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Cine de terror de los ’80: La década mágica

9 minutos de lectura

Bienvenidos a una nueva nota de Revista Sincericidio. Los ’70 fueron aquellos años innovadores que dieron sustento a lo que posteriormente sería un cine de terror mucho más definido e imponente, en todas sus “ramificaciones”, poniendo al gore como ejemplo, como comenté anteriormente en el artículo “Los años ’70: una nueva forma de hacer cine y asustar“. Luego de analizar aquellos años, llegamos a la década mágica: los ’80.

Por Guillermo Martínez

El año no podía ser más intenso e interesante. Además del éxito de Friday the 13th, que marcó una época e influenció a toda la década, hubo películas que se convirtieron en clásicos. Desde The Howling, con su fascinante historia de hombres lobo, hasta The Fog, de Carpenter. Así, la lista de clásicos fue bastante suculenta: Dressed to Kill, My Bloody Valentine o The Shining, el film de Kubrick que dejó sin habla a más de uno y que daba más dignidad al género de cara a los críticos.

Uno de los detalles más interesantes del año fue la coronación de Jamie Lee Curtis como Scream Queen (Reina del Grito) oficial, con tres películas que no dejaron indiferente a nadie: la potente The Fog, Terror Train y Prom Night. Las tres son recordadas hoy como clásicos de los ’80 y contaron con el encanto y atractivo de una de las actrices más potentes de la década.

Hubo muchas más películas para festejar el inicio de la década más terrorífica de la historia del cine. Los slashers empezaban a abundar con películas como Savage Weekend, Bloody Birthday, Schizoid (con Klaus Kinski) o He Knows You’re Alone.

Happy Birthday to Me era otro slasher característico, pero también hubo films que se convirtieron en joyas de culto como Alligator, The Children o Humanoids from the Deep. El tema satánico aún estaba de moda con The Boogeyman y películas simpáticas como New Year’s Evil o Eyes of a Stranger.

Siguiendo con lo que fueron estos años maravillosos, en los que se destacaron slashers inolvidables (prometo próximamente dedicarle una nota entera al subgénero), todavía había lugar para más. Halloween II, The Prowler, Graduation Day, Maniac o The Burning, con efectos especiales del mítico Tom Savini.

Tobe Hooper también nos regalaba clásicos como The Funhouse y Roger Corman con su productora nos traía delicias como Galaxy of Terror (delirante copia de Alien). Gary Sherman dirigía otro clásico con un final sorpresa como Dead and Buried y Linda Blair protagonizaría una serie B como Hell Night.

El tema de los hombres lobo se pondría de moda, con films como Wolfen y sobre todo An American Werewolf in London, de John Landis, con sus espectaculares FX y su toque cómico.

El tema demoníaco seguía vigente con Lucifer o Evilspeak, y gran cantidad de películas seguirían enamorando al fanático más adicto: Blood Beach, The Unseen, Mother’s Day o Ghost Story.

No quiero olvidarme de una de las grandes obras maestras de los ’80, The Entity, gran film protagonizado por Bárbara Hershey, la cual nos devolvía el terror duro que reinó en los ’70 con una fascinante historia de fantasma-violador. Una joya ochentera que no puede faltar en la colección de nadie.

Llegando a 1982, los slashers seguían produciéndose inevitablemente: The Slumber Party Massacre, Friday the 13th Part 2… pero los grandes directores nos traían obras maestras como The Thing, de Carpenter o Creepshow, de Romero (aliado con Stephen King para la ocasión).

La New Line saldría con Alone in the Dark (muy pronto daría que hablar con A Nightmare on Elm Street) y hasta Paul Schrader se animaría con una película como Cat People.

Larry Cohen presentaría otra de sus locuras con Q – The Winged Serpent y Frank Henenlotter nos daría mucho placer con su mítica Basket Case.

Wes Craven seguía perdido haciendo mediocridades como The Swamp Thing (a la espera de que alguien financiara su guión sobre Freddy Krueger) y Spielberg dejaría que Hooper dirigiera Poltergeist. Sin duda, un gran clásico.

