La vida de Adele
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Con la (irrisoria) polémica que se generó alrededor de Lightyear, a mi mente se le ocurrió pensar en otras películas donde vemos a gente del mismo sexo ser pareja, y que también hayan generado tanto debate. Y la primera cinta que vino a mi mente, fue La vida de Adele, así que hoy vamos a hacer un repaso de dicho proyecto y qué nos dejó habiendo pasado tanto tiempo desde su estreno.
Por Jorge Marchisio
La película muestra justamente la vida de Adele, una joven adolescente que estudia arte y atraviesa la vida con un vacío existencial, el cual se intensifica cuando los chicos con los que sale no cumplen sus expectativas. Pero todo cambia cuando conoce a Emma, una chica con la que crecerá en más de un sentido.

Seamos honestos, muchos que ni vieron esta película, la conocen por las escenas lésbicas muy explícitas entre las protagonistas, pero poco saben del trasfondo, o en realidad qué se nos quiere contar. Y es que La vida de Adele no es otra cosa que un coming of age, es decir, una historia de crecimiento, donde nuestro personaje principal, va a pasar de ser una adolescente a una joven adulta ya con responsabilidades.

Lo primero a destacar es la buena actuación que nos da Adèle Exarchopoulos. Todos sabemos que muchos adolescentes sufren una crisis existencial, donde desde afuera parecen tener todo (en este caso amigos, una familia, una meta y mucha belleza) pero en realidad por dentro sienten que no tienen nada, y por ende están siempre deprimidos y llorando. Todo esto lo plasma muy bien la chica, logrando que todos nos sintamos identificados en más de una ocasión.

Pero el gran problema de todo esto, es que la película dura tres horas; un metraje demasiado excesivo para lo que se nos cuenta. Y si bien pasamos de una Adele en edad de instituto, y terminamos con ella ya teniendo un trabajo estable (y una vida amorosa extensa en el medio), se sigue sintiendo el relleno. No hay escenas en particular que se note que sobren, pero se podría haber cortado un poco de aquí y de allá para al menos bajarle unos veinte minutos.
Y hablando de excesivo, las dichosas escenas de sexo entre ellas. Entendemos que a veces los realizadores colocan estas secuencias con fines artísticos; pero se sabe que el director agotó físicamente a las actrices al hacerlas filmar durante horas, y además las obligó a usar prótesis en sus zonas íntimas para que pudieran realizar determinadas acciones de forma hiperrealista. Queda a criterio de cada uno si estamos hablando de arte, o si el realizador se ensañó y sacó cierto lado pervertido.

En conclusión, La vida de Adele es una buena película, que por desgracia a día de hoy es más reconocida por sus escenas subidas de tono, que por lo que cuenta. Si no la vieron, les decimos que es de esos proyectos que deben ser vistos al menos una vez en la vida.
Disponible: Netflix
