Revista de Cine: Revista Sincericidio

Revista de cine, y entretenimiento. – Noticias de cine, entrevistas del mundo del cine y VOD, festivales de Cine, estrenos.

Especial William Friedkin: Homenajeamos al director que revolucionó el cine de terror

17 minutos de lectura

Después de experimentar problemas de salud recientemente, el conocido director y guionista estadounidense William Friedkin falleció en Los Ángeles a la edad de 87 años. Entre sus producciones se destaca “El Exorcista”, una de las películas de terror más importantes de todos los tiempos y que más impacto ha generado en la cultura popular.

Por staff de Revista Sincericidio

A lo largo de su carrera, Friedkin como director demostró una versatilidad intachable, cargándose al hombro películas enmarcadas dentro de géneros diversos, que van desde el terror y el thriller hasta el drama y el cine policíaco. El director se caracterizó por su enfoque documental a la hora de contar una historia, lo cual se traduce en una obsesión por el realismo, la intensidad emocional en sus personajes, la experimentación visual a la hora de generar atmósferas y, por sobre todo, exigencia y pasión por la narración a la hora de abordar temas emocionalmente intensos, perturbadores o incómodos, lo cual dejó una huella difícil de borrar dentro de la industria cinematográfica.

Con el staff de Revista Sincericidio decidimos rendirle un pequeño homenaje y repasar algunos de los títulos más significativos de su vasta trayectoria:

“El Exorcista”, por Guillermo Martínez

Corría el año 1997. Dos años antes y con 6 años de edad había empezado a enamorarme del cine de terror. Complicidad de mis padres mediante, tuve mi primer encuentro con el género a partir del alquiler de tres películas icónicas: La Profecía, de Richard Donner, IT, de Tommy Lee Wallace y La Noche de los Muertos Vivientes, remake dirigida por Tom Savini. Obviamente, en ese momento solo acompañaba a mi papá al videoclub y me guiaba por cuánto me sorprendían las portadas. Una vez elegidas, levantaba la mano y con el dedo señalaba las elegidas del día, y mi papá las alquilaba.

Mi papá es actor y director de teatro, y desde que tengo uso de razón siempre estuve en contacto con el arte, la dirección de actores, la escenografía, el maquillaje, los guiones, los elencos y las puestas de luces, por lo que siempre existió un acuerdo tácito entre él y yo acerca de lo que es y cómo se construye una ficción. Eso significó tener cierta ventaja a la hora de ver y acceder a casi todo tipo de cine, y que no haya impedimentos al momento de alquilar una película ni tener que recibir demasiadas explicaciones al respecto. Pero hubo una excepción.

Para ese entonces, y aun siendo un pequeño, ya había visionado películas como Viernes 13, Halloween, La Masacre de Texas, Pesadilla en la calle Elm, Hellraiser, Critters, Child’s Play y la lista sigue. Un día, sentado en la cocina frente al televisor, una serie de imágenes me llamaron poderosamente la atención. El canal América iba a transmitir El Exorcista un viernes a las 22.00 hs. ¡Esa no la había visto y tenía una pinta bárbara! Mi papá, automáticamente, me dijo “Esa no es para vos. Yo ya la vi y es muy fuerte”. Ante mi insistencia, mi papá seguía manteniendo su postura: “No la vas a ver. Yo la voy a grabar en un cassette para mí”. Grave error.

Atento a la información que yo había obtenido, sabía que mi papá la iba a grabar y que el VHS iba a estar a disposición en nuestro hogar. Así sucedió. Un sábado por la mañana, me levanto y mis papás no estaban en casa. Aproveche la oportunidad. Empecé a buscar el cassette desesperadamente, apurado, ya que quería ver la película antes de que ellos llegaran. ¡Lo encontré apoyado en una biblioteca! Me fui corriendo a su habitación, puse el VHS en la videocasetera, me acosté en la cama y el resto fue historia.

Si antes amaba el cine de terror, a partir de El Exorcista ese sentimiento pasó a ser incondicional. Más allá de que no dejé de temblar en toda la película, había algo que la diferenciaba del resto. Ya había visto cabezas ser cortadas, mutilaciones, vísceras, monstruos de todo tipo, desnudos totales y sangre a borbotones. Entonces: ¿Qué diferencia marcó en mi cabeza esta obra en comparación a las demás películas del género? Con el correr del tiempo lo pude discernir.

