Troll 2: un Megatroll evolutivo
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Troll 2, película noruega de monstruos de 2025, dirigida por Roar Uthaug. El guion estuvo a cargo de Espen Aukan y la fotografía fue realizada por Oskar Dahlsbakken. La música es de Johannes Ringen, mientras que la edición estuvo en manos de Christoffer Heie junto a Jens Peder Hertzberg. Es la secuela de Troll y su rodaje se llevó a cabo en Noruega y Budapest.
Por Daniel López Pacha
Reparto
Ine Marie Wilmann (Nora Tidemann), Kim S. Falck-Jørgensen (Andreas Isaksen), Mads Sjøgård Pettersen (mayor Kristoffer «Kris» Holm), Karoline Viktoria Sletteng Garvang (Sigrid Hodne), Sara Khorami (Marion), Ágota Dunai (científica), Molly Feeley (presentadora de noticias), Anne Krigsvoll (Esther J. Tiller), Pål Richard Lunderby (periodista).
Sinopsis
Nora, Andreas y el capitán Kris vuelven al terreno cuando una colosal amenaza se sacude bajo las montañas del norte: un troll que no solo ha despertado, sino que ha evolucionado. Con Noruega al borde del colapso y el enemigo superando cualquier parámetro conocido, el trío comprende que la victoria no depende de la fuerza, sino de la cooperación. Así, reclutarán a una insólita coalición de científicos, rastreadores árticos y lingüistas de mitología antigua para descifrar al monstruo y anticipar sus próximos movimientos.
Encuentro con la leyenda en un blockbuster con alma
En Troll 2, Roar Uthaug retoma el mando con una mirada luminosa y aventurera, combinando espectáculo y folclore escandinavo. La historia nos reencuentra con Nora, ahora refugiada en un valle montañoso que reverbera calma y misterio. Allí, lejos del eco mediático, la protagonista explora etología desde una curiosidad genuina: no busca solo entender, quiere conectar.
El regreso de Andreas junto al enigmático capitán Kris no es un simple recurso narrativo: es un abrazo al corazón del primer film, que da cohesión a la franquicia y refuerza la fortaleza del elenco. La incorporación de Marion agrega frescura y coraje, invitando a nuevas audiencias a sumarse sin sacrificar la identidad de sus raíces.
La película decide narrar el mito jötunn (en las mitologías germana y nórdica los jötunn eran una raza de seres (a menudo llamados “gigantes”) con fuerza sobrehumana) como herencia, memoria y puente entre mundos. Esta aproximación transforma la aventura en algo más profundo que una saga de monstruos: es una invitación a apreciar el origen de las historias que modelan una cultura.
El guion desarrollado por Espen Aukan equilibra emociones con grandes secuencias, manteniendo un tono esperanzador aun en el caos. Ese contraste se convierte en su mayor acierto: recordarnos que los mitos sobreviven porque nos hablan de humanidad.
La huella histórica que ancla el mito

Un matiz fascinante de Troll 2 es cómo recupera la figura de San Olaf para tender un puente entre la crónica y la leyenda. Aunque la película celebra el tono fantástico, el origen de esa conexión tiene raíces visuales y orales que enriquecen la experiencia del film, invitando a mirar el pasado con asombro, no con solemnidad.
Un ejemplo inspirador aparece en la iconografía nórdica medieval: en un antiguo mural de Iglesia de Dingtuna, se representa a San Olaf sosteniendo un hacha de doble filo, rodeado por su guardia, frente a una comitiva de trolls. Más que narrar una victoria, el mural sugiere un diálogo visual entre el poder terrenal y el misterio ancestral del bosque y la montaña.
Otras narraciones populares, transmitidas como relatos de ingenio real, proponen una relación distinta: en Catedral de Nidaros en Trondheim (donde descansa el cuerpo del monarca santificado), se contaba que la torre más desafiante del templo habría sido elevada por un troll durante una noche de invierno, tras un trato verbal donde San Olaf impuso la astucia por encima de la fuerza, logrando que el gigante pétreo completara la obra antes del alba.
Este tipo de cruces entre historia, arte sacro y tradición oral son los que la película decide revivir desde un enfoque optimista: no como conquistas del hombre sobre el mito, sino como encuentros que definen la identidad cultural escandinava. Al integrarlos al tono contemporáneo, Troll 2 convierte a San Olaf en una brújula narrativa que celebra, desde el presente, el viejo encanto de las historias compartidas.
Montañas vivas, mitología palpable

