La guerra de los mundos: Una adaptación completamente innecesaria
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Desde su publicación en 1898, la novela La guerra de los mundos del escritor de ciencia ficción Herbert George Wells (1866-1946) ha tenido varias adaptaciones a otros formatos. En primer lugar, está la controvertida representación radial del actor y director Orson Welles en 1938, y posteriormente las versiones cinematográficas dirigidas por Byron Haskin en 1953 y por el maestro Steven Spielberg en 2005. Existen además algunas adaptaciones menores para televisión que no merecen ser mencionadas.
Por César Arturo Humberto Heil
Este año, la productora Amazon Prime Video dio luz verde para que el director Rich Lee —quien hasta ahora se había desempeñado como realizador de videoclips y técnico de efectos visuales en filmes como Minority Report (2002) y Soy leyenda (2007)— hiciera una nueva adaptación de La guerra de los mundos, recientemente estrenada en la plataforma de streaming.
Después de ver la película, uno sinceramente no entiende cómo se pueden malgastar millones de dólares en una producción que no solo nadie pidió, sino que parece haber sido pensada como una enorme propaganda para la empresa de envíos online del millonario Jeff Bezos.
Una historia sin rumbo ni propósito
La historia sigue a William Radford (Ice Cube), un agente de la CIA que trabaja espiando a la población a través de un gigantesco sistema de monitoreo. William también aprovecha ese enorme poder para controlar a sus hijos: Faith (Iman Benson), una destacada bióloga, y David (Henry Hunter Hall), un nerd de la computación.
Es en ese discurrir entre pantallas de ordenador, llamadas a celulares, mensajes de texto y programas informáticos los extraterrestres llegan a nuestro planeta y comienzan una invasión cuyo objetivo no es exterminar a la humanidad, sino robar nuestros datos informáticos. En medio del caos, William debe usar toda la tecnología a su alcance para mantener a salvo a sus hijos, mientras sigue las órdenes de sus superiores.
Un Screenlife mal hecho
En un intento por subirse a la moda del formato Screenlife (historias contadas íntegramente a través de pantallas), los guionistas Kenny Golde y Mark Hyman pensaron que una versión de la novela de Wells realizada con esta estética podía ser una buena propuesta. Lejos estuvieron de lograrlo: el filme no cumple con los aspectos mínimos que requiere un formato que, a mi entender, necesita de un director con experiencia, algo que Rich Lee claramente no tiene.

Ejemplos exitosos de este recurso son Searching (2018) de Aneesh Chaganty y Host (2020) de Rob Savage, dos claros exponentes de cómo se hace una película en formato Screenlife. Esta versión de La guerra de los mundos, en cambio, apenas parece entender el lenguaje que intenta usar.
Efectos visuales pobres y actuaciones para el olvido
Otro de los graves problemas del film, además de su débil adaptación, son las actuaciones y los efectos visuales, que rozan lo amateur. Los actores parecen no tener idea de lo que significa una invasión extraterrestre. El personaje de Sandra Salas, una científica de la NASA interpretada por Eva Longoria es sencillamente lamentable. Lo mismo ocurre con Ice Cube, quien está casi todo el tiempo en pantalla, pero no transmite absolutamente nada con sus expresiones y reacciones ante el ataque y la situación de sus hijos. Su personaje es una caricatura sin emoción ni credibilidad, como el resto del elenco.
Los efectos visuales parecen hechos por un estudiante de primer año de cine. Resulta incomprensible que alguien que trabajó en el área de efectos de películas importantes haya entregado semejante mamarracho.
Por otro lado, la película es muy difícil de seguir. El protagonista abre y cierra programas y ventanas a un ritmo tan vertiginoso que el espectador se pierde en una confusa maraña digital. Esto hace que la invasión alienígena quede en segundo plano, ya que toda la acción se centra exclusivamente en William y sus hijos.

Conclusión
La guerra de los mundos de Prime Video no solo es innecesaria, sino que confirma que adaptar clásicos no garantiza buenos resultados, mucho menos cuando se anteponen intereses comerciales a decisiones artísticas. El uso del formato Screenlife no está justificado ni bien ejecutado, las actuaciones no emocionan, y el guion diluye todo el potencial del relato original en una sucesión de pantallas sin alma. Un proyecto fallido que ni siquiera alcanza el estatus de curiosidad.
Disponible: Prime Video