Desde mi perspectiva, uno de los puntos más importantes y característicos radicó en la elección del elenco. El Padre Merrin fue interpretado por Max von Sydow, actor sueco inseparable de los mayores éxitos de Ingmar Bergman. Para el papel de la madre de Regan, Friedkin eligió a Ellen Burstyn, una antigua alumna del Actor’s Studio. Para el Padre Karras convoca a Jason Miller, dramaturgo y actor a quien descubrió en el teatro. Regan, la nena poseída, fue interpretada por la asombrosa Linda Blair, quien luego se abocaría al cine de terror y al de explotación.

Otro de los aspectos fundamentales de la película, es que Friedkin no buscó crear una atmósfera poética e irreal. Al contrario, se acercó más a un thriller dramático. Este es uno de los puntos que siempre recalco a la hora de hablar de las bondades de esta obra maestra: el drama.

También fue fundamental el rol que ocuparon los efectos especiales que acompañan a las manifestaciones demoníacas, los cuales aportaron tanto realismo como verosimilitud al relato. Friedkin contó con los servicios de Dick Smith, prestigioso maquillador que acababa de realizar, por ejemplo, el espectacular envejecimiento de Marlon Brando en El Padrino.

Narrativamente, en El Exorcista se confrontaron las manifestaciones sobrenaturales casi medievales con un universo contemporáneo, urbano y muy oscuro. Esta forma de aprehender el horror de forma documental, renunciando a las características del terror cinematográfico tradicional, fue empleada un poco antes con éxito en La Noche de los Muertos Vivos (1968), obra maestra de George Romero.

En este caso, Friedkin ataca el tema central de su relato: la problemática de la fe y la duda. El director cuenta que conoció a muchos católicos para preparar la realización de su obra.

En la película, el director supo jugar hábilmente la carta de la ambigüedad. Toda la tragedia que estamos presenciando termina siendo la visión de la historia tal como la perciben sus protagonistas, arrastrados a una espiral agónica de duda e histeria colectiva. Vale recordar el discurso de los médicos sobre la esquizofrenia y la eficacia de los exorcismos, lo cual adquiere una resonancia particular. Esta dimensión, singular, aporta un espesor adicional a la historia, que podría resultar más compleja de lo que parece.

Gracias a la calidad de su enérgica producción, sus innovaciones y sus excelentes intérpretes, El Exorcista sigue siendo una obra poderosa y única. Un gran éxito para Warner Bros, que no se arrepiente de haber sido la primera gran compañía en producir una obra de terror con estas características, ni yo me arrepiento de haberla visto aquella vez a escondidas, porque cambió mi vida para siempre.

GRACIAS, Billy.

Disponible en HBO Max

Calificación: Imprescindible

“Bug”: Bichos en la cabeza, por César Heil

Cuando menos lo esperábamos, el director William Friedkin, recordado por la fantástica Contacto en Francia (1971) y la espeluznante El Exorcista (1973), falleció repentinamente este 7 de agosto. Su muerte dejó a todos sorprendidos y desconsolados. Su partida física nos deja un enorme hueco, el cual va a ser difícil de cubrir. Es por eso por lo que, desde Revista Sincericidio, creemos que un director de la talla de Friedkin debe tener su correspondiente homenaje.

En mi caso he elegido homenajearlo hablando sobre Bug (2006), uno de sus últimos filmes en donde el veterano director volvía a demostrar que, a pesar de haber pasado por algunos tropiezos en su carrera, podía inquietarnos como lo hiciera con El Exorcista.

En Bug, Friedkin se basa en una pieza teatral de Tracy Letts para adentrarnos en un mundo en donde el horror subyace en la metáfora de unos insectos invisibles al espectador, pero reales en la cabeza de sus protagonistas. Como en La Metamorfosis de Fanz Kafka (1833- 1924) los insectos que dan origen al título del filme se apoderan del cuerpo y la mente como una de las siete plagas de Egipto. Pero Bug no es un filme simple, sino todo lo contrario, su historia busca en la multiplicidad de lecturas confundirnos al punto de no saber realmente dónde está lo real y dónde la terrible fantasía.

La historia nos habla de Agnes (Ashley Judd) una mujer sumisa, abandonada a sus propios miedos e inseguridades. Una mujer que ha perdido a su hijo Lloyd de tan solo 6 años en un supermercado, pero parece estar resignada a su perdida, pues no hace otra cosa que esperar que el teléfono suene dándole la noticia que la redima, para así poder expiar la culpa que la abruma. Pero el personaje de Agnes es tan complejo que por momentos no sabemos si es lesbiana, ya que mantiene una relación de pareja con su amiga RC (Lynn Collins) y por otro descubrimos que ha estado casada con un tal Jerry Gross (Harry Connick Jr.) un hombre violento que acaba de salir de la cárcel y ha regresado como un fantasma de entre los muertos.