También nos llegaría otra joya de culto, como fue Twilight Zone: The Movie. Otro film marcaría el año, y hablo de The Evil Dead, obra maestra de Sam Raimi hecha con muy poca plata. Eso marcó un éxito para el mundo del gore, lo que permitió una avalancha de productos sangrientos que, con el tiempo, derivarían en producciones enmarcadas dentro del ultragore, como el alemán o el japonés. Evil Dead pasó a ser uno de los films más influyentes de la historia.

Después de unas cuantas obras maestras, Carpenter caería un poquito bajo con Christine (adaptación de la novela de Stephen King), un film que no podía compararse con la potencia de The Thing.

Otra saga de psicópatas daría comienzo con Sleepaway Camp, un slasher del montón que pasaría a la historia por su potente final. Y slashers como The House on Sorority Row seguirían con la moda creada con Friday the 13th.

Pero si hay un gran momento del fenómeno slasher, es en este año, con el estreno de Psycho II. Sin duda, la secuela oficial del clásico de Hitchcock, siendo el acontecimiento del año. Norman Bates regresó a reivindicar su trono por encima de Jason Voorhees, Michael Myers o cualquier otra cosa con cuchillo en mano y máscara. Norman es quien empezó todo.

Wes Craven seguiría arrastrándose con la segunda parte de The Hills Have Eyes, además de estrenarse chatarras vampíricas como The Hunger y las adaptaciones del universo de Stephen King, como Cujo (gran film protagonizado por Dee Wallace).

Llegamos a 1984, siendo éste un año clave para el cine de terror de los ’80, ya que nacería uno de sus mayores mitos: Freddy Krueger. Wes Craven nos daría una alegría (como en los tiempos de The Last House on the Left) y crearía una película tan fascinante como potente: A Nightmare on Elm Street. Fue el triunfo de la productora independiente New Line Cinema y el comienzo de una edad de oro para el cine independiente (este año se fundaría Empire Pictures).

Pero el año iba a estar plagado de films clásicos que marcarían época como Terminator, Gremlins, del genial Joe Dante (apadrinado por Spielberg), Silent Night, Deadly Night u otra adaptación de Stephen King, como la emblemática Children of the Corn.

Si 1980 fue el año de Jamiee Lee Curtis, este fue el de Linda Hamilton con Terminator y Children of the Corn, en ambas protagonista y al igual que Curtis, no la volveríamos a ver por el género de terror durante esta década.

También se estrenó Night of the Comet, otra película clásica de zombies. Entrando a 1985, llegaría The Toxic Avenger, dando algunas ideas y sobre todo, diversión. Sus secuelas luego fueron basura.

La serie B empezaba a imponerse, con films apetitosos como Spookies, Neon maniacs, Chopping Mall o la maravillosa TerrorVisión (clásico imprescindible de la serie B de los ’80).

Hooper volvía con Lifeforce y Stephen King con Silver Bullet (historia de hombres lobo protagonizada por Corey Haim) y Cat’s Eye, con Drew Barrymore siendo una niña.

Fright Night ponía de moda de nuevo a los vampiros, aunque quien reinaría la serie B sería Reanimator, la obra maestra de la modesta Empire y película que marcaría el camino emprendido por The Evil Dead. El cine gore vivía su era dorada gracias a una nueva oleada de películas de zombies escabezadas por la nueva obra maestra de Romero, Day of the Dead, y la parodia/homenaje de Return of the Living Dead, del mítico Dan O’Bannon. A partir de acá, los ’80 vivieron su etapa más intensa con decenas de películas de terror y secuelas delirantes.

Ya estamos en 1986. Aliens y The Fly serían las dos grandes superproducciones que arrasarían. Pero secuelas tan poderosas en taquilla como Poltergeist II tampoco se quedarían atrás, por no hablar de Psicosis III, con la que debutó Anthony Perkins en la dirección. O The Texas Chainsaw Massacre 2, del propio Hooper.

La Empire quería repetir el éxito de Reanimator con Resonator, y la serie B nos regalaba Street Trash, el slasher Sorority House Massacre, Night Shift o Troll, también de la Empire.

