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Flux Gourmet: el imperio de los sentidos culinarios

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Bienvenidos a otra nota de Revista Sincericidio. Si hay un director poco convencional y al que le agrada asumir riesgos, es el británico Peter Strickland. Desde el estreno de su primera película, Katalin Varga (2009), ha demostrado ser un verdadero provocador, tanto en los contenidos que aborda como en las formas de representación. Sus películas son siempre un desafío para el espectador, el cual debe conectar con un cine muy particular que busca alejarse de los convencionalismos de la industria mainstream sin que le importe los costos que puedan correr sus producciones que, debido a lo arriesgado de sus propuestas, no siempre resultan en un producto perfecto.

Por César Arturo Humberto Heil

Los sonidos de la comida

Su última película Flux gourmet (2022) es un verdadero viaje sensorial hacia el extraño mundo performático de un grupo de artistas de vanguardia. Estos participan de una residencia creativa, con el fin de dar rienda suelta a sus más oscuros deseos culinarios al explorar los sonidos de la cocina.
Su arte radica en mixear, remasterizar y distorsionar el sonido de una sopa de tomates hirviendo, de una licuadora quebrando las verduras o la hoja de un filoso cuchillo rebanando un pepino en gruesas rodajas.

Pero Flux Gourmet es también una exploración hacia el mundo de la comida y las consecuencias de una mala alimentación. Así, medicina y cocina se mezclan en un escatológico menú que incluye: reflujo gastroesofágico, excrementos, colonoscopías, endoscopías, flatulencias y citas a filósofos Helénicos como las enseñanzas de Hipócrates, el padre de la medicina.

Que tu comida sea tu medicina

En la residencia del Sonic Catering Institute, el grupo performático culinario compuesto por Elle (Fatma Mohamed) Lamina (Ariane Labed) y Billy (Asa Butterfield) intentan practicar y perfeccionar el arte sónico de la cocina. Son apadrinados por Jan Stevens (Gwendoline Christie), quien a su vez ha contratado a Stones (Makis Papadimitriou), un escritor de poca monta para que haga un registro documental del desarrollo de los artistas.

Pero Stones, que carga con un pesimismo extremo y un terrible terror a la muerte y a las enfermedades terminales, no se siente bien de salud. Todo lo que come le cae mal, siente que su vientre se hincha y se la pasa casi todo el tiempo en el baño evacuando lo poco que come y expulsando gases de sus intestinos. Este malestar lo lleva a que lo vea el doctor Glock (Richard Bremmer), médico que habita en la residencia y que participa activamente durante las comidas comentando cada evento performático, para el cual siempre tiene a mano una cita de algún filósofo griego como la expresada por Hipócrates “que tu comida sea tu medicina”.

Lo bello y lo siniestro

Strickland se regodea en imágenes de alto impacto visual, utilizando primeros planos de la comida humeante y burbujeante, y le agrega una voz en off en griego sin traducción, que desconcierta. Si le sumamos la performance sonora, todo hace de este irritante banquete un contrapunto bello y siniestro a la vez.

Flux Gourmet es un plato fuerte, cargado de condimentos entre los que aparecen la liberación de las mujeres en la cocina, los egos de los artistas que no quieren ceder a los cambios, los traumas personales y la salud estomacal.

Con imágenes que pueden recordar a David Cronenberg, Marco Ferreri o a Yorgos Lanthimos, Flux Gourmet es de esos filmes que no tienen términos medios, o se ama o se odia, y es en ese terreno de lo provocativo donde Strickland intenta hacerse fuerte. Escenas como la de Elle, en donde completamente desnuda unta su cara y todo su cuerpo con una pasta similar al excremento humano, es una apuesta fuerte por parte del director.

Conclusión

Con recursos como la reiteración, la inclusión de artefactos médicos y una historia endeble en donde realidad y ficción se terminan fusionando, Flux Gourmet es un producto difícil de ver y de entender, y solo puede disfrutarse si se dejan llevar por lo visual y lo sonoro. Si asumen ese riesgo y deciden emprender ese viaje perceptivo, van a poder degustar de esta atípica película y seguramente querrán repetir el plato.

Calificación: Buena

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