Luego, a través de su amiga RC conocerá a Peter Evans (Michael Shannon) un ex combatiente de la guerra del Golfo, que al igual que ella ha perdido todo en la vida. Peter se quedará a vivir con Agnes y ambos entablarán una relación. Claro que con la presencia de Evans comienzan a aparecer los bichos y las ideas de conspiración del gobierno para controlarnos a través de estos insectos inteligentes, los cuales abundan en la sangre de Peter y contagian a Agnes.

Y aquí es donde el filme, que se había iniciado como un drama, comienza a entrar en el terreno del horror tomado de la mano de la locura, porque Agnes hace su descenso a los infiernos y se deja arrastrar por las ideas de Peter, al punto de perder completamente la razón. ¿Pero es real todo lo que sucede en el motel donde viven Agnes y Peter? No, es evidente que todo está en la cabeza de Peter y Agnes, nadie más que ellos pueden ver los bichos y esto es un primer indicio que nos está indicando por dónde va la lectura del filme.

Finalmente, el horror se apodera de ese cuarto de motel barato, al punto de transformarse en el reflejo de su propia paranoia. La ambigüedad de la historia es evidente y Friedkin esto lo sabe, y por eso juega con ello, como en la escena en donde les llega una pizza que nunca pidieron y que por supuesto rebalsa de bichos. O la escena en donde aparece el doctor Sweet (Brian F O`Byrne) y trata de convencer Agnes para que entregue a Peter y termina apuñalado por éste, porque dice que es un robot enviado por el gobierno para controlarlos. O la impresionante escena en donde Peter se arranca una muela, pues allí debajo, según él, están escondidos los sacos que contienen los huevos de los bichos.

Al final, Agnes sucumbirá a su locura y al igual que Gregorio Samsa, el personaje de La Metamorfosis, ella estará convencida que es una reina – insecto y Peter el macho que la fecundó para procrear una infectante prole de insectos.

Conclusión

Bug es un filme de esos que provocan, que no dejan indiferente al espectador y que demuestra la solvencia que William Friedkin tenía como director.

El claustrofóbico escenario en donde se desarrolla la mayoría de la historia funciona perfectamente como ese nido infectado que es la cabeza de los personajes y además cuenta con un destacado elenco, en donde la interpretación de Ashley Judd en el papel de Agnes es realmente superlativa y debió haber sido merecedora de algún premio por su magnífica actuación. Gran parte de la solidez del filme es mérito de ella y también de Michael Shannon, quien la acompaña de manera brillante.

Si pueden vean Bug, un filme poco conocido en la carrera de William Friedkin, pero de indispensable visionado.

Calificación: Muy buena

“Good Times”, por Daniel López Pacha

En homenaje al fallecimiento de William Friedkin, me decidí por Good Times. La película es una comedia musical estadounidense de 1967 y marcó el debut como director de William Friedkin, quien más tarde dirigió The French Connection y The Exorcist.

La trama sigue a Sonny Bono y a Cher mientras se embarcan en diferentes aventuras, a menudo enfrentándose a situaciones cómicas y extravagantes. La película está llena de números musicales en los que Sonny & Cher interpretan canciones pop y presentan su característica dinámica como pareja en el escenario. Aunque la trama es en su mayoría predecible y la comedia puede ser un tanto simplista, los fanáticos de Sonny & Cher y de la música de la década de 1960 pueden encontrar disfrute en los momentos musicales y en la energía de la pareja en pantalla.

La película se aprovecha del carisma y la química entre Sonny & Cher, una popular pareja musical y de entretenimiento. La película se enmarca en la tendencia de la época de presentar a estrellas de la música en comedias musicales ligeras, diseñadas para capitalizar su popularidad y atraer a sus fanáticos. Aunque la película no es ampliamente considerada como una obra maestra del cine, tiene su propio encanto y ofrece momentos entretenidos.

Sonny Bono tenía el deseo de materializar una película que tuviera como protagonistas a él y Cher. En ese camino, se cruzó con William Friedkin, un joven realizador proveniente del ámbito documental, que recientemente había incursionado en el mundo del drama. Coincidentemente, ambos estaban bajo la representación de la Agencia William Morris, estableciendo así una conexión. La relación entre ellos era cordial, y gracias a la intervención de Abe Lastfogel, se logró persuadir a Steve Broidy para que financiara la película.

El inicio del proceso implicó la lectura de varios guiones, pero un momento crucial llegó con la recepción de una carta de un guionista novato llamado Nicholas Hyams. Este nuevo talento sugirió la posibilidad de que Sonny y Cher fueran los protagonistas de una película que girara en torno a la realización de una película en sí misma. Hyams fue contratado inicialmente para llevar a cabo este enfoque, aunque la colaboración con Friedkin no resultó ser fluida. Se percibía en Hyams una actitud condescendiente hacia Sonny, y su desprecio hacia Friedkin era palpable.

