INSIDE OUT #38 | Entrevista a Adrienne King: “Nunca imaginé que Alice, de Viernes 13, llegaría a significar tanto para tanta gente.”
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En 1978, Halloween sentó las bases del slasher. Dos años después, un campamento de verano en Nueva Jersey, una cámara que mira con los ojos del asesino y la música de Harry Manfredini susurrando ese “ki ki ki, ma ma ma” terminaron de escribir las reglas. Friday the 13th no inventó el género, pero lo convirtió en un fenómeno de culto que se vivía a los gritos en las salas, y en el centro de todo había una chica que no parecía destinada a sobrevivir.
Por Guillermo Martínez
Esa chica era Adrienne King. Alice Hardy llega después de Sally Hardesty en The Texas Chain Saw Massacre y de Laurie Strode en Halloween, dos de las grandes sobrevivientes del terror de los setenta, y se hace su propio lugar en lo que la crítica Carol J. Clover bautizaría años más tarde como la final girl. Alice no es la más fuerte ni la más canchera del grupo.
Es la tímida, la que dibuja, la que mira todo desde atrás. Cuando le pregunté qué significa hoy ese personaje, Adrienne me habló justamente de eso, de la fortaleza que Alice va encontrando a medida que avanza la película y de por qué el público se engancha tanto con el underdog (el menos favoritos o el que lleva las de perder). Y ahí está la clave, porque la final girl no gana por músculo sino porque, cuando no le queda otra, hace lo que tiene que hacer.
Hay además una trampa hermosa en la película. Durante casi todo el metraje esperamos a Jason, y Jason no aparece. La asesina es su mamá, Pamela Voorhees, a la que Betsy Palmer le pone una intensidad feroz. Adrienne me contó que Betsy, actriz del método, le avisó antes de filmar la pelea en la playa que iban a ir “down and dirty” (sin vueltas) porque la cámara no perdona nada. Los golpes, la cabeza contra la arena, los gritos y los gruñidos en primer plano, todo era de verdad, y ese ballet sucio, como ella lo llama, termina con Alice levantando el machete. Es una de esas escenas que explican por qué el terror de bajo presupuesto, hecho a pulmón, muchas veces envejece mejor que el de los grandes estudios.
Después viene el final, y con él, el susto que cambió el género. Una canoa quieta en el lago, la música que nos dice que ya pasó todo, y de golpe la mano, la cara y el agua que explota. Muchos lo ligan con la herencia de Carrie, y fue un golpe tan efectivo que casi se volvió obligatorio en el terror que vino después. Lo que no sabíamos es lo que costó. Adrienne me contó que lo filmaron en tres jornadas distintas, entre el calor de septiembre y el frío de octubre, con un lago helado, una sola muda de ropa, un joven Ari Lehman listo para saltar del agua y ninguna garantía de haber conseguido la toma. Lo que hoy es un clásico fue, en su momento, una apuesta hecha con la plata justa y mucha fe.
Detrás de la final girl, además, hay una mujer que se pasó la vida entera en las artes. Actriz desde los seis meses, bailarina desde los cuatro, voz invisible de películas como Titanic y Jerry Maguire, pintora y durante trece años dueña de Crystal Lake Wines, una marca de vinos nacida de su propia leyenda. Todavía guarda las notas de dirección de Sean S. Cunningham, las polaroids de continuidad y el anillo de su abuela, el amuleto que llevó puesto en el rodaje. Y lo que más disfruta de todo este recorrido son sus campers, los fans que la esperan en las convenciones con sus propias historias para contarle.
El 15 de octubre Peacock estrena Crystal Lake, la precuela que explora a la familia Voorhees antes de la muerte de Jason. Linda Cardellini interpreta a Pamela Voorhees, Callum Vinson es el joven Jason y Brad Caleb Kane está al frente como showrunner. Victor Miller, el guionista de la película original, participa como productor ejecutivo. Es, además, el primer gran regreso oficial de la saga en años.
