Novocaína: Cuando el amor no duele
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Dicen que el amor es ciego, que mueve montañas, que es irracional, que no conoce límites, que está loco… y así podríamos seguir con muchas frases retóricas que intentan definir uno de los motores universales del ser humano. En Novocaína (Novocaine, 2025), de los directores Dan Berk y Robert Olsen, el amor es el eje que mueve al protagonista, pero con una particularidad.
Por César Arturo Humberto Heil
Nate (Jack Quaid), un rutinario y aburrido subgerente de banco, padece Insensibilidad Congénita al Dolor con Anhidrosis, una rara enfermedad genética que le impide sentir dolor, calor, frío y transpirar. Su vida cambia cuando entabla una relación con Sherry (Amber Midthunder), una nueva empleada del banco.
Acostumbrado a recibir burlas desde niño por su enfermedad, Nate ha llevado una vida recluida en su casa, encontrando en los juegos en línea su único refugio, el único espacio donde no es agredido. Allí ha entablado una amistad virtual con Roscoe (Jacob Batalon). Por eso, cuando Sherry irrumpe en su vida, todo parece presentársele más que auspicioso. Pero, como era de esperar, ese amor loco y salvaje dará un giro inesperado.
El amor como motor y como anestesia
Tres ladrones disfrazados de Papá Noel —estamos en vísperas de Navidad— asaltan el banco, matan al gerente, obligan a Nate a entregar la combinación de la bóveda y se llevan a Sherry como rehén, junto con los millones. Nate, locamente enamorado, no duda en salir tras ella para rescatarla, ya que perderla no es una opción viable. Roba un móvil policial, una pistola, y se lanza a perseguir a los secuestradores por la ciudad.
Lo que sigue es el plato fuerte del filme. Nate, inmune al dolor, se enfrenta uno a uno a los responsables de llevarse a su amor. A pesar de ser un improvisado en el uso de armas, su motorcito llamado Sherry lo impulsa a hacer cosas increíbles. Claro que, antes, recibe una andanada de golpes, patadas, cortes, quemaduras y todo lo que se les ocurra… sin gritar en lo más mínimo.

Entre dibujos animados, homenajes y giros sorpresivos
El guionista Lars Jacobson utiliza esta idea para dar rienda suelta a una sucesión de escenas bizarras, grotescas e incluso ridículas, que remiten a los dibujos animados de William Hanna y Joseph Barbera. Incluso se da el lujo de homenajear a Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York (Home Alone 2, 1992, Chris Columbus), con una escena donde una casa llena de trampas lleva a nuestro indoloro protagonista a recibir desde una flecha en la pierna hasta una bola con púas en la espalda, escapando gracias a la intervención de su amigo Roscoe.
En el guion hay un punto de giro inesperado que, a pesar de mis años de experiencia, no vi venir. Viéndolo en retrospectiva, era obvio, pero por la velocidad del relato pasa completamente desapercibido y cumple perfectamente con el efecto sorpresa.
La humanidad detrás del superhéroe
A pesar de que Nate tiene un “halo” de superhéroe, su humanidad nunca se pierde. Como John McClane en Duro de matar (Die Hard, 1988, John McTiernan), lo vemos sangrar, desmayarse y sufrir, aunque no sienta dolor. Lo que podría haber sido una “oda” a la inverosimilitud termina en un punto medio: lo exagerado y lo irreal están presentes, pero compensados por la humanidad del personaje. Esto le da un equilibrio que hace más pasable la acumulación de lesiones que, en cualquier otro ser humano, lo hubieran mandado al otro mundo. A eso lo llamo la magia del cine.

Conclusión
El final, aunque esperado, deja la sensación de que un desenlace más osado le hubiera sentado mejor. Pero estamos ante un producto industrial, y como sabemos, a la industria no le gustan los finales tristes. Por eso, todo termina como en los cuentos para chicos. Novocaína es una comedia negra disfrazada de thriller romántico que apuesta por la exageración, el humor físico y el absurdo para hablar, en el fondo, del amor… ese que no duele, al menos para Nate.
Disponible: Paramount+
