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La Caja: No toca botón

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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Cuando se estrenó La Caja (2009), filme basado en el cuento Botón, botón de Richard Matheson, gran parte de la crítica fue extremadamente dura con la película y con su director Richard Kelly. Algunos incluso la mencionaban como una de las peores películas del año. Con todos estos antecedentes negativos, me puse a verla y la verdad es que me encontré con que no es tan mala como se había dicho. Si bien el filme no es una gran película y tiene algunos problemas de guion, no me pareció que haya sido merecedora de tan nefastas calificaciones.

Por César Arturo Humberto Heil

Uno de los factores para tan lapidaria crítica fue que Richard Kelly había debutado en el largometraje con Donnie Darko (2001), un filme de ciencia ficción adorado por los fans del género y que con los años se fue convirtiendo en una obra cinematográfica de culto. Todos los que se habían fascinado con “Donnie Darko”, incluida la crítica, esperaban que los próximos filmes de Kelly fueran aún más deslumbrantes e innovadores como lo fue su primer trabajo, lo que está claro, no sucedió. Esta defraudación artística por parte de Kelly hizo que muchos no lo perdonaran y lo castigaran duramente defenestrando a su película.

Pero La Caja no es un producto que se pueda catalogar de pésimo, como fueron algunos de los epítetos pronunciados por los críticos, sino más bien se podría decir que es un producto aceptable, con algunas aspiraciones fallidas, pero que en gran parte de las casi dos horas que dura, mantiene el interés del espectador por saber qué o quiénes están detrás de ese siniestro juego con la caja.

El matrimonio Lewis y su hijo se despiertan en la madrugada por el sonido del timbre. Al salir, Norma Lewis (Cameron Díaz) se encuentra con una caja de cartón frente a su puerta, sin remitente ni destinatario. Al abrirla, otra caja de madera más pequeña y con un pulsador bajo un vidrio cerrado con llave y una nota en la que un tal Arlington Steward (Frank Langella) les dice que se contactará con ellos a las cinco de la tarde, es todo lo que hay dentro.

A la hora acordada, el misterioso señor Arlingtong Steward se presenta ante Norma con la mitad de su rostro desfigurado. Este le da una llave y le dice que, si presiona el botón, alguien en alguna parte del mundo morirá y que, a cambio, ella y su marido recibirán el pago de un millón de dólares en efectivo y libre de impuestos. Una suma nada despreciable.

El dilema está planteado en el matrimonio, la situación económica no es buena. Su esposo Arthur Lewis (James Marsden) que trabaja en un departamento de la Nasa como ingeniero óptico, pierde su ansiada postulación para ser astronauta y Norma, que tiene una deformidad en uno de sus pies y tiene que operarse, ve cómo le deniegan la ayuda económica que solicitó para solventar los gastos de su operación.

De más está decir que presionan el botón. Norma es quien toma la decisión y Steward les entrega el millón de dólares tal cual lo acordado. A partir de ese momento todo se empieza a caer en picada y la vida de los Lewis se ve invadida por siniestros personajes, extraños sucesos y fuerzas ajenas a este mundo van tomando posesión de sus cuerpos y mentes.

Algunos datos

El filme establece algunos puntos de contacto con la historia del Génesis de Adán y Eva, a los cuales Dios puso a prueba, diciéndoles que no comieran de la manzana prohibida. Ambos sucumbieron a la tentación y cayeron en la perdición, tal cual como sucedió con Arthur y Norma. Es decir que, de cierta forma, la caja es como una parábola de la manzana y la película se basa por completo en esta historia.

A lo largo de la película se menciona la tercera Ley de Clarke, enunciada por el escritor de ciencia ficción Arthur Clarke en la que se afirma que «Toda ciencia lo suficientemente avanzada, es indistinguible de la magia».

Esta frase se puede ver por primera vez en la casa de los Lewis, en un mural, y luego ese mismo mural se observa en la «Biblioteca para empleados», que es la biblioteca donde se reunían las personas que están bajo la influencia de Steward.

La existencia de este mural y su enfoque en esta Ley nos recuerda que la existencia de esa caja y de todo lo que provoca no es ningún experimento científico, sino que se trata de magia o de razones de origen divino.

Arlington Steward fue regresado de la muerte por «aquellos que controlan los rayos» con la finalidad de asignarle una misión, en la que aun tomando en cuenta la tercera Ley de Clarke, se asocia al poder de resucitar muertos que tienen los dioses y que no tiene nada ver con el aspecto científico. Esto quiere decir que «aquellos que controlan los rayos» eran de origen divino.

Conclusión

La Caja nos presenta el dilema moral de si tuvieras la oportunidad de ganar mucho dinero para cometer un crimen en secreto, del que nunca nadie se enteraría y sin conocer a la víctima ¿Lo harías?

La primera hora del filme es realmente inquietante, e incluso por momentos resulta bastante aterradora. El problema se presenta después, al iniciarse la segunda mitad, porque es ahí donde la película empieza empantanarse.  

La trama, que se deriva hacia la ciencia ficción y lo religioso, se hace un poco confusa y el interés del espectador se pierde en esa marea de subtramas en donde el gobierno, y presumiblemente los extraterrestres, no queda del todo claro, están metidos. Hacia el final, la narración vuelve a retomar el interés del público, pero ese nuevo impulso no alcanza para terminar de cerrar una historia con más interrogantes que certezas.

Así y todo, La Caja es un producto que se puede ver y que, a muchos, no defraudará.

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