Adrienne no está en esta primera temporada. Estuvo vinculada al proyecto cuando todavía tenía otro showrunner y, por motivos personales, no pudo sumarse a esta nueva etapa, aunque con la segunda deja la puerta entreabierta. Mientras tanto, les manda sus mejores deseos a todos en Camp Blood. Así que antes de volver al campamento, vale la pena volver a 1980 de la mano de la única persona que estuvo en esa canoa. Esto es lo que quedó de nuestra charla.
GM: Mucho antes de Friday the 13th, ya tenías una vida vinculada a las artes: la actuación, la danza y la pintura. Cuando mirás hacia atrás y pensás en aquella joven Adrienne, que no tenía idea de lo que el futuro le depararía en el cine, ¿qué reconocés de ella en la mujer que sos hoy?
AK: ¿Cómo no asombrarse al mirar atrás y repasar una carrera de más de siete décadas, o varias carreras, que fueron exitosas en tantos sentidos? Sin duda reconozco a la artista, porque esa siempre fue mi primera pasión. Me incorporaron al mundo de la actuación cuando tenía apenas seis meses y empecé haciendo comerciales. Cuando descubrí todo el ingenio, la creatividad y la pasión que hay en un set, la transición hacia el mundo de la actuación me resultó muy natural. Se me dio con facilidad y disfrutaba muchísimo la camaradería entre el elenco y el equipo técnico, así como la diversidad de cada proyecto.
Incluso de chica siempre llevaba conmigo mi bolsa de arte. Primero crayones, después lápices y luego acuarelas. Desde muy pequeña dibujaba lo que me rodeaba, siempre alentada por los adultos de mi entorno. Empecé a tomar clases de danza a los cuatro años: ballet, tap y jazz. Me encantaba ir a esas clases y todavía me encanta bailar. ¡Y qué maravilloso fue participar en todas las escenas de baile de Saturday Night Fever! ¡Qué parte de la historia del cine! Cuando miro hacia atrás, siento una profunda gratitud por las oportunidades que tuve mientras crecía. Me abrieron puertas y ventanas a una vida llena de creatividad, y estoy igual de agradecida de poder seguir creando y pintando hoy.

GM: La pintura y la actuación formaron parte de distintas etapas de tu vida. Una se desarrolla en silencio y en soledad; la otra depende del cuerpo, de otras personas y de ser vista. ¿Qué encontraste en cada una que la otra nunca podría darte?
AK: ¡Qué afortunada soy! Como bien señalás, Guillermo, siempre tuve el arte como refugio; siempre fue mi don, mi paz, mi calma y, sobre todo, mi terapia. Mi primera pasión estuvo ahí para mí cuando la vida me presentaba dificultades inesperadas. Y, sin embargo, siempre quedaba relegada cuando aparecía un proyecto de actuación o de voz en off.
La pandemia finalmente me dio la oportunidad de concentrarme en mi arte sin sentir culpa. Aunque, si volviera a tener 21 años y supiera lo que sé hoy, habría abrazado el otro lado de la cámara, para tener más control sobre el resultado de un proyecto: dirigir, editar o incluso trabajar como directora de arte. La actuación, por otro lado, es una oportunidad de escapar de la realidad, una vía para canalizar emociones, construir personajes fuertes, contar una historia y exponerse ante el mundo; pero es un trabajo colaborativo.
Veo mis pinturas como pequeñas películas propias. Soy la creadora, la directora, la editora y también la actriz, si elijo estar presente. Después consigo que vos la veas y la asimiles. Son cosas muy diferentes, pero la evasión es parecida. Los proyectos de actuación van y vienen, mientras que mis pinturas y mis lienzos siempre están disponibles cuando yo quiero. En la actuación, dependés de muchas personas.

GM: Algunos personajes terminan cuando termina una película, mientras que otros siguen creciendo junto a la persona que los interpretó. ¿Qué significa Alice Hardy para vos ahora, después de tantos años, que quizás no podía significar cuando la interpretaste por primera vez?
AK: Alice se convirtió en un referente a lo largo de las décadas desde que fue la única sobreviviente de Friday the 13th en 1980. Ahora la llaman la “OG Final Girl” de la saga. Nunca podría haber imaginado que Alice llegaría a significar tanto para tanta gente en todo el mundo. Me identifico con la fortaleza que fue adquiriendo a medida que avanzaba la película. Al principio es tímida, sin duda la artista que se queda atrás observando; pero, cuando llega el momento, Alice encuentra fuerzas en su interior y hace lo que tiene que hacer para sobrevivir.
El regalo que Friday the 13th me dio como una joven actriz fue que filmáramos en orden cronológico y que me permitieran ver el material rodado cada día. Además, el guion era bastante escueto, lo cual también fue un regalo, porque obligó a los actores a completar sus personajes con una historia previa propia. Así, al comienzo de la película, cuando los consejeros del campamento se conocen, básicamente interpretábamos personajes a los que les aportábamos mucho de nuestra propia personalidad. ¡Fue muy divertido!
En ese momento probablemente no nos dimos cuenta de que el equipo de casting había acertado al darle a cada uno de nosotros algo diferente con lo que el público pudiera identificarse, algo para todos. Sin embargo, Alice era considerada la perdedora, la que tenía todo en contra. El público conecta con ese tipo de personaje y lo alienta. Muchos saben lo que es sentirse así, especialmente a medida que el mundo se vuelve un lugar más difícil para crecer.



GM: Cuando ves Friday the 13th hoy, ¿qué es lo que más te llama la atención como actriz?
AK: La escena de la pelea entre la señora Voorhees y Alice en la playa es lo que más me llama la atención, tanto como actriz como por mi trabajo en escenas de riesgo. Betsy Palmer, que interpretó a la icónica señora Voorhees, fue uno de los mayores regalos que recibí como actriz. Betsy me hizo elevar muchísimo mi nivel. Era una actriz del método y no se guardaba nada. Antes de empezar a filmar esa escena, mientras el sol se ponía en la playa, me dijo que íbamos a ensuciarnos de verdad, porque la cámara no se pierde nada. Así que todo lo que se ve es real. Todo. Cuando me estrelló la cabeza contra la arena… fue real.
Era una película de muy bajo presupuesto y no había dinero para dobles de riesgo. Pero pensalo, nunca habría tenido el mismo impacto sin los primeros planos de Alice y la señora Voorhees mientras gritaban, gruñían y peleaban en la arena. Y está también ese instante de absoluta certeza en el que Alice levanta el machete y comprende que no hay otra salida, tiene que blandir el arma y acabar con la asesina. Esa pelea fue coreografiada como un ballet, y todavía conservo las notas de dirección de Sean S. Cunningham. Guardé las notas, trece, para ser exacta, en dos hojas de papel taquigráfico manchadas de café. Cuando salió el sol, alguien las tiró, y yo pensé: “Ni loca voy a dejarlas en la basura”.
Como la película tenía un presupuesto tan bajo, siempre temí que no llegara a completarse en la posproducción si se quedaban sin fondos. Por eso guardaba las polaroids de continuidad y cualquier otra cosa que pudiera servirme para hacer un collage. Si Friday the 13th nunca llegaba a estrenarse, al menos tendría una pintura genial llena de recuerdos. No hace falta decir que nunca hice ese collage, pero todavía conservo las notas y todas las polaroids. ¡Es genial!





GM: Después de Friday the 13th, seguiste trabajando en cine a través de la voz en off y el doblaje de diálogos, prestando tu voz a películas en las que el público muchas veces no sabía que estabas. ¿Esa otra forma de trabajar te permitió descubrir otro tipo de libertad?
AK: Sí, fue una nueva clase de libertad. ¡Muy divertido y sin maquillaje! Podía interpretar varios personajes en una misma película y crear todas sus voces en un solo día. Además, me permitió ganar dinero para pagar mi seguro a través del Sindicato de Actores de Cine (Screen Actors Guild), algo muy importante.
GM: Después de pasar años escuchando y dando forma a voces para películas como Titanic y Jerry Maguire, ¿esa experiencia cambió tu manera de ver las actuaciones en pantalla? ¿Empezaste a notar cosas que antes podían pasar inadvertidas?
AK: De hecho, sí. Siempre noto las voces de fondo si no están bien editadas. También es divertido detectar un “free and clear”: diálogo real que completo y sincronizo con los labios en movimiento de alguien. Cuando está bien hecho, nunca te das cuenta.
GM: Algo inesperado ocurrió con Crystal Lake Wines. Una historia nacida del miedo terminó convirtiéndose en vino, pintura, conversación y comunidad. ¿Qué significó para vos ver que algo que había empezado como una película terminaba convirtiéndose en un lugar real donde la gente podía reunirse?
AK: Crystal Lake Wines fueron trece años extraordinarios de marketing exitoso y vinos fabulosos. Cuando me mudé de Los Ángeles a la región vitivinícola de Oregón en 2005, me asocié con Valley View Winery, en Jacksonville, Oregón. Sus dueños eran grandes admiradores y me invitaron a formar parte de su familia. Tenían los mejores vinos, así que ¿cómo iba a decir que no? Creé los nombres y las etiquetas con mis propias obras de arte y elegí los vinos que sabía que les encantarían a mis fans. El negocio creció muchísimo y empezó a ocupar toda mi vida, así que tuve que retirarlo en 2023. Una vez más, siempre estoy buscando tiempo para pintar.


GM: Hace unos años volviste a abrir aquella caja con objetos de Friday the 13th que habían permanecido guardados durante décadas. Me pregunto qué significan hoy para vos. ¿Hay algo que te conmueva especialmente dentro de esa caja?
AK: El anillo de mi abuela, que me regaló para darme suerte justo antes de filmar Friday the 13th, estaba en esa caja. Lo uso todo el tiempo porque, diría yo, sin duda tiene poderes especiales. Muy especiales. ¡También estaban mis botas de vaquero! Tuve que comprarme las mías porque las que tenían para mí eran demasiado chicas (era una película de bajo presupuesto. Todo lo que usé, incluidas las joyas, era mío). Así que todavía conservo las botas también.
GM: Estuviste ahí antes de que Friday the 13th se convirtiera en una franquicia, antes de que Jason fuera un ícono y antes de que Crystal Lake adquiriera toda esa mitología a su alrededor. ¿Vas a volvér a ese universo con Crystal Lake? ¿Cambió tu manera de ver la película original?
AK: En realidad, no estoy en la nueva Crystal Lake… al menos no en esta primera temporada. Ya estaba vinculada a la nueva serie de A24 cuando Bryan Fuller era el showrunner, pero tuvieron un desacuerdo y se separaron. Ahora hay un nuevo showrunner, Brad Caleb Kane, y no pude participar en la primera temporada por motivos personales. ¡Pero nunca se sabe qué puede pasar con la segunda! Les deseo muchísima suerte a todos en Camp Blood y espero que los fans disfruten mucho de esta precuela.
GM: Si pudieras sentar frente a frente a la Adrienne que llegó a Crystal Lake en 1980 y a la Adrienne que vuelve hoy, después de una vida marcada por el cine, la pintura, el trabajo de voz, el vino y el recuerdo de aquella película, ¿qué creés que la joven Adrienne querría saber sobre la mujer en la que se convertiría?
AK: Espero que sea feliz y que, en algún momento, se sienta satisfecha. Tuve una vida plena y gloriosa, llena de muchísimo amor, y siento una enorme gratitud. Una de las cosas que más disfruto es asistir a convenciones y eventos en todo el mundo, porque puedo conocer a mis campers, escuchar sus historias y compartir lo que esta pequeña película de bajo presupuesto significó y sigue significando para ellos. ¡Ojalá todavía me espere mucha más alegría!

GM: Después de todos estos años, ¿Qué recuerdo de Friday the 13th sentís completamente tuyo?
AK: Tiene que ser el susto final, cuando la música suave de Harry Manfredini crea la sensación de que todo está a salvo allá afuera. Fue difícil filmarlo, nos llevó tres jornadas distintas resolverlo. El primer día hacía calor y había sol; yo estaba en una canoa y teníamos una sola cámara. Cuando vimos el material rodado, Sean S. Cunningham y Tom Savini se dieron cuenta de que no era exactamente lo que tenían en mente. Así que Sean tuvo que hablar con sus financistas e inversores y pedir fondos adicionales para otra cámara y más película. En 1979, las cámaras y el material fílmico eran caros. Para cuando conseguimos lo que necesitábamos, habían pasado un par de semanas y el clima estaba algo más fresco. Era septiembre, en Delaware Water Gap, en Blairstown, Nueva Jersey.
Pensábamos volver a intentarlo a fines de septiembre y hacerlo mejor, pero el resultado todavía no era el susto que todos imaginábamos. Entonces Tom y Sean tuvieron la idea de agregar una cámara de cámara lenta, lo que significaba película especial, cara, y otra cámara. Para cuando consiguieron el dinero necesario, ya era mediados de octubre. Hacía frío y el agua estaba helada. No había dinero para trajes de neoprene y, mirando hacia atrás, ¡menos mal! ¿Te cuento cómo fue?


Era temprano, una mañana de viernes, y se trataba de la última toma del día y de toda la película. Yo estaba sentada en la cocina, sobre una bandeja calentadora, mientras el equipo, incluidos el director, Savini y Ari, preparaba todo antes del amanecer. La iluminación era fundamental. Recuerdo que escuchaba la radio mientras se me calentaba el trasero: “Buenos días, Blairstown. Afuera hay 38 grados” (Fahrenheit), sabiendo que en cualquier momento tendría que salir en una canoa.
Siguiente escena: estoy en la canoa. Todos están listos, las cámaras zumban, preparadas para rodar, y Ari está listo para saltar desde el agua. ¡Acción! Me atacan, caigo fuera de cuadro y termino en el agua helada del lago. ¡Oh, no! ¡Solo tenía una muda de ropa! Y quedaba muy poco tiempo antes de que se fuera la luz.
La maquilladora me seca rápidamente a mí y el pelo con un secador. Me pongo a toda prisa la única ropa seca que queda, mis jeans, y vuelvo a saltar a la canoa. Entonces sentí la presión más intensa que había conocido: recurrí a toda mi formación actoral para bloquear todo lo que me rodeaba, olvidarme de la temperatura del agua y no anticipar que el pequeño Jason me arrastraría al lago.

Amigo mío, esa fue la prueba definitiva, y puedo agradecerles a todos mis ángeles de la actuación por ayudarme a hacerlo bien. Por supuesto, después de conseguir la toma no sabíamos con certeza si había salido como queríamos. ¡Era película, no podíamos comprobarlo al instante! Ese día nos fuimos de la playa y del campamento sin saber si teníamos el final de Friday the 13th: el final adecuado, el susto que todos esperábamos y que perduraría durante casi cincuenta años.
Me enteré de que lo habíamos conseguido cuando Sean me llamó para decirme que iban a agregar la pequeña escena del hospital. Eso fue dos semanas después. Supongo que para entonces ya estaban pensando en una secuela.
Pero esa escena, ese susto final que sigue funcionando hasta hoy, es de lo que más orgullosa estoy. Bajo toda la presión imaginable, no revelé el final ni arruiné la toma, y me siento muy orgullosa de eso.
