Conan O’Brien: El anfitrión de los Oscar que se merecen
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Después de años de sillas diferentes anfitriones y experimentos fallidos, los Premios de la Academia necesitan una mano confiable al timón, especialmente en un año en donde la controversia sobre la calidad de algunas películas nominadas ha sido la estrella. Para esta edición cargada de críticas no hay nadie más adecuado que el presentador de televisión Conan O’Brien.
«La mezcla perfecta de inteligente y estúpido»
Mientras los Oscar continúan su búsqueda desesperada de relevancia en las audiencias, de alguna manera han pasado por alto la solución pelirroja que se ha estado escondiendo a plena vista durante décadas.
Por Redacción Revista Sincericidio
Nunca habrá otro Conan O’Brien
La sensibilidad cómica que hace que O’Brien sea ideal es exactamente lo que le falta a la ceremonia: esa rara habilidad de ser simultáneamente intelectual y absurdo. Como él mismo dijo: «Cuando lo inteligente y lo estúpido se unen, es muy difícil, pero si puedes hacer que suceda, creo que es lo más hermoso del mundo».
El factor de autodesprecio
A diferencia de los presentadores que complacen la importancia personal de Hollywood o aquellos que parecen aterrorizados por la audiencia de la lista A, la mayor fortaleza de Conan siempre ha sido su voluntad de convertirse en el blanco de la broma. Sus desgarbados movimientos de baile y su maníaca comedia física aportarían un refrescante contraste a la rigidez típica de la ceremonia.
Los Oscar no necesitan otro anfitrión que trate a las celebridades como a la realeza, necesitan a alguien que pueda desinflar el ego de la sala mientras sigue celebrando el cine. Ese es el punto dulce de Conan.
La capacidad de improvisación
Cuando las dificultades técnicas golpean inevitablemente (como siempre lo hacen durante las transmisiones en vivo), imagínese a Conan haciendo riffs con su característico baile de cuerdas o convocando a Jordan Schlansky para que explique las complejidades del cine italiano. Su habilidad para crear comedia a partir de momentos incómodos transformaría los desastres potenciales en momentos destacados.
Su educación en Harvard proporciona el peso intelectual para apreciar los méritos artísticos del cine, mientras que su voluntad de poner una boca mecánica a control remoto en Triumph the Insult Comic Dog demuestra que nunca está por encima de los ridículos gags visuales.
La química de los invitados
Quizás el talento más subestimado de Conan es su capacidad para hacer que los invitados se sientan cómodos sin dejar de generar momentos genuinos. Mientras que Jimmy Fallon interrumpe constantemente y Jimmy Kimmel a menudo deja a los invitados sintiéndose emboscados, O’Brien ha dominado el arte de provocar reacciones genuinas a través de una conversación cuidadosamente calibrada.
Como lo demuestra su magistral entrevista con la notoriamente tímida Rooney Mara, Conan posee una rara habilidad para tranquilizar incluso a las personalidades más reservadas. Imagínense lo que podría hacer con el nervioso nominado por primera vez o el abrumado cineasta internacional que de repente se convierte en el centro de atención.
La verdadera belleza de los Oscar presentados por Conan no serían las partes preparadas (aunque serían estelares), sino verlo navegar por el inevitable caos de la televisión en vivo con la misma brillantez de improvisación que ha definido su carrera.
Conclusión
En una época en la que los presentadores parecen temerosos de ofender o tener dificultades para llamar la atención, O’Brien representa esa raza de artistas en extinción que puede asar y celebrar simultáneamente a una institución sin disminuir ninguna de las dos. La Academia haría bien en reconocer lo que los televidentes nocturnos han sabido durante décadas: nunca ha habido otro Conan O’Brien, y nunca lo habrá.
