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Duna Parte II: Ni un paso en falso

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Duna Parte II

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Un impactante despliegue visual es el que desarrolla Denis Villeneuve en esta versión de Duna Parte II. Mi expresión no es solamente un adorno para enmarcar la película que pude ver la pasada semana.

Por Gastón Dufour

Recurre a diversos y perfectos elementos de planteo estético que pueden eventualmente ser reconocidos como lugares comunes. Y si lo hacen, se equivocan.

Estos en realidad completan la idea de un film de género fantástico que no puede ser mejor en cuanto a su calidad general. Los puntos en los que las manos del titiritero quedan a la vista, expuestas para el espectador, son prácticamente nulos.

La intervención del protagonista Paul Atreides (Timothée Chalamet) eleva sus acciones por sobre el marco de fanatismo religioso. Y esto lo transforma en una especie de elegido para los Fremen, a medio camino entre Neo y Cristo.

Esa misma instancia solemne y plena de fanatismo lleva a los bandos enfrentados a una pelea interplanetaria que no conoce de fronteras de ningún tipo (y no hablo justamente de las físicas). Todo esto ocurre inmediatamente después del ataque de los Harkonnen a la familia Atreides y su posterior caída en desgracia, ocurridos en la primera entrega. 

La búsqueda de la supervivencia en el desierto a cualquier precio, entre otros detalles que es preciso no revelar por ahora, conforman la columna vertebral de la historia que guía al clan en el descubrimiento de los diferentes rituales, ayudantes para el cumplimiento de la misión-destino que se devela a cuentagotas, a medida que transcurre el tiempo en pantalla.

La locura y el poder son temas que se tratan adecuadamente en el marco de lo que se narra, basados en la novela escrita por Frank Herbert en 1965. Las revelaciones internas sorprenderán al espectador en el transcurso del recorrido en el que la dramática Jessica (Rebecca Ferguson) se acomoda en un papel de Reina madre según los mandatos de las Bene Gesserit, una figura suficientemente particular como para volver magia los secretos de palacio.

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La adaptación de la historia original al guion por supuesto es importante y le aporta el clima que Duna Parte II necesita. También pide esto para abordar con un ritmo que no transforme lo que se ve en un golpe somnífero. Esta tarea estuvo a cargo del propio director y Jon Spaihts, y logra con creces el efecto deseado.

Las peleas intestinas avanzan paso a paso y culminan en un duelo personalísimo. El enfrentamiento presenta a una de las más interesantes figuras antagonistas de los últimos años del cine. En el lado opuesto, trae al teórico héroe fungido como divinidad entre los hombres, a quienes pretende guiar a la victoria.

Esto da rienda suelta a una visión perfecta de la continuación de una de las mejores sagas fantásticas de todos los tiempos. A la que al fin se le hace el honor que claramente merece.

Las herramientas plenas de simbolismos definen la historia del protagonista en una singular representación del clásico camino del héroe. De eso se desprende el impacto que la modificación a las categorías simplistas de “buenos contra malos” genera para los confusos roles que terminan despojándose de efecto lineal.

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El peso de la presencia de Zendaya en su rol de la rebelde que pretende románticamente al joven Atreides, y que en principio parece ser correspondida, juega con la que simula ser una inocencia compleja, pero esto lentamente se modifica. Lo que describo lleva al personaje de Chalamet a dudar en sus propósitos, en lo que se espera de él y, de paso, en el valor del sacrificio que su madre afirma hacer, sin posibilidad alguna de obrar en contrario.

Pese a esto que señalo, puedo afirmar que algunas figuras que representan en principio la encarnación de la maldad plena de deseos destructivos toman una naturaleza que no les era propia.

De este modo llegan a su punto de realización constitutivo de su necesidad cuando logran su propósito, trastocando sus formas y su objetivo sin abandonar del todo quiénes son.

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El resto de los integrantes del elenco no mencionados hasta el momento le colocan el moño a esta espectacular producción. Son de la partida Florence Pugh, Austin Butler, Josh Brolin, Dave Bautista, Christopher Walken, Léa Seydoux, Stellan Skarsgård, Charlotte Rampling, Javier Bardem y Anya Taylor-Joy. Como último punto se suma la música de Hans Zimmer. No hay más que aplausos para él.

Duna Parte II tiene una puesta superior a todo lo que se ha visto en el último tiempo. Considerando que, salvo pocas honrosas excepciones, algunos films ofrecidos de manera semanal apenas llegan a cubrir una consideración de valía por su olvidable presencia. A la usanza de los contenidos que se consideran hoy interesantes por su viralización mecánica y sin otro sentido que la repetición orgánica improductiva.

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