Habría más vampiros con Vamp, y pelis de culto como The Stepfather (otro slasher clásico) y una nueva saga que nos marcaría a los amantes del cine de terror en los ’80: Critters.

Ahí no termina todo. Night of the Creeps nos alegraría más de una noche, y Wes Craven contraatacaría con una película titulada Deadly Friend (donde un chico le cambia el cerebro a una chica y le pone el de un robot), y Jeff Burr (futuro director de Leatherface: Texas Chainsaw Massacre III) estrenaría The Offspring, film muy olvidado pero otra perla para el fan.

Terminaremos con el debut en la dirección de Stephen King, con la decepcionante Maximum Overdrive (jamás volvería a dirigir nada, afortunadamente), y el simpático slasher con final sorpresa April Fool’s Day, de Fred Walton. Ah, y otro clásico entrañable de los ’80 es la divertida House, y poco a poco nos acercamos al final de esta increíble década.

Otro año glorioso, 1987. Los slashers siguen con Slaugther House y Slumber Party Massacre 2. La secuela de Prom Night también se estrena, aunque es una producción canadiense.

También tenemos Jaws: The Revenge, y los vampiros atacan de nuevo con la moderna The Lost Boys y la fascinante Near Dark. También los llegaría la divertida Class of Nuke ‘Em High, Creepozoids y Dolls.

Los clásicos abundan: Angel Heart, Prince of Darkness, Predator, Night of the demons, The Curse, etc. Henenlotter nos enloquece con Brain Damage y Linda Blair con Grotesque. Nos llegan clásicos de culto de la serie B como The Video Dead, Pumpkinhead y Cameron’s Closet. También nos llegó Creepshow 2, no muy aceptada por los fans. Así que no nos podemos quejar, fue un año prolífico y excitante.

Ya casi finalizamos el recorrido por estos años maravilloso en los que el terror dio, a mi parecer, sus mejores frutos y creaciones. El año 1988 no es la excepción, dando clásicos como Pet Sematary, Child’s Play o The Blob. También se estrenaron Return of the Living Dead Part II, Maniac Cop y Waxwork.

Las secuelas seguían arrasando: Sleepaway Camp 2 y 3 (se filmaron a la vez), Critters 2, Poltergeist 3 (con Heather O’Rourke muriendo en la vida real antes del estreno). La serie B deja paso a la serie Z, como Scarecrows, Hollywood Chainsaw Hookers, Dead Heat, Evil Spawn o Hide and Shriek.

Craven regresa con The Serpent and the Rainbow, sin olvidarnos de la sorpresa que nos dio la durísima Henry: Portrait of a Serial Killer.

Llegamos al último año de la década y último año de la gloria del cine de terror ochentero. No sé si es casualidad o no, pero ya en 1990 se notaría la caída que pegó el género. Pero en 1989 tenemos una lista de clásicos para devorar: Warlock, la entrañable Tremors, la potente Leatherface: Texas Chainsaw Massacre III y Nightwish.

Sí, faltan éxitos de la talla de Aliens o Reanimator, pero había mucho entretenimiento con miles de secuelas: The Fly II, Stepfather II, Friday the 13th Part 8 : Jason Takes Manhattan y entrañables series B como Revenge of the Living Zombies.

La Empire había desaparecido, pero los hermanos Band crearon la Full Moon, que iba a ser muy decepcionante, pero al menos estrenaron un mini-clásico como Puppet Master.
Tobe Hooper y George A. Romero pegarían sus últimos golpes con Spontaneous Combustion y Monkey Shines, respectivamente, y el famoso Robert Englund debutaría en la dirección con 976- EVIL.

Sean Cunningham se destaparía con DeepStar Six, siguiendo la moda de Abyss, de James Cameron. También estaría Bride of Re-Animator, aunque se estrenaría en 1990.

Es claro, se notaba un descenso en la ideas y en el impacto de las películas de terror, cosa que se profundizaría en 1990 y en todo el principio de la siguiente década, pero eso ya es otra historia que vale la pena contar en un próximo artículo.

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