Noruega no es solo locación: es personaje central. Oskar Dahlsbakken construye un lenguaje visual donde cada pico nevado y bosque de líquenes parece nocturno, antiguo y respirante. Las panorámicas funcionan como turismo cinematográfico de alto nivel, pero también como narrativa ambiental.
La acción avanza con precisión coreográfica gracias a Christoffer Heie y Jens Peder Hertzberg, que sostienen ritmo sin abusar del montaje frenético. Esto permite que las escenas fluyan naturales y comprensibles, algo valioso en tiempos donde el cine de gran escala suele confundir más que contar.
La criatura “Megatroll” se eleva (literal y artísticamente) como ícono de los efectos visuales: su piel mineral, cubierta de musgo y erosión milenaria, la integra al paisaje como tectónica en movimiento. El equipo VFX la convierte en un coloso con memoria geológica, un diseño inolvidable que dialoga con la tierra que pisa.
Más allá del pulso narrativo, hay una decisión creativa sólida: no maquillar al mito para encajarlo en el género kaiju, sino permitir que la leyenda ensamble con el género sin perder autenticidad. Allí radica el encanto visual del film.
La banda sonora compuesta por Johannes Ringen acompaña con una épica noble, optimista, sin grandilocuencias huecas. Su música no invade, arropa, guiando la emoción con la calidez de un relato contado alrededor del fuego.
Personajes que creen, héroes con corazón

Nora, interpretada por Ine Marie Wilmann aporta una empatía radiante, convirtiéndose en “la susurradora de trolls”, un rol que maneja con ternura, temple y curiosidad intelectual. Su presencia funciona como ancla emocional positiva de la historia.
Andreas es el aliado humano que impulsa sin opacar, un personaje confiable que encarna lealtad sin rigidez. Kris, con su carisma veterano y espíritu jovial, ofrece humor natural que equilibra sin distraer del conflicto principal.
Marion, interpretada por Sara Khorami, sorprende desde la evolución interna: se transforma en creyente audaz con un arco inspirador, optimista y accesible. La química entre personajes no busca complejidad innecesaria, prioriza calidez, cooperación e impulso fraterno.
Esta decisión narrativa no es menor: en Troll 2, la unión no es solo estrategia, es el mensaje fundamental. La película gana cuando el equipo actúa como comunidad en crecimiento, no como colección de arquetipos.
Hay momentos conmovedores donde la fe y el folclore dialogan desde un lugar esperanzador, revalorizando el poder de las historias antiguas como mapas emocionales que aún pueden guiarnos en un mundo saturado de pantallas.
Magnitud, humor y un futuro prometedor

La escala del film encuentra uno de sus mejores momentos en la secuencia après-ski: humanos bailando, choques culturales con humor y un coloso irrumpiendo como evento imposible que no apaga la alegría colectiva. Ese contraste, manejado por Uthaug, vuelve único el pulso narrativo positivo.
La ciudad de Trondheim cierra la aventura con una confrontación monumental que celebra el cine de impacto visual sin abandonar la mitología que lo origina. La elección de escenarios históricos eleva el clímax con una energía épica inspiradora.
El diseño de producción, junto al sonido inmersivo y la fotografía aérea, convierten la experiencia en un viaje emocionante, claro y optimista. La criatura jamás eclipsa el verdadero conflicto: la reconciliación entre pasado y presente.
La escena post-créditos abre el futuro con gracia, proyectando una tercera entrega que promete seguir ensanchando el universo jötunn, reforzando una franquicia que, si conserva este enfoque positivo, tiene un camino brillante por delante.
Conclusión

Troll 2 es una secuela que celebra el folclore nórdico desde un lugar esperanzador. Lo hace envolviéndolo en un blockbuster de gran escala sin perder su encanto original. Su mayor fuerza es la cooperación, no el enfrentamiento; la curiosidad, no el miedo; la memoria, no la destrucción sin sentido.
Con un Megatroll inolvidable, paisajes que cuentan historias por sí solos y personajes que creen con el corazón, la película logra entretener, inspirar y recordar el valor ancestral de los mitos escandinavos en la cultura popular actual.
Si el futuro de la franquicia mantiene esta calidez y sigue profundizando su identidad, estamos ante una saga con alma, piedras y magia para rato.
Disponible: Netflix
