Predator: Badlands | Un nuevo rugido en la franquicia
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Predator: Badlands (Depredador: Tierras Salvajes), película de acción y ciencia ficción estadounidense de la franquicia Depredador. Es la séptima película de la serie principal y la novena de la franquicia en general. Dirigida por Dan Trachtenberg, coescrita por Trachtenberg y Patrick Aison. Con fotografía de Jeff Cutter, la música de Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch, editada por Stefan Grube y David Trachtenberg. El rodaje se realizó en Nueva Zelanda el 27 de agosto de 2024 hasta finales de octubre de 2024.
Por Daniel López Pacha
Reparto
Elle Fanning (Thia/Tessa), Dimitrius Schuster-Koloamatangi (Dek/Njohrr), Mike Homik (Kwei), Rohinal Nayaran (Bud), Reuben de Jong (padre), Cameron Brown (sintetizador de drones), Matt y Ross Duffer (ordenador de la nave de Kwei (voz)).
Sinopsis
En un mundo distante, perdido entre estrellas olvidadas, un joven Depredador apartado de su pueblo lucha por hallar su lugar. Su destino cambia cuando cruza caminos con Thia, una viajera tenaz que reconoce en él algo más que una sombra peligrosa. Unidos por una causa que ninguno imaginaba, emprenden una travesía llena de riesgos y revelaciones, decididos a enfrentar al enemigo que marcará el rumbo de sus vidas.
Universo expandido
Predator: Badlands se inspira en elementos del universo expandido de Depredador, pero se presenta como una historia independiente que explora el planeta de origen de los Yautja y profundiza en su estructura social. Para sostener este enfoque, la producción convocó al lingüista Paul Frommer responsable del idioma na’vi de Avatar (2009), quien desarrolló un sistema lingüístico completo —tanto oral como escrito— especialmente diseñado para esta especie.
Diferenciando las entregas anteriores, la narrativa coloca a un Yautja en el centro del relato. Dek, el protagonista, es interpretado por el especialista Dimitrius Schuster-Koloamatangi, quien se preparó aprendiendo el nuevo idioma para representar al personaje con autenticidad.
La construcción visual de Dek combinó efectos físicos y digitales. Studio Gillis creó un traje integral para dar presencia corporal al personaje, mientras que el rostro fue refinado mediante animación digital para permitir expresiones más delicadas y emocionales.
Además, la película incorpora a la corporación Weyland-Yutani, un elemento habitual del universo Alien, aunque su vínculo específico con los eventos de la saga Predator permanece sin aclararse, dejando espacio para futuras conexiones narrativas.
Un legado que se transforma en un nuevo Predator

Desde su irrupción en 1987, Depredador se convirtió en un emblema indiscutido del cine de acción y ciencia ficción. Su criatura estelar, los Yautja, trascendió como símbolo de poder, honor y una tecnología tan letal como misteriosa. Ahora, casi cuarenta años después, la saga emprende un giro audaz con Predator: Badlands, la primera entrega que coloca a un Yautja en el centro absoluto del relato.
La película nos presenta a Dek, un joven guerrero ansioso por demostrar que es digno de su linaje. Lo atractivo de esta nueva propuesta es que, por primera vez, la mirada está puesta en el interior de la cultura Yautja: su ética, sus códigos y los rituales que definen su identidad. El guion se detiene en su lenguaje, en sus pruebas de iniciación y en el peso simbólico de la tecnología que los ha convertido en íconos del cine.
Dek no solo se enfrenta a un entorno salvaje plagado de amenazas; también debe lidiar con conflictos internos que ponen a prueba sus creencias. Lo que se anuncia como un desafío para ganar prestigio se transforma en una travesía personal que redefine su vínculo con el mundo que lo vio nacer.
Dan Trachtenberg, fiel a la sensibilidad que mostró en Prey (2022), dirige con precisión quirúrgica. Aunque la historia prescinde de personajes humanos, la acción mantiene su fiereza con combates intensos, efectos prácticos cuidadosamente trabajados y un sentido físico del peligro que atraviesa cada secuencia.
Una estética visceral y una narrativa silenciosa

