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El triángulo de la tristeza: Yo me iré a naufragar

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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Se estrenó El triángulo de la tristeza, la nueva película del polémico director sueco Ruben Östlund, el mismo de “Force Majeure: La traición del instinto” (2014) y “The Square” (2017), y por la que ganó nuevamente la Palma de Oro en el Festival de Cannes. A continuación intento explicarte de qué va este nuevo film.

Por Diego M. Bravo

Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado

El nuevo film de Ruben Östlund está postulado a los Oscars de la academia: a mejor director, guion y nada menos que a mejor película. Ante todo, vale aclarar que este realizador es un provocador nato antes que un relator de historias. Esto se puede dilucidar viendo su filmografía anterior, de la cual “Force Majeure…” dentro de las ideas de Östlund, es su mejor film. Desde la puesta en escena narrativa que posee tanto este, como “The Square, apelan a escenas shockeantes y una trama inesperada, en todo sentido. Todo esto lo analizaremos aparte, desde un perfil encuadrado dentro de la sección: “Directores controvertidos”.

Volviendo puntualmente a su nueva obra, se encuentra estructurada en tres partes concretas.
En la primera de ellas, cuenta la historia de Carl (el inglés Harris Dickinson) y Yaya (la modelo sudafricana y tristemente fallecida Charlbi Dean), unos jóvenes modelos de pasarela e influencers de Instagram. A estos, Östlund los mantiene enfrentados para ver quién de los dos paga la onerosa cuenta del restaurant a donde fueron a “comer” y no consiguieron “canje”. Este primer segmento es, de lejos, el más interesante a nivel narrativo y redondo en lo referido a contar una historia.

En la segunda parte de El triángulo de la tristeza, vemos a esta pareja arriba de un crucero de lujo para millonarios que ellos garronearon nuevamente. Los acompañan en el viaje unos millonarios insoportables. Entre ellos, Dimitry, autoproclamado “el rey de la mierda” (Zlatko Buric, que repite su rol de poderoso insufrible de “2012”, pero lo encarna maravillosamente), y su hermana Vera (Sunnyi Melles).

Y además, otro poderoso millonario de la tecnología, Jarmo (Henrik Dorsin), una rica alemana discapacitada, Therese (Iris Berben), que solo puede decir una sola frase: “in den Wolken” (en las nubes). Un “adorable” matrimonio de ancianos ingleses, Clementine y Winston (Amanda Walker y Oliver Ford Davies), que son fabricantes de armas y se las venden a todo el mundo. De parte de la tripulación destacan el alcohólico Capitán izquierdista (un notable Woody Harrelson), la Tercera oficial, Paula (Vicki Berlin) y, entre otros, la empleada de limpieza Abigail (Dolly De Leon).

Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura

Todos estos personajes sufrirán las consecuencias de cenar en mal estado, debido al capricho de Vera de que toda la tripulación se tire al agua, como si fueran sus esclavos o sus monigotes. Y luego, este rejunte de poderosos, deban cenar en medio de una tormenta con consecuencias terriblemente escatológicas e imprevisibles (recomendamos ver la peli con el estómago vacío).

Como si esto fuera poco, luego de la tormenta en alta mar, un grupo de piratas africanos ataca el barco para robarlo. Provocarán una catástrofe aún mayor con consecuencias imprevisibles para todos, que se desarrollará en la última parte del film y que preferimos no spoilear acá.

Con el formato de una comedia “desopilante” y “rupturista” que toma en solfa a los poderosos millonarios, nuevamente Östlund se sale con la suya y engrupe a los distraídos de turno. De esta forma se alza con la Palma de Oro del Festival de Cannes (con solo ver las fotos del festejo del citado, confirma fehacientemente lo que expreso) y se encuentra postulado al Oscar, como detallamos párrafos arriba.

Aparte de que la obtención de un premio, sea cual sea (esto sería motivo de un extenso artículo aparte), desde un Oscar a la Palma de Oro en Cannes, NO es ninguna garantía de que el film sea excelente, ni que pase a la historia por sus logros artísticos. Volviendo al caso puntual de El triángulo de la tristeza, si bien es entretenido, pero demasiado largo, confirma lo que ya insinuó con “The Square” en 2017. A Östlund no le interesa contar una historia, le interesa provocar. Darle una patada virtual al espectador. Aparte de su encono habitual hacia el género femenino y los niños (estos últimos zafaron esta vez, por ausencia de ellos en el guion), a su vez promueve una victimización solapada de los millonarios retratados de género masculino exclusivamente.

Esto se confirma con la humillación de los personajes de Therese y Vera, en su condición de mujeres en forma casi constante, llegando al grado de la degradación literal. Pero los millonarios masculinos son mostrados como pobres víctimas de la situación en la última parte del film. Así también es “humillado” Carl en la primera parte del film, por el rol femenino en general.

Ruben Östlund siempre demuestra una sororidad hacia sus “pobres” coetáneos masculinos, que siempre son “maltratados” por las mujeres y hasta se da el lujo de “cosificarlos” en una forma muy desvergonzada.

Con mi balsa yo me iré a naufragar

El director nuevamente ratifica su forma de pensar a través de sus obras provocativas y que no dejan a nadie callado. Quizás ese sea su objetivo secundario. Que nadie quede indemne mientras él pueda plantar la bandera de su pensamiento un poco retrógrado escondido dentro de imágenes provocadoras y muy escatológicas, humillando a los personajes y a las propias actrices que les dan vida en la pantalla.

Si uno no palpara el contexto post “Me Too”, parece que El triángulo de la tristeza fuera un film algo exagerado para los carriles normales antes de 2017. Pero la astucia de esconder estas ideas, detrás de “una comedia desopilante” y una “burla a los ricos” y llegar a ganar tantos premios, confirma lo que él mismo ejemplificaba en su anterior film, con la pregunta “¿qué es el arte?”. En cualquier caso, el arte de contar una historia en imágenes tiene miles de buenos e interesantes ejemplos, pero ninguno relacionado con este film.

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