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Him: el elegido | Una pesadilla visual sobre el deporte, el sacrificio y la obsesión por el éxito

6 minutos de lectura

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Qué difícil se me hace hacer una crítica de Him: el elegido (2025), del director Justin Tipping – IMDb. Las razones son varias.

Por César Arturo Humberto Heil

En primer lugar, porque no sé realmente qué vi. Him es una película tan ambiciosa en lo temático como avasallante desde lo visual, que bien podría catalogarse, valga la redundancia, como una de esas obras que entran en la categoría de “incalificables”.

En segundo lugar, porque todas esas ideas que, en principio, podrían haber sido interesantes, se quedan únicamente en el plano de la retórica y nunca llegan a profundizarse como uno esperaría, produciendo un vacío de contenido que se siente al finalizar la película.

La historia sigue a Cameron Cade (Tyriq Withers), un joven quarterback universitario con futuro profesional que sufre una lesión cerebral tras un misterioso ataque violento. Cuando su carrera parece acabada, su ídolo, Isaiah White (Marlon Wayans), leyenda del fútbol americano, lo invita a entrenar en un complejo aislado con la intención de formarlo como su sucesor.

Lo que comienza como una mentoría deportiva deriva en una experiencia ritualista y pesadillesca sobre el sacrificio, la fama y la violencia institucional del deporte profesional. Him intenta convertirse en una especie de “body horror deportivo”, una pesadilla sobre el culto contemporáneo al rendimiento físico y la explotación del atleta como mártir moderno.

El deporte como culto religioso

La película intenta convertir al fútbol americano en una especie de religión pagana, y lo hace mediante una serie de elementos recurrentes que aparecen a lo largo de todo el filme.

Tipping mezcla deliberadamente elementos de liturgia religiosa, espectáculo mediático, nacionalismo y sacrificio corporal para presentar al fútbol americano como una ceremonia pagana contemporánea.

Así, podemos observar rituales de iniciación al estilo sectario, el sacrificio corporal como manifestación de lealtad, el culto a la celebridad representado mediante la adoración extrema hacia las figuras deportivas —al punto de morir por ellas— y una masculinidad exacerbada donde el cuerpo es explotado físicamente y representado casi como un arma letal.

Him: el elegido

El tema de las conmociones cerebrales aparece también y lo hace como uno de los horrores más tangibles de la película. Detrás de toda la imaginería satánica y ritualista, Him: el elegido recuerda constantemente que el deporte profesional destruye literalmente el cerebro de sus jugadores.

Masculinidad, dolor y destrucción corporal

La película refuerza una masculinidad performática, donde la violencia física y emocional aparece asociada directamente al éxito. El hombre debe soportar el dolor, destruir su cuerpo y sacrificar cualquier rasgo de vulnerabilidad para convertirse en una figura admirada. En Him, la masculinidad termina funcionando como otra forma de ritual sacrificial.

Lo que procuran el director y sus guionistas, Skip Bronkie y Zack Akers, es mostrar al deporte profesional como una maquinaria que consume cuerpos jóvenes y al atleta como un producto sacrificial dentro del capitalismo del espectáculo. En ese sentido, Him: el elegido convierte al cuerpo del jugador en una mercancía: un objeto explotado hasta el límite físico y mental en nombre del rendimiento, la fama y el éxito económico.

Influencias cinematográficas

Las referencias cinematográficas son múltiples. Es evidente que películas como Get Out, de Jordan Peele —quien además es productor del filme—, y The Neon Demon, de Nicolas Winding Refn, han influenciado a Tipping y a sus colaboradores.

Him: el elegido

Especialmente The Neon Demon, con la cual la película se siente muy identificada, tanto por su estética onírica como por su crítica hacia una institución, en este caso el fútbol americano.

También puede asociarse con Whiplash, de Damien Chazelle, o incluso con An Officer and a Gentleman, de Taylor Hackford, debido a los entrenamientos extremos, la figura del mentor abusivo y el descenso psicológico del protagonista.

La presencia de Jordan Peele como productor y el modo en que fue promocionada la película hicieron que muchos espectadores esperaran una obra cercana al estilo de Get Out, algo que probablemente terminó jugando en contra debido a las enormes expectativas generadas.

Exceso de simbolismo y narrativa confusa

Him: el elegido adolece de una variedad de problemas que hacen que aquello que prometía termine convirtiéndose en un producto sin verdadera solidez.

Him: el elegido

Tipping apela constantemente a lo simbólico para intentar plasmar sus ideas centrales, pero no siempre lo consigue. La acumulación de imágenes alegóricas termina forzando el relato y generando un tono inconsistente. La película insiste en presentar al fútbol americano —y por extensión a la NFL— como una secta moderna donde el éxito exige obediencia absoluta, destrucción corporal y sacrificio ritual, pero esa premisa nunca se desarrolla con claridad y deriva en un tercer acto caótico que parece pertenecer a otra historia.

No alcanza con reproducir la imagen de La última cena de Leonardo da Vinci para que entendamos que el personaje de Cade es la contracara de un Jesús minutos antes de ser sacrificado. Tampoco resulta efectivo representar, en la escena final, a la élite que maneja el fútbol como gobernantes romanos observando matanzas en el Coliseo.

No resulta casual que el proyecto originalmente circulara bajo el título GOAT, término asociado al “Greatest Of All Time” y además a la palabra cabra en castellano, símbolo que representa al equipo de fútbol americano en cuestión, pero también al demonio.  Esa obsesión por convertirse en el mejor explica la constante presencia de símbolos caprinos y referencias demoníacas a lo largo del filme.

Tipping apostó a la estética por encima del guion, y eso hace que la película tenga un gran concepto visual, pero una ejecución irregular. La alegoría termina demasiado subrayada y el simbolismo carece muchas veces de la sutileza necesaria para sostener el relato.

Lo destacable

Como punto a destacar, se puede mencionar la cinematografía de Kira Kelly. La reconocida directora de fotografía logra imágenes surrealistas que construyen una atmósfera febril gracias al uso agresivo del color rojo dentro de una estética cercana a la publicidad y al videoclip. También sobresalen las escenas de rituales demoníacos, filmadas con una intensidad visual que remite al cine de Rob Zombie en The Lords of Salem.

Asimismo, hay que destacar la actuación de Marlon Wayans como Isaiah White, quien abandona la caricatura cómica para construir un personaje oscuro y dominante, caracterizado como una figura paterna tóxica, muy cercana al gurú sectario y casi a un mentor vampírico. Las escenas de transfusiones de sangre funcionan como una metáfora bastante evidente de esa relación parasitaria.

Conclusión

Him: el elegido es una película desbordada por sus propias ambiciones. Justin Tipping intenta construir una crítica feroz al deporte profesional, al culto a la fama y a la maquinaria del espectáculo estadounidense, pero termina perdiéndose en una acumulación de símbolos y excesos visuales que nunca llegan a articular un discurso sólido.

En el fondo, la película funciona como una deformación monstruosa del sueño americano: el triunfo solo parece alcanzarse a través de la autodestrucción física, psicológica y moral. Tipping construye un “terror ritual del éxito” donde el atleta termina convertido en mártir del capitalismo del espectáculo.

Aun así, el filme posee una personalidad visual innegable y momentos de auténtica potencia estética que impiden descartarlo por completo. Es una obra irregular, confusa y muchas veces pretenciosa, pero también lo suficientemente extraña y desafiante como para generar discusión. Quizás allí resida su mayor virtud: en ser una experiencia más interesante de analizar que de disfrutar.

Disponible: HBO Max

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