La propuesta visual de Predator: Badlands opta por evitar el exceso digital. Cada escena respira textura, peso y movimiento. La fotografía de Jeff Cutter aprovecha luces densas, sombras espesas y colores que se expanden o se retraen según el ánimo de los personajes, construyendo un entorno que se siente vivo en cada plano.
La narrativa avanza sin necesidad de discursos extensos. Las decisiones de Dek, sus gestos y su manera de enfrentar cada amenaza sostienen el ritmo dramático. Trachtenberg entiende que los silencios también cuentan una historia, especialmente en un universo donde la fuerza se expresa más con presencia que con palabras.
La banda sonora, creada por Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch, opera como un pulso tribal que mezcla elementos orgánicos y electrónicos. Sus notas acompañan la brutalidad del viaje sin opacar la carga emocional que lo atraviesa. A esto se suma el lenguaje Yautja, expresado a través de clicks guturales y traducido de forma ingeniosa gracias a la cognición sintética de Thia, que introduce una capa inesperada de vínculo entre ambos personajes.
Uno de los rasgos más sorprendentes es cómo la película enlaza, de forma elegante, elementos del universo Alien sin caer en el fanservice evidente. No hay apariciones gratuitas, sino guiños que amplían la sensación de continuidad dentro de una mitología mayor.
Identidad, poder y vínculos improbables

A diferencia de otras entregas, Predator: Badlands se aleja de la fórmula centrada únicamente en el espectáculo. El foco está puesto en la introspección, el honor y la evolución personal. Dek, por primera vez en la historia de la franquicia, encarna a un Yautja que duda, que observa y que aprende a ver más allá de la fuerza bruta.
La película no renuncia a la violencia, pero la equilibra con un sentido de contemplación poco habitual en la saga. Los momentos compartidos entre Dek y Thia están construidos con pequeños gestos, miradas y un humor sutil que humaniza lo que antes parecía inaccesible.
Trachtenberg introduce secuencias de acción creativas, a veces rozando lo absurdo, sin perder coherencia interna. Una de las escenas más memorables involucra a Thia en un combate tan extraño como fascinante, donde su cuerpo artificial actúa en sincronía con una precisión casi danzante. Estos momentos agregan frescura y demuestran que la película se atreve a jugar sin perder gravedad.
Los Yautja, tradicionalmente definidos por su culto a la fuerza, encuentran aquí una grieta emocional. Badlands sugiere que la cooperación, más que la agresión, podría ser su forma más pura de poder. Es una lectura madura de una franquicia que durante décadas se apoyó en códigos rígidos.
Romper el molde desde adentro

Uno de los aspectos más interesantes de esta nueva entrega es cómo reinterpreta los elementos fundacionales de la saga. Si la película original enfatizaba el músculo, el machismo y la gloria individual, Badlands propone una arqueología emocional: desarma los mitos para reconstruir algo más complejo y honesto.
El exilio de Dek funciona como catalizador para romper con las expectativas de su pueblo y desafiar su herencia. Su viaje no es solo físico, sino ideológico. Y en esa transformación, la franquicia encuentra un nuevo punto de partida.
La relación entre Dek y Thia se convierte en el corazón latente del relato. Ambos completan lo que el otro carece, dando forma a una alianza improbable pero profundamente significativa. No se trata solo de supervivencia: es una reivindicación del entendimiento como herramienta para evolucionar.
Trachtenberg demuestra una comprensión profunda del universo Depredador. Amplía la mitología sin traicionar su esencia y ofrece una perspectiva que transforma a la criatura en algo más que un monstruo: un símbolo de introspección, aprendizaje y fortaleza interior.
Conclusión

Predator: Badlands no es una película para quienes buscan acción sin alma, sino para quienes desean descubrir al ser detrás del casco. Es una obra brutal, sensible y visualmente poderosa, que honra la historia de la franquicia mientras marca un rumbo completamente nuevo. En Dek y Thia, la saga encuentra una dupla que no solo funciona en pantalla, sino que redefine lo que significa ser un cazador en un universo lleno de sombras. Un futuro más profundo, más valiente y, sobre todo, más humano.
Disponible: En cines
