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Lindas y letales: Danza, violencia y lugares comunes

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Lindas y letales

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. La plataforma Prime Video acaba de estrenar —intuyo que directamente en la plataforma, sin pasar por el circuito de cines— el filme Lindas y letales (Pretty Lethal 2026), cuarto largometraje de la poco conocida Vicky Jewson. La verdad es que uno no logra entender cómo se pueden gastar millones de dólares en una producción tan, pero tan mala e intrascendente.

Por César Arturo Humberto Heil

La historia es bien simple. Un grupo de bailarinas clásicas estadounidenses viaja a Budapest, Hungría, para participar en una competencia de ballet. Como era de esperar, el transporte que las traslada por un camino rural y boscoso se rompe. Ante la urgencia de llegar a tiempo, a la directora del ballet, la señora Thorna (Lydia Leonard), se le ocurre la estúpida idea de sacar a las chicas del transporte y empezar a caminar. Por suerte o por desgracia, encuentran un hotel en medio del bosque, donde podrán pedir que llamen un taxi. Gran error.

Aquel extraño lugar es un reducto de mafiosos liderado por Devora Kasimer (Uma Thurman), quien —por iluminación de la guionista Kate Freund, que también actúa— es una exbailarina clásica frustrada. Todo se complica cuando llega Pasha (Tamás Szabó Sipos), el hijo de Lothar (Michael Culkin), otro mafioso rival, que termina asesinando de un disparo por la espalda a la señora Thorna cuando esta se niega a acceder a su intento de besarla e intenta sacar a las chicas de allí.

Lo que sigue entra en el terreno del disparate total: el grupo de bailarinas se las arregla, solo utilizando sus técnicas de baile y su rudo entrenamiento, para despacharse a cuanto mafioso intente acabar con sus vidas.

Lugares comunes y estereotipos desgastados

El filme cae en muchos lugares comunes que realmente llaman la