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Películas complejas | Hoy: Upstream Color.

3 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Qué puedo decir de Upsteam Color, segundo film del director Shane Carruth, que después de su original Primer (2004) hizo una película extremadamente compleja y con múltiples lecturas. En realidad, podría escribir largos párrafos y difícilmente llegue a una conclusión exacta de los que el film significa, es que, a Carruth, no le interesa tener una conclusión, sino por el contrario, dejar abiertos interrogantes sobre algunos temas de la condición humana para que el espectador de paladar negro disfrute de noventa minutos a puro cine mientras ejercita su cerebro. Porque en definitiva, Upstream Color no es otra cosa que un ejercicio mental e intelectual, que se construye en la cabeza de quien se dispone a verla.

Carruth es sumamente inteligente en el armado del relato, que por supuesto, no sigue una lógica narrativa tradicional, que se muestra complemente alterado temporalmente y que apuesta a una narración más bien sincopada y ecléctica. Lo que importa no es tanto el contenido narrativo sino lo que está debajo, eso que lingüistas como Román Jacobson definían como metalenguaje. En ese entramado de mensajes subterráneos, Carruth construye un film subyugante, interpelador y por momentos ambicioso, en donde las relaciones humanas, la trascendencia del alma y los encuentros predestinados se vislumbran como pilares sustentatorios.

La banda sonora es un aspecto fundamental para amalgamar un relato complejo y para crear los climas necesarios, sin los cuales el film perdería parte de su potencia.

Es difícil resumir la historia, pero podría verse de esta manera: Kris (Amy Siemetz) es víctima de un delincuente que utiliza unos gusanos únicos que crecen en una planta muy particular y que, al ser ingeridos por las personas, desprenden una potente droga que hace que la víctima pierda todo control de sí misma y se vea completamente dominada a merced de su secuestrador, quien le quita todo su dinero mediante la firma de cheques. Una vez pasado el efecto de la droga, el gusano sigue creciendo dentro del cuerpo de Kris, quien intenta quitárselo abriendo su carne sin obtener resultados.

Un misterioso criador de cerdos y técnico en grabación de sonidos será quien le estirpe el gusano mediante una extraña operación en donde parte de la piel de uno de sus cerdos, es aplicada sobre las heridas de Kris. A partir de allí, ambos estarán conectados de por vida.

Kris conocerá a Jeff (Shane Carruth) quien intuimos, pasó por la misma situación que Kris. A partir de ese encuentro, sus vidas se entrelazan junto con los cerdos y el granjero, quien parece tener el poder de un Dios.

Contar más sería atentar contra el film, pues de ahí en adelante es donde todo se vuelve más complejo y por momentos repetitivo, empiezan a escasear los diálogos y todo se va hilando hacia un final que de alguna manera cierra la historia.

Upstream Color no es una película fácil, ni comercial, es un film que exige una importante participación del espectador para entenderla, aunque sea en un sentido más simbólico, y que nos invita a reflexionar sobre muchos temas que hacen a nuestra especie y otros que trascienden más allá de cualquier frontera, en donde la religión y la ciencia se fusionan.

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