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Mad God.

4 minutos de lectura

Por César Arturo Humberto Heil.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Descenso a los infiernos.

Mad God (2021) es el primer largometraje en animación de Phil Tippett, creador de grandes efectos especiales y monstruosas criaturas en infinidad de films, entre los que se destacan Jurassic Park (1993) de Steven Spielberg, Robocop (1987) y Starship Troopers (1997), ambas películas del director Paul Verhoeven.

El proyecto comenzó a desarrollarse en la inquieta mente de Tippett hace aproximadamente treinta años, cuando estaba trabajando junto a Spielberg en los diseños de los dinosaurios de Jurassic Park. Para esa época, un film hecho en animación stop motion y otras técnicas, tan ambicioso y truculento, era prácticamente inviable, por lo que tuvo que esperar todos esos años para poder concretarlo a través de su estudio de efectos especiales y prácticamente sin ningún financiamiento de grandes productoras.

Este proceso de trabajo tan extenso hace que el film sea una construcción artesanal y personal tan minuciosa y perfectamente orquestada por Tippett, que uno queda prácticamente pasmado al ver el gran trabajo en los diseños de las criaturas y los decorados.  

A pesar de su encriptada trama y su ausencia de diálogos, Mad God es un film tan extraño como hipnótico, al cual uno no puede dejar de prestar atención a las atrocidades y locuras que se suceden durante ochenta minutos de música e imágenes perturbadoras y escatológicas.

La historia se centra en un viajero que llega en una capsula a la tierra, un planeta totalmente distinto al que hoy conocemos, en donde habitan horripilantes criaturas y seres de distintas formas, cada uno más perverso y violento. La aparente misión de este viajero es destruir ese extraño mundo caótico, pero para hacerlo deberá enfrentarse a una suerte de infierno al estilo La divina comedia de Dante Alighieri.

En su superficie, el film es un raid de atrocidades dignas del mismísimo averno, en donde no faltan desmembramientos, tripas, excrementos, fluidos corporales espesos, explosiones, muertes y seres realmente muy feos y asquerosos, pero si uno profundiza un poco puede visualizar algunos temas que son, a mí entender, los que le interesan a Tippett remarcar.  

En primer lugar, existe una fuerte crítica a la religión y especialmente al Dios creador. Mad God significa Dios loco. Esto queda de manifiesto en el comienzo del film con el texto bíblico de Levítico, en el que un Dios malvado amenaza con enviar la muerte y la destrucción a todos aquellos que no estén de su lado y adoren a otros dioses.  

Este texto del Antiguo Testamento tan explícito en las terribles situaciones que sufrirán aquellos que no sigan las enseñanzas de Dios, está de alguna manera impregnado en lo que veremos. Terribles holocaustos mezclados con lo profano y lo sagrado, rituales de sacrificios de purificación y expiación, son algunas de las tortuosas imágenes que se suceden a lo largo de este perturbador descenso.

En segundo lugar, Tippett deja entrever una mirada pesimista sobre la humanidad, a la cual muestra malvada, perversa, despiadada, destructora y como la causante de todas las calamidades por las que ha pasado este mundo. En este sentido, hay varias referencias al genocidio nazi en distintas escenas.

Por último, existe también la idea de que el verdadero infierno está en la tierra y que no existen diferencias entre el cielo y el infierno. De hecho, el viajero es enviado por una especie de Dios, representado por el director Alex Cox (Repo man) y cuyo aspecto es bastante macabro.

Mad God mezcla distintas técnicas de animación como es el stop motion y la rotoscopía, y las combina con actuaciones reales. Las influencias estéticas están más que claras y remiten a las primeras películas de David Lynch o al cine experimental de E. Elías Merhige como Begotten (1989) o Din of celestial birds (2006). También podemos encontrar puntos de contacto con el cine de Terry Gilliam, en especial a Tideland (2005) y sin dudas al maestro de la animación Ray Harryhausen (1920 – 2013). Otra evidente influencia son las pinturas de Francis Bacon (1561 – 1626), aquellas en la que el artista muestra cuerpos desmembrados y criaturas monstruosas.

Mad God no es un es un film fácil de digerir. La incomprensible trama y las imágenes sumamente perturbadoras y retorcidas hacen que este film no sea para cualquiera. Ahora, aquellos que se atrevan a verlo, seguramente van a salir fascinados, porque lo que Tippett ha logrado es realmente una obra de animación con mayúsculas y que en poco tiempo será, seguramente, considerada de culto.

Calificación: Excelente.

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