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Jefes de Estado: fórmula conocida, resultados desparejos

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Jefes de Estado

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Con una fórmula archiconocida, Jefes de Estado (2025), del director ruso Ilya Naishuller (Nobody), nos presenta un filme cuyo principal y único propósito es entretener a la mayor audiencia posible, sin pretender moralizar ni profundizar en las tensiones entre las dos grandes potencias del mundo: Estados Unidos y el Reino Unido.

Por César Arturo Humberto Heil

Una comedia de acción sin pretensiones políticas

Se podría decir que Jefes de Estado tiene casi la misma estructura que el clásico Mejor solo que mal acompañado (Planes, Trains and Automobiles, 1987), del maestro de la comedia buddy movie, John Hughes: “Dos personajes que se odian deben estar juntos a pesar de sus diferencias y tratar de tolerarse”.

Cena y Elba: buenos actores, poca química

Con esta simple premisa —que dio excelentes resultados en el filme de Hughes— el director de Nobody (2021), en su salto al cine mainstream, no logra alcanzar el nivel de aquella comedia pasatista. El principal problema reside en un humor algo torpe entre los dos jefes de Estado.

Si bien Idris Elba como el primer ministro británico Sam Clarke y John Cena como Will Derringer, presidente novato de Estados Unidos, cumplen de forma aceptable, no logran la química que supieron tener John Candy y Steve Martin. Aunque no se trata de una remake, la comparación se justifica por la similitud en la fórmula.

Entre misiones fallidas y líderes opuestos

La historia comienza durante una misión secreta entre la CIA y el MI5, en plena Tomatina de Buñol, España. Lo que debía ser la captura del terrorista Viktor Grados (Paddy Considine), un traficante de armas ruso radicalizado, termina saliendo muy mal: mueren la mayoría de los agentes y se roba el código secreto del principal sistema de seguridad del Reino Unido.

Jefes de Estado

El primer ministro británico, Sam Clarke, es un soltero de seis hijos y, como buen británico, siempre intenta mantener la línea de lo formal y lo políticamente correcto. En cambio, su par estadounidense Will Derringer es un padre de familia, otrora estrella de películas de acción —en una clara alusión al expresidente Ronald Reagan— y un recién llegado a la política. A diferencia de Clarke, Will es más popular y carismático, y no se distingue precisamente por su corrección política.

Estas diferencias hacen que ambos mandatarios no se soporten. Sin embargo, cuando el incidente de España escala y la amenaza se globaliza, convirtiéndose en un verdadero problema para ambos Estados, los dos líderes deberán dejar de lado sus diferencias y colaborar si quieren salvar al mundo de las muy malas intenciones del ruso Viktor Grados.

De la acción al gag, sin rumbo claro

No hay dudas de que Jefes de Estado es un producto pensado para ser estrenado directamente en plataformas de streaming, y no busca otra cosa que entretener a una porción amplia del público. Sus similitudes con Mejor solo que mal acompañado podrían haberle otorgado ese toque de comedia tonta en la superficie, pero inteligente desde un guion sólido y personajes entrañables y reconocibles.

Jefes de Estado

Lamentablemente, los guionistas Josh Appelbaum, André Nemec y Harrison Query no han hecho uso de esa frescura que caracterizó a los filmes de Hughes, y todo termina siendo un refrito de ideas que bordean lo inverosímil, difíciles de digerir incluso sabiendo que se trata de una comedia. Quizá un humor menos esquemático y superficial —que apelara al sarcasmo como lo hizo Stanley Kubrick en Doctor Insólito (Dr. Strangelove, 1964)— o directamente a lo absurdo, como en Súper Secreto (Top Secret, 1984) de los hermanos Zucker, habría sido una mejor elección.

La dirección del ruso Ilya Naishuller no logra alcanzar el vuelo de su película Nobody, al imprimirle escasa personalidad y apelar a una puesta en escena acartonada, sin demasiado riesgo, dejando en claro en qué tipo de producto se ha metido. En líneas generales, salvo contadas excepciones, el filme no escapa a la fórmula de los productos a los que nos tiene acostumbrados Amazon Studios, como la reciente G20 (2025), de la mexicana Patricia Riggen.

Conclusión

Jefes de Estado es, en el mejor de los casos, una comedia de acción pasatista que cumple con lo justo. Tiene ritmo, algunas secuencias bien resueltas y dos protagonistas con oficio, pero no alcanza nunca una identidad propia. Todo en ella suena a fórmula repetida y a oportunidad desaprovechada.

Jefes de Estado

No se le puede pedir más de lo que promete, pero tampoco ofrece mucho más. Si algo nos enseñó el cine —y especialmente la fórmula buddy movie— es que el mundo solo puede salvarse cuando dos tipos que no se soportan se ven obligados a trabajar juntos. Esta vez, ni siquiera eso logra salvar la película.

Disponible: Prime Video

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