Hope: La deconstrucción del héroe
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hope, película surcoreana de monstruos de ciencia ficción de 2026, escrita, dirigida y coproducida por Na Hong-jin. Con fotografía de Hong Kyung-pyo, música de Michael Abels, editada por Kim Sun-min. Filmada en Jeju Island, Corea del Sur; Retezek National Park, Rumanía desde el 29 de julio 2023 al 17 de marzo 2024.
Por Daniel López Pacha
Premios 2026: Festival de Cine Asiático de Nueva York, Premio Daniel A. Craft a la Excelencia en Cine de Acción (Na Hong-jin); Premios Buil Film, Mejor Director (Na Hong-jin), Mejor Actriz Revelación (Jung Ho-yeon), Mejor Actor de Reparto (Eum Moon-suk), Mejor Fotografía (Hong Kyung-pyo), Premio Artístico/Técnico (Lee Hoo-kyung); Marie Claire Premios Asia Star, Director del Año (Na Hong-jin), Premio al Actor del Año (Zo In-sung).
Reparto
Hwang Jung-min (jefe de policía Beom-seok), Zo In-sung (Sung-ki), Jung Ho-yeon (policía novata Sung-ae), Michael Fassbender (Ma’veyyo), Alicia Vikander (J’aur), Taylor Russell (Ai’dovor), Cameron Britton (Va’migere), Eum Moon-suk (Yang-bae), Lee Sang-hee (Ahn Nak-yeon), Im Hyun-sik (señor Hae-sul).
Sinopsis
Tras quedar incomunicada con el exterior, una remota comunidad montañosa se convierte en una trampa mortal. Mientras Beom-seok y Sung-ae asumen la desesperada tarea de poner a salvo a los ancianos del pueblo, un impulsivo grupo de jóvenes encabezado por Sung-ki decide internarse en las cumbres para erradicar la sombra que los acecha. Sin embargo, al cruzar la línea de los árboles, descubrirán demasiado tarde que nunca fueron los cazadores, sino la carnada.
Un espectáculo adrenalínico sin frenos
Hope no es únicamente una superproducción de criaturas; se posiciona como una de las obras más ambiciosas y costosas del cine surcoreano reciente. La propuesta transita con soltura desde el western moderno y el thriller de acción hasta el horror visceral y la épica de ciencia ficción. Todo este engranaje se mantiene impulsado por una energía arrolladora y esa atmósfera sudorosa tan característica del cine de explotación de los años setenta.
Durante su primera hora, la película se despliega como una montaña rusa vertiginosa que no concede respiro al espectador. El montaje prescinde hábilmente de las pausas tradicionales: no hay cortes explicativos hacia familias aterrorizadas ni escenas tediosas con científicos del gobierno. En su lugar, el relato avanza mediante un impulso puro de adrenalina, chirridos de neumáticos y tiroteos electrizantes.
Un matiz sumamente atractivo de esta etapa inicial radica en su protagonista: el rudo representante de la ley, construido al más puro estilo Clint Eastwood, resulta ser tan vulnerable al pánico como cualquier persona común. Pese a ese temor palpable, su determinación lo impulsa a rastrear a la bestia sin dar un paso atrás. A esto se suma el acertado manejo del misterio, pues la criatura permanece oculta durante los primeros cuarenta minutos, elevando la expectativa al máximo.
En su planteamiento estructural, la historia se divide en dos bloques paralelos. Primero, seguimos al jefe de policía Beom-seok mientras rastrea al monstruo a través de su pueblo en medio del caos; paralelamente, la trama acompaña a Sung-ki, primo de Beom-seok, quien se adentra en el bosque junto a un grupo de cazadores en busca de respuestas. Aunque el segundo tramo amplía el contexto, el núcleo emocional y rítmico pertenece a Beom-seok y al impecable diseño sonoro que lo rodea.
La tensión del movimiento junto a la comedia del caos

