Absolución: El ocaso de un gánster
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hace tiempo atrás había escrito una nota sobre uno de los tantos filmes del veterano actor Liam Neeson, y recuerdo haber dicho que el actor de 73 años ya no estaba para realizar papeles de acción, porque era evidente que los años le estaban haciendo mella en las acciones físicas y corporales que le tocaba interpretar. Parece que el mencionado Neeson también se ha dado cuenta de las dificultades que le provocan los años y ha decidido dar un giro en la elección de sus personajes. Ese es el caso del filme Absolución (Absolution 2024) del director Hans Petter Moland, en donde el actor irlandés vuelve a interpretar a un personaje duro, pero sin la necesidad de exponer demasiado el cuerpo como en filmes anteriores.
Por César Arturo Humberto Heil
El reencuentro de un equipo creativo
Vale la pena destacar que Absolución no es el primer encuentro entre Neeson y el director noruego Hans Petter Moland. Ambos ya habían colaborado en el remake de Venganza (2019), un thriller de acción más alineado con la filmografía clásica del actor en la última década. Esta segunda colaboración, sin embargo, demuestra una evolución consciente. Moland, conocido en Europa por dramas negros cargados de ironía y melancolía como Un asunto de principios (2014), parece ser el aliado perfecto para guiar a Neeson en esta etapa más introspectiva, aplicando una sensibilidad europea a una historia de gánsteres netamente americana.
Un pasado que alcanza al presente
Thug (Liam Neeson) trabaja hace más de 30 años para el mafioso Charlie Conner (Ron Perlman) haciendo encargos, entregas y cobrando a los negocios por protección. Cuando su memoria empieza a fallar y es diagnosticado con encefalopatía crónica, una afección cerebral irreversible causada por los golpes recibidos durante su vida como mafioso y exboxeador, Thug siente que debe hacer algo con su vida.
Es por eso por lo que intenta reencontrarse con su hija Daisy (Frankie Shaw) y su nieto Dre (Terrence Pulliam) con quienes no tiene relación hace años, pero al principio las cosas no salen tan bien como pensaba. A pesar de intentar seguir con sus actividades delictivas, Thug va viendo cómo su cerebro va dejando de funcionar y es por eso por lo que, después de algunas situaciones, nuestro gánster termina tomando una drástica decisión que marcará su destino, el de su hija y el de su nieto.
La encefalopatía como un símbolo narrativo
La encefalopatía traumática crónica que padece Thug no es solo un detalle médico en el guion; funciona como una potente metáfora del peso de una vida de violencia. La mente del personaje se convierte en un campo de batalla donde los fantasmas del pasado se confunden con el presente, un recurso que el director explota con acierto mediante secuencias oníricas y desenfoques sutiles que sumergen al espectador en la creciente confusión del protagonista. Esta aproximación visual acerca a Absolución más al terreno del drama psicológico que al del thriller criminal tradicional.
Una reflexión profunda sobre el tiempo y las consecuencias

Absolución es un filme intenso y emotivo, que busca reflexionar sobre el paso del tiempo, las enfermedades, la recomposición de las relaciones familiares, las malas elecciones de vida y los vínculos tóxicos. El guionista Tony Gayton, conocido por el filme Cálculo mortal (2002) y el director Hans Petter Moland construyen una historia profunda y reflexiva sobre un personaje al final de su carrera y de su vida útil. Sin grandilocuentes escenas de acción y golpes a mansalva, el filme remite a las últimas producciones de Clint Eastwood, otro veterano actor y director que entendió el mensaje del cuerpo cuando los años pasan y encontró el punto exacto entre vejez y madurez actoral. Neeson va en ese sentido.
La presencia de Ron Perlman como el jefe mafioso Charlie Conner aporta la dureza necesaria para contrastar con la vulnerabilidad de Thug. Su personaje representa el mundo del que Thug no puede escapar, un lazo tóxico de décadas de lealtad mal entendida. Por su parte, Frankie Shaw como Daisy encarna el resentimiento y el dolor de una hija que ha crecido a la sombra de la ausencia y la violencia de su padre, proporcionando el drama emocional que ancla la historia a una realidad humana y dolorosamente creíble.
No esperen ver la típica película al estilo Búsqueda implacable (2008) porque no la van a encontrar. Aquí el peso pasa por una sólida interpretación de Liam Neeson y por una astuta dirección de Hans Petter Moland, quien ha entendido a la perfección cómo había que contar esta historia. Con un ritmo pausado en los momentos en que Thug siente que está perdiendo el control y reflexiona, bellas imágenes oníricas en sus desvíos mentales y esa cuota de acción perfectamente adaptada al personaje.

Conclusión
Absolución no será el mejor filme de Neeson, ni tampoco dará tela para las charlas de café, pero seguramente les dejará un buen sabor de boca. Ese que perdura por un tiempo y que refleja que lo que hemos visto ha sido un producto digno e interesante para una producción de gánsteres, confirmando que la verdadera fuerza de un actor no está en sus puños, sino en la profundidad de su interpretación. Es una película sobre la redención, sí, pero también sobre la aceptación final, un digno cierre para un arquetipo que el propio Neeson ayudó a reinventar.
Disponible: Flow (en alquiler)
