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Sympathy for the Devil: Locuras a go-go

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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Sympathy for the Devil es una película de suspenso psicológico estadounidense de 2023, dirigida por Yuval Adler y escrita por Luke Paradise. La fotografía fue de Steven Holleran, la música de Ishai Adar y editada por Alan Canant. La fotografía comenzó en Las Vegas el 8 de julio de 2022 al 30 de agosto del 2022. La mitad de la película se filmó en un estudio virtual con sede en Las Vegas, propiedad de Vū Technologies.

Por Daniel López Pacha

Está protagonizada por Nicolas Cage (pasajero), Joel Kinnaman (conductor/David), Alexis Zollicoffer (camarera), Cameron Lee Price (policía), Oliver McCallum (niño), Burns Burns (propietario), Rich Hopkins (camionero), Nancy Good (abuela), Kaiwi Lyman (colega), Danny Tesla (paramédico) y Annisse White (patrocinadora de hospital).

Sinopsis

David se encuentra en vísperas de convertirse en padre por segunda vez. Cuando arriba al hospital, donde su esposa está a punto de dar a luz, un individuo de cabello escarlata, una mirada que evoca a un asesino desquiciado y un revólver empuñado, lo interpela, exigiendo que tome el volante. Así comienza un viaje hacia lo inexplorado y hacia un pasado cuyas consecuencias perduran en el presente: El Pasajero resulta ser alguien profundamente desequilibrado, atribuyendo a David la responsabilidad de sus infortunios debido a un suceso ocurrido hace quince años. David insiste una y otra vez en que no es la persona que el otro imagina que es.

En Cage, se observa una búsqueda constante de lo exótico y un deseo de expandir los límites de la actuación, elementos que absorben por completo la atención en pantalla. Sin embargo, en este caso, se echa en falta una estructura que enmarque y justifique esta inversión de energía. “Sympathy for the Devil” funciona principalmente como una vitrina para la desconcertante y vigorosa interpretación de Cage, sin profundizar mucho más allá de eso.

Joel Kinnaman, por su parte, utiliza su voz suave magistralmente para forjar el retrato de un hombre corriente, un individuo afectado por la mala fortuna y cuyo único deseo es reunirse con su esposa. En comparación, su actuación llega a superar en ciertos aspectos a la de Cage.

El director de fotografía Steven Holleran utiliza las lentes nocturnas para crear una estética neo noir, sumergiendo al espectador en un mundo de neón donde los tonos rojos y verdes azulados emergen con intensidad. La música original compuesta por Ishai Adar resuena como el lamento del acero, amplificando la tensión preconcebida de la película.

En esta obra, se presenta a Cage bajo la figura de un artista kamikaze, cuya comunicación no verbal fluye a través de los intersticios de una trama predecible que ambiciona ser un recorrido magistral a través de los abismos de la locura y la venganza. El personaje de Cage trasciende las convenciones habituales de un papel protagónico. Más que un simple individuo, encarna un espectro de estados emocionales cuidadosamente esculpidos para otorgarle la libertad de manifestar una diversidad de expresiones extravagantes.

Transpira intensidad, desafía los límites visuales al despojarse de inhibiciones visuales, esboza una sonrisa que evoca la impronta de la demencia, libera gritos que parecen arrancados de lo más profundo y hasta selecciona “I Love the Nightlife” de Alicia Bridges en el tocadiscos de un restaurante en vísperas de un inminente estallido de acción. No solo eso, sino que se sumerge en el tema musical con un entusiasmo enloquecido, combinando sus pasos de baile con letras vociferantes.

No obstante, su nivel de audacia resulta insuficiente, ya que la cinta dirigida por Yuval Adler parece reiterar elementos característicos de películas de viaje en carretera, pero sin lograr establecer una tonalidad constante ni una narrativa persuasiva propia. Básicamente ambivalente, el guion elaborado por Luke Paradise brinda a sus protagonistas numerosas ocasiones para el despliegue histriónico, careciendo únicamente de un trasfondo verosímil y una convicción profunda.

Conclusión

El desafío no radica únicamente en que el guion parece hacer constantes guiños a otras películas, sin lograr establecer su propia identidad de forma cohesiva. Lo que resulta aún más problemático es que estas señales ambivalentes terminan chocando con la premisa que pretende ser un paseo irónico y exuberante, llevando la trama hacia un giro inesperado al final que requiere ser tomado en serio. Lamentablemente, no se encuentra nada convincente en presenciar a este actor en particular cambiar abruptamente de un tono juguetón a uno seriamente forzado, careciendo así de cualquier impacto conmovedor. Excesivamente artificial y carente de inspiración para trascender más allá de la superficie aparente de la mediocridad.

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