on your grave“)

Acá vemos cómo un psicópata secuestra y hace salvajismos con una chica que se lleva a la casa, donde suele practicar todo tipo de atrocidades. En una de las escenas más brutales del film, el tipo ata a la chica a la cama, la viola brutalmente y luego, mientras ella está sangrando por la vagina, él orina sobre ella.

Uno de los films más brutales que tuve la oportunidad de ver. Con un tono realista y ambiente casi snuff, es una delicia para los amantes de la violencia sexual más cruda y las pelis de psicópatas más enfermizos.

Mikey (1991)

Bodrio entrañable protagonizado por el actor infantil Brian Bonsall (más tarde fichado por Disney para protagonizar comedias familiares como Blank Check o Father Hood) que, en realidad, es un slasher loquísimo lleno de asesinatos creativos.

La historia trata sobre un niño huérfano que va de familia en familia a través de la adopción, pero como es un psicópata, al final termina matando a quien se le cruce en el camino, simplemente porque tiene ganas. El niño se llama Mikey, obviamente, y su locura llega al punto de que graba en video sus asesinatos y luego los pone en su habitación como si fueran pelis de dibujos animados.

Lástima que el guion sea desastroso y los diálogos esquemáticos, porque si no podría haber llegado a ser una peli básica y potente. Aun así, el film puede considerarse un clásico entre los psychokillers infantiles. Y detalles como la del chico matando a su profesora con una bola de acero despedida con su gomera, son realmente graciosos. Incluye un final pseudo sorpresa y abierto que podría haber dado lugar a una saga. Como curiosidad, Mikey confiesa ser fan de la peli A Nightmare on Elm Street. Un pibe con buen gusto.

Leprechaun (1993)

Peli escrita y dirigida por Mark Jones que trata de un duende nefasto (interpretado por un actor de menos de medio metro) que quiere recuperar su tesoro de monedas de oro, y que por el camino no escatima en matar sangrientamente a quien lo moleste.

La peli es de 1992 y se editó en VHS. Una de las curiosidades más morbosas de la peli es que está protagonizada nada más y nada menos que por una jovencísima Jennifer Aniston (mucho antes de que empezara la serie Friends) Obviamente, ella hoy reniega de esta película, pero los fans la seguimos considerando una obra de culto.

En fin, se trata de una divertida y disfrutable peli clase B.

Psycho (1998)

En plena fiebre de los remakes, apareció la madre de todos ellos Nada más y nada menos que Psicosis, calcada plano a plano (aunque con algunas novedades curiosas). Dirigida por Gus Van Sant, con el apoyo de la familia de Hitchcock.

La cosa empieza un viernes 11 de diciembre de 1998, a las 14.43 pm y con ese plano larguísimo entrando por la ventana de la habitación, donde Anne Heche y Viggo Mortenssen descansan tras un buen sexo. Primero podemos verla a ella con un vestido rosa y uñas rojo sangre, luego con otro vestido naranja con flores estampadas rojas y verdes, así como un bolso y complementos muy coquetos (incluyendo un monedero de plástico transparente). El diseño de producción es tan cursi como fascinante.

La historia evidentemente es igual, calcada, fotocopiada plano a plano aunque con alguna que otra novedad.

El motel Bates es más pop y chic. El diseño de producción es muy curioso y a mí me encanta. La casa de Bates es nueva, le dieron un nuevo diseño (esto es quizá lo que menos me gusta, que no sea la misma casa de la peli original), pero como se puede ver en el making of, se trata de un decorado delante de la casa original.

Vince Vaughn hace de Norman Bates y sin duda es otra gran elección, ya que puede hacer un papel con ciertos toques femeninos, aunque sobreactúa en algún momento (todo lo contrario a Anthony Perkins en la original).

La conversación Crane-Bates durante la cena improvisada sigue siendo brillante, pero prefiero la original. La escena de la mirilla con Bates masturbándose al contemplar a Marion Crane es una de las novedades. Esto nos lleva a la discusión de si es mejor lo explícito que lo implícito. Esto de la masturbación le quita misterio a la historia original.

Durante la escena de la ducha hay más novedades. Ahora se intercalan imágenes de nubes tormentosas, la sangre es ultrarroja (acorde con el tono cursi de la estética de la peli) y vemos las heridas en la espalda de Marion.

Aparece Julianne Moore con sus auriculares y esto es una de las cosas más criticadas. ¿Qué hace la hermana con los auriculares todo el día si está tan preocupada?

William H. Macy demuestra por qué es un pedazo de actor. Su papel como el detective Arbogast es perfecto. Es lo más parecido a un actor de cine negro en estado puro.

Otra novedad con respecto al film original es la escena de la muerte de Arbogast, donde se intercalan de nuevo imágenes sin sentido (en este caso, una mujer medio desnuda con antifaz y un animal en una carretera lluviosa).

También vemos a Julianne Moore en la pieza de Norman comprobando que tiene revistas eróticas. Y ya sabemos cómo termina la historia. Una peli para fans que necesitan más del universo de Psicosis y un atentado criminal para cinéfilos.

Entre los detalles curiosos a destacar, está el cameo de Flea (el bajista de los Red Hot Chili Peppers) y ver en los créditos cómo Gus Van Sant le da las gracias a John Woo por su “cuchillo de cocina”.

Conclusión

En pocas palabras, la gente se cansó un poco de todo y el éxito y los grandes presupuestos parecían cosa del pasado. Los ’90 estuvieron plagados de adaptaciones de Stephen King, secuelas de Viernes 13, slashers de tercera categoría y lo peor de todo: la imposición social de lo políticamente correcto que tanto daño le hizo al cine de terror.

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