Finalmente, la colaboración con Hyams se interrumpió, lo que condujo a que Friedkin y Bono tomaran las riendas del proceso creativo. Partiendo de la idea original de Hyams, se embarcaron en la tarea de escribir el guion ellos mismos. En este punto, hubo un desacuerdo en cuanto al título de la película. Broidy favorecía la denominación “I Got You Babe”, mientras que Bono inclinaba su preferencia hacia “Good Times”, inspirado en una canción que estaba componiendo en aquel entonces.

La película no solo contaría con su trama cinematográfica, sino que también incluiría una serie de canciones significativas. Estas canciones serían lanzadas en un álbum de banda sonora, enriqueciendo aún más la experiencia audiovisual que Sonny y Cher estaban creando.

La película se puede ver en YouTube subtitulada en español.

“The French Connection”: Injustamente olvidada, por Jorge Marchisio

Con la triste muerte del gran director William Friedkin, decidimos hacer este homenaje repasando algunas de sus películas. En lo personal decidí ir por quizás una de sus mejores obras, pero que, al mismo tiempo, hoy en día, está injustamente olvidada por la mayoría de los supuestos cinéfilos: The French Connection.

Nos vamos a 1971, donde Gene Hackman da vida al detective “Popeye” Doyle, quien está detrás de la pista de Alain Charnier, en apariencia un prestigioso empresario, que en realidad es un zar de la droga, quien planea llenar Nueva York con su veneno.

Muchos me dirán qué le veo de genial a una película con una trama tan simple. Primero repito que estamos en 1971. Y segundo porque de verdad es un peliculón, con personajes tan bien construidos, y sobre todo, escenas de tensión muy bien logradas; ya sea por lo que representa para el trabajo del policía, como en el hecho de ver al villano jugándola de inocente para distraer/boludear a sus perseguidores (hay dos momentos bastante evidentes).

En ese sentido, la dirección de Friedkin destaca por sobre la media, mostrando que el señor no solo sabía dirigir terror (recordemos que su película más conocida es El Exorcista). Y ya con eso, lo que dije en el primer párrafo vuelve a tomar relevancia al ver lo olvidada que está The French Connection.

En un momento mencione a los personajes. Tanto Hackman (ganador del premio Oscar a Mejor Actor) como el español Fernando Rey se comen la película. Sí, sabemos que Roy Scheider estuvo nominado, pero en mi opinión es Rey quien logra acompañar a Hackman en un sentido actoral. Sobre todo, por el carisma que le imprime a su villano, haciendo que alguien que vende drogas y que no le tiembla el pulso para mandar a matar, no nos termine cayendo del todo mal.

Muchas veces se dice que las verdaderas ganadoras de los Oscar son las que trascienden en el imaginario popular, y medio que estoy de acuerdo con dicha afirmación. Si uno tira la mirada hacia atrás, ve que La Naranja Mecánica se quedó con las manos vacías frente a la película que nos compete el día de hoy, pero eso no demerita a The French Connection.

Para aquellos que la vieron, fíjense que ni me molesté en mencionar el final, porque es algo que los espectadores tienen que ver por sí mismos para disfrutarlo, y entender el porqué de la existencia de una secuela (que no dirige William Friedkin). Pero sí, es una pena que un proyecto tan redondo como este, hoy en día esté tan ninguneado. Espero que, con esta nota, haya logrado convencer a alguien para que le dé una oportunidad. 

La pueden disfrutar en Star+

Calificación: Excelente

“La Cacería”: Fugitivo Sanguinario, por Mario Luzuriaga

Hace muy poco falleció uno de los más grandes directores norteamericanos: William Friedkin. En este especial le voy a dedicar una crítica a una de sus últimas películas.

Aaron Hallam (Benicio del Toro) es un ex comando que posee estrés postraumático, y decide asesinar gente en un pueblo del norte de los Estados Unidos. Es por esto por lo que el FBI contacta a L.T. Bonham (Tommy Lee Jones), un experimentado rastreador que entrenó a Hallam. Es allí donde empieza la cacería y uno de ellos quedará con vida.

William Friedkin es un hombre que sabe manejar la acción en todos sus sentidos. En esta oportunidad logró centrar el conflicto en dos personas. Dos hombres a los que los une la muerte. Uno es el alumno, el otro, el maestro. En esta puesta que puede ser un cliché, el director logra captar una historia intimista y llena de denuncia y negligencia.

