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La máquina: Un biopic irregular que desperdicia a su protagonista

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La máquina

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Cuando se estrenó a principios de octubre del año pasado La máquina (The Smashing Machine, 2025) de Benny Safdie, la crítica fue lapidaria, al igual que la recepción del público, que prácticamente la ignoró por completo, a pesar de contar con Dwayne Johnson — “La Roca”— como protagonista y en uno de sus papeles más comprometidos y diferentes.

Por  César Arturo Humberto Heil

Realmente tenía mucho interés en ver la película, ya que quería tratar de dilucidar cuáles habían sido los motivos por los que el filme se había posicionado como uno de los peores fracasos de la industria cinematográfica de 2025.

Luego de verla, pude identificar algunas cuestiones, tanto realizativas como argumentales, pero también coyunturales respecto de los productos que elige el público hoy en día. Esta combinación, creo, fue el combo perfecto para tan mal recibimiento.

Un ídolo de los 90 que hoy ya no conmueve

En primer lugar, hay que saber que el filme se basa en la vida de Mark Kerr, luchador estadounidense y artista marcial mixto que fue una de las primeras estrellas de la Ultimate Fighting Championship (UFC).

Mientras estudiaba en la preparatoria, Kerr se inició en la lucha con el sueño de participar en los Juegos Olímpicos. Lamentablemente, no logró ser aceptado en el equipo olímpico y entonces, como necesitaba dinero para sobrevivir, buscó su camino en las artes marciales mixtas.

Antes de llegar a la UFC, Kerr ya había sido apodado “The Smashing Machine”, cuya traducción sería “La máquina destrozadora”. Este apodo surgió a partir de que la mayoría de sus combates duraban menos de 184 segundos.

La cúspide de su carrera se da alrededor de los años noventa, cuando las artes marciales mixtas ganan una gran popularidad, pero a la vez son puestas en discusión por la brutalidad de los combates, que en aquel momento resultaban extremadamente sangrientos.

Esta creciente popularidad y violencia extrema hicieron que Kerr se viera afectado por las exigencias de las luchas y por los duros golpes recibidos, al punto de volverse adicto a drogas calmantes como la morfina.

Si lo miramos retrospectivamente, el pensamiento sobre el uso de la fuerza bruta extrema en espectáculos deportivos ha ido cambiando con los años y hoy los eventos de naturaleza violenta —y un luchador como Mark Kerr— ya no generan la misma fascinación. Este dato, junto con otros, es uno de los elementos que condicionaron que el público no recibiera la película como se esperaba.

La mirada errónea del director

La máquina

El principal problema que tiene La máquina es el punto de vista elegido por el director Benny Safdie (conocido por películas como Uncut Gems y Good Time), que es casi documental. Safdie coloca la cámara desde una perspectiva distante del personaje, pero no solo se queda en ese alejamiento, sino que además apela a recursos propios del documental, como personajes que hablan en entrevistas.

Estas intervenciones se dan dentro del contexto de la historia, pero remiten inevitablemente a ese formato. A esto se suma una estética de imagen e iluminación que por momentos recuerda a productos televisivos de los años 80 y 90.

El otro error que comete es dotar al filme de cierta experimentación, especialmente desde el montaje y lo sonoro. Esta manipulación narrativa no se termina de entender y hace que, por momentos, la película se sienta extraña y distante. Un ejemplo claro es la escena en la que, antes de uno de los combates, se canta el himno nacional: el canto nunca se escucha y es reemplazado por una serie de imágenes sueltas y sonidos casi inentendibles.

Siguiendo con el trabajo sonoro, Safdie superpone sobre las imágenes los relatos de los periodistas deportivos. Esta decisión produce incomodidad en el espectador, que intenta relacionar lo que oye con lo que ve, algo que muchas veces ni siquiera tiene relación directa con las imágenes.

En su intento de crear una obra más intelectual que visceral, el director utiliza metáforas visuales que, si bien pueden resultar interesantes, en una película de lucha terminan siendo intrascendentes y confusas. Un ejemplo es la escena en la que Mark Kerr (Dwayne Johnson) y su novia Dawn Staples (Emily Blunt) asisten a un espectáculo de choques de autos y la cámara se detiene en cómo las chapas de los vehículos se retuercen con cada impacto, en clara alusión a los golpes que el luchador recibe en su propio cuerpo.

El guion, escrito por el propio Safdie, también presenta problemas, especialmente en el ritmo, que por momentos resulta caótico al seguir ciertas reglas del falso documental. Esto provoca saltos temporales disociados en los que la línea narrativa se fragmenta y genera mayor confusión.

Pero en realidad el mayor problema del guion está en la falta de épica. Aquí el personaje no se siente como Rocky Balboa en Rocky (1976), quien debe superarse para lograr sus objetivos. La adicción del personaje aparece como un elemento más de su vida, pero nunca se convierte en el verdadero motor de su lucha personal. En cambio, son las desavenencias conyugales las que adquieren mayor peso dramático.

Esta falta de épica hace que el espectador se interese muy poco por el personaje y, por ende, nunca termine de empatizar con él.

La actuación de Dwayne Johnson salva las papas

La máquina

Sin dudas, el plato fuerte de La máquina es la actuación de Dwayne Johnson, quien no solo logra una caracterización perfecta desde lo físico, sino que además construye un trabajo actoral que bien podría haber merecido una nominación al Óscar. Sin embargo, la intrascendencia de la película también terminó pasándole factura al actor.

Johnson compone al personaje desde todos los ángulos posibles, logrando que su interpretación sea, sin dudas, la mejor de su carrera. Desde la forma de caminar hasta los momentos en que su psiquis flaquea, el actor representa la humanidad de un personaje atravesado por la duda, el miedo a la derrota y el dolor crónico.

El duelo actoral con Emily Blunt, especialmente en las escenas de discusión donde emergen las tensiones que los separan y al mismo tiempo los mantienen unidos, se convierte en uno de los puntos más intensos de la película.

Conclusión

La máquina

El resultado termina siendo una película curiosa dentro del panorama del cine biográfico deportivo. Intenta apartarse de los lugares comunes del género apostando por una mirada más analítica y experimental sobre su protagonista, pero en ese mismo intento pierde aquello que suele sostener este tipo de relatos: la épica y la identificación emocional con el personaje.

La máquina es una obra irregular, con decisiones formales discutibles y un guion que nunca termina de encontrar su centro dramático. Paradójicamente, lo más sólido del film es justamente aquello que parecía menos probable: la actuación de Dwayne Johnson, quien demuestra que detrás de la imagen de estrella de acción hay un intérprete capaz de asumir riesgos.

Lamentablemente, su trabajo queda atrapado dentro de una película que nunca logra estar a la altura de su esfuerzo. Si algo deja La máquina, es la sensación de una oportunidad perdida: la de haber construido un gran retrato sobre la vida de un ídolo deportivo y las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia convertida en espectáculo.

Disponible: Prime Video

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