El policía Beom-seok siempre se encuentra un paso por detrás de la amenaza: escucha las detonaciones, las explosiones y los gritos distantes de la carnicería, pero rara vez logra llegar a tiempo. Para reflejar este desfase, el director Na Hong-jin y su equipo de fotografía recurren a virtuosos planos secuencia —algunos tan fluidos que resulta difícil descifrar su ejecución técnica—, logrando que la audiencia sienta en carne propia la distancia y la impotencia del protagonista. Cuando el cara a cara con la criatura finalmente sucede, la revelación dota a la cinta de una agudeza sorprendente.
A pesar de la magnitud de la destrucción visible en pantalla, el elenco que sostiene el relato es extrañamente reducido y acotado. Sung-ae, una oficial con habilidades en medicina de campaña que destaca como la sensata y brillante compañera de Beom-seok. A ellos se unen figuras pintorescas como un trampero codicioso, un anciano recolector que aporta pistas dispersas y un joven agente que parece ser el sobrino del alcalde.
La interacción entre estos personajes aporta un eficaz contrapunto cómico fundamentado en su propia incompetencia. Este recurso genera una sinergia intrigante entre los arquetipos caricaturescos habituales del cine de acción coreano y las expectativas del heroísmo occidental, donde pistoleros impulsivos defienden su hogar frente a invasores insuperables. Además, el posterior giro sobre la verdadera identidad de las criaturas complica de forma fascinante las motivaciones iniciales de venganza.
Todo lo que acontece tras la primera hora se transforma en un ejercicio narrativo audaz que pone a prueba la perspectiva del espectador. Si bien se suceden múltiples persecuciones y el foco se desplaza hacia otros frentes, el ritmo frena deliberadamente. Lejos de ser un descuido, esta alteración tensional busca deconstruir la acelerada hora previa, introduciendo un cambio de mirada donde el director filma a sus intérpretes desde un prisma mucho más crítico y desmitificador.
La deconstrucción del héroe

En lugar de ofrecer biografías profundas, la cinta trata la falta de trasfondo de los personajes como una herramienta conceptual. Ninguno de los humanos resulta ser especialmente virtuoso o simpático; por ello, las tomas heroicas que ensalzaban a Beom-seok al inicio —con sus icónicas gafas de aviador— se desvanecen por completo en la segunda mitad.
La cámara pasa a tomar distancia, retratando al jefe de policía como un hombre abrumado e incapaz de superar sus propios prejuicios para mostrar empatía hacia un ser que también atraviesa una situación trágica. De forma similar, Sung-ki y sus acompañantes terminan convertidos en el blanco de una sátira punzante. A medida que la historia avanza, la condición humana queda expuesta en su faceta más imperfecta: miope, impulsiva y dominada por una violencia desenfrenada.
Esta decisión deliberada hace que la información sobre los «monstruos» se dosifique de manera mínima pero reveladora. Na logra desmantelar la figura del héroe tradicional occidental al capturar a los personajes, mediante amplios espacios negativos en caminos desolados y apocalípticos, como figuras insignificantes frente a la inmensidad del conflicto que los rodea.
Entre sus decisiones más audaces destaca el uso deliberadamente contenido de un reparto internacional integrado por Taylor Russell, Alicia Vikander y Michael Fassbender. Interconectados con las criaturas mediante un acabado visual impactante y diálogos contados, sus trasfondos se reservan estratégicamente para los minutos finales, funcionando no como un mero gancho comercial, sino como una deslumbrante expansión del universo de la película.
Un ejercicio de estilo provocador e inolvidable

En cada giro argumental, la dirección retuerce las convenciones del género sin darle respiro al espectador para acomodarse a la propuesta. Se trata de un ejercicio cinematográfico valiente, seguro de sí mismo y provocador, que transita con maestría entre la destreza técnica de primer nivel y una sátira punzante que confronta a la audiencia con su propia necesidad de consumir héroes vacíos.
Hope logra entrelazar el misterio policial, la comedia negra, el terror, el cine de catástrofes y el western en una sola pieza audiovisual. Sus secuencias de acción, adornadas con pinceladas de violencia física y slapstick, deslumbran tanto por su plasticidad como por una inventiva visual que no pierde vigencia en ningún momento.
Conclusión
Hope se consolida como una propuesta cinematográfica excepcional que trasciende las fronteras habituales del cine de monstruos. Gracias a la dirección magistral de Na Hong-jin, la película no solo ofrece un espectáculo visual de primer orden e inolvidable, sino que también se atreve a subvertir los clichés del género con una brillante carga satírica. Es una experiencia audaz, vibrante y técnicamente impecable que reafirma al cine surcoreano en la vanguardia de la narrativa contemporánea. Y dejando ver una secuela.
Disponible: En cines
