Keeper: Una trama confusa con atmósfera asfixiante
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Desde que Osgood Perkins, hijo del recordado actor y director Anthony Perkins, comenzó su carrera como realizador cinematográfico, sus películas han incursionado en el género del terror, lo sobrenatural y lo fantástico, con resultados que van desde obras aceptables hasta verdaderos bodrios. Con Keeper (Líbralos Del Mal 2025), su última producción, Perkins continúa transitando el terreno de lo sobrenatural, pero esta vez centrándose en una pareja que decide pasar un fin de semana en una casa donde habita algo oscuro y malvado.
Por César Arturo Humberto Heil
La trama podría sintetizarse del siguiente modo: Malcolm (Rossif Sutherland) y Liz (Tatiana Maslany) son una pareja que, para festejar su aniversario, deciden pasar un romántico fin de semana en una casa ubicada en medio del bosque, propiedad de Malcolm. Al principio las cosas marchan bien, pero con el correr de las horas la situación comienza a tornarse extraña. Personajes raros, visiones paranormales y una sensación persistente de que algo no está bien en esa casa, especialmente para Liz, se apoderan del relato.
Contar más sobre una trama ya de por sí compleja y confusa sería privar al lector de lo mejor que tiene el filme: su atmósfera y sus climas, que por momentos resultan asfixiantes, perturbadores, y que demuestran cómo el director de la fallida The Monkey (2025) logra retomar la senda iniciada con Longlegs (2024).
La casa como amenaza y el peso de la puesta en escena
Desde un comienzo, ese espacio doméstico y aparentemente acogedor, aislado en medio de la naturaleza, sugiere la presencia de una amenaza constante. Lo cotidiano se transforma progresivamente en un entorno oscuro, opresivo y perturbador. La acumulación de situaciones incómodas da lugar a una vaga sensación de inquietud que nunca termina de consolidarse del todo, debido a la ambigüedad de la trama, la cual se estira en una serie de insinuaciones por parte del director.
Estas van desde el uso del fuera de campo y los largos silencios hasta imágenes oníricas y apariciones espectrales, todo articulado con una lentitud angustiante que obliga al espectador a asumir una actitud más proactiva. Perkins apela a una puesta en escena inclemente para reforzar esa sensación de encierro psicológico en la que se ve envuelta Liz, haciendo que por momentos la casa parezca tener vida propia.

En esto colabora, y mucho, la fotografía a cargo de Jeremy Cox, quien vuelve a trabajar junto a Perkins después de The Monkey. Su trabajo es uno de los principales aportes artísticos para que ese espacio se sienta realmente opresivo y perturbador. Mediante una paleta de colores dominada por tonos desaturados, zonas sombrías y encuadres complejos, Cox profundiza la perturbación emocional de la protagonista, especialmente después de que queda sola en la casa, cuando Malcolm, médico de profesión, debe viajar a la ciudad para atender una urgencia.
Ambigüedad narrativa y límites del guion
Keeper termina siendo una muestra de dominio narrativo por parte de Perkins, aunque poco clara en su contenido. El guion, escrito por Nick Lepard, se presenta como un conjunto de supuestos, especulaciones y ambigüedades que exige un esfuerzo extra por parte del espectador para intentar dilucidar qué es lo que realmente sucede. Incluso cuando algunas respuestas parecen aclararse, persiste la sensación de que el camino recorrido para llegar hasta allí resulta innecesariamente enrevesado.
El principal problema de Keeper no reside en su ambigüedad —uno de los rasgos más atractivos del cine de Perkins—, sino en su forma narrativa. El relato avanza de manera irregular, a veces dubitativa, como si la película desconfiara de la necesidad de articular con claridad sus propias ideas. La inquietud no alcanza para sostener el conjunto: falta una estructura que permita que esa atmósfera se traduzca en una experiencia dramática más consistente.
Conclusión

Keeper reafirma a Osgood Perkins como un notable creador de tonos y atmósferas, especialmente en espacios cerrados, pero también deja en evidencia los límites de un cine que parece apoyarse más en lo denotado que en lo connotado. La película deja en el espectador la sensación de haber visto algo que no termina de encajar como un producto acabado, lo que debilita su potencia inicial.
En definitiva, Keeper se presenta como un ejercicio coherente dentro de la filmografía de Perkins, pero confuso en su mensaje, exponiendo los riesgos que implica confiar más en la creación de una atmósfera opresiva que en la construcción de una historia sólida.
Disponible: En cines