Benicio del Toro encarna a un militar entrenado para matar, un hombre que vivió en carne propia los horrores de la guerra y cómo se va deteriorando su psiquis a medida que le asignan misiones. Es interesante ver cómo este hombre pedía ayuda constantemente y era ignorado por su ex instructor, o quizás esas alarmas estaban en su cabeza y no plasmada en los hechos.

Del otro lado está Tommy Lee Jones, el veterano actor que cumple la función de este rastreador e instructor, que ya se retiró. Se lo puede ver solitario y ayudando a animales que son capturados por cazadores furtivos, pero que a la vez se ve atormentado por haber “creado” a estos hombres como máquinas de matar.

En esta sangrienta cacería se puede ver cómo se enfrentan cara a cara, y cuchillo en mano, estos hombres, cuyo objetivo es la supervivencia del más apto. Darwiniano, pero efectivo.

A su vez es una fuerte crítica hacia cómo son abandonados los soldados luego de sufrir estos traumas y no son asistidos. Algo similar como ocurrió en “Rambo” o “El Francotirador”, hombres que estuvieron expuestos ante los horrores de la guerra, y que son descartados de una manera despreciable.

En hora y media de película, el director supo orquestar esta puesta en la que hay muchos silencios, pero son los suficientes para entrar en este enfrentamiento de dos personas llenas de habilidades compartidas, y en la que uno solo saldrá victorioso.

Disponible en Prime Video

Calificación: Muy buena

“Sorcerer”: Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, por Diego M. Bravo

Uno de los filmes favoritos de Quentin Tarantino, Stephen King e incluso del propio William Friedkin, ya que según sus propias palabras: “salió casi exactamente como lo había planeado”.

Obra maestra absoluta de la década del setenta y del cine estadounidense en general. Es el mejor reflejo de Friedkin, sobre cómo transformar en imágenes y arte en movimiento una aventura tan vívida como atrapante. Siguiendo cierta inspiración del cine de Werner Herzog, de documentar esa “realidad ficcionada” de la forma más literal posible.

Basado en la novela de Georges Arnaud que dio origen a la obra original y homónimo de George Henry Clouzot (a quien está dedicado el film, ya que murió durante la post-producción del mismo). El film narra, en un extenso y a la vez, muy interesante prólogo, las causas por las cuales, en diferentes países del mundo, Scanlon, un ladrón (Roy Scheider, un actorazo fundamental del cine de los 70´s y 80´s); Nilo, un asesino a sueldo (Francisco Rabal), Victor Manzon, un millonario estafador (Bruno Cremer) y Kassem, un terrorista (Amidou) terminen juntándose, en un perdido país tropical sudamericano.

Trabajando (y de paso ocultándose de sus respectivos pasados) todos en una empresa que les encomienda una tarea suicida, pero muy bien paga: trasladar unas varias cajas de explosivos sumamente inestables, a través de unas montañas y sierras, rodeadas por rebeldes armados al gobierno, para llevar los explosivos para apagar un incendio en un pozo petrolífero.

A partir de la mitad del largometraje, empieza este viaje pesadillezco al infierno tropical, plagado de innumerables peligros. Estos personajes deberán aunar esfuerzos a pesar de ser sumamente antagónicos, para poder salir vivos.

Ya de por sí, el atrapante guion no deja lugar a dudas de la fascinante historia que William Friedkin relata en forma majestuosa, en un formato cuasi documental, logrando que la cámara permanezca invisible y se limite a mostrar ese calor abrazador, esa selva tan húmeda como infernal. Escenas clave como la del puente o la del árbol en el trayecto, que tienen una puntillosa puesta en escena.

Un film electrizante y lleno de muchísimo suspenso que mantiene en vilo al espectador durante todo su metraje. Todos esos antihéroes, perdedores, ningún santo, con los que terminamos empatizando. La banda de sonido de Tangerine Dream merece un elogio aparte.

William Friedkin nos mimetiza en este frondoso lugar y nos invita a formar parte de la narración, de vivir la vida, como una aventura en la cual no sabemos cómo podemos terminar, pero en la cual debemos intentar no bajar los brazos y lograr lo que nos proponemos. Una forma de narrar y contar historias que permanecerán perennes en nuestras retinas para siempre.

Más historias

IntensaMente 2 4 minutos de lectura
Pesadillas y ensoñaciones de Joko Anwar 5 minutos de lectura
El hoyo 2 minutos de lectura

Puede que te hayas perdido

IntensaMente 2 4 minutos de lectura
Pesadillas y ensoñaciones de Joko Anwar 5 minutos de lectura
El hoyo 2 minutos de lectura
El flautista 3 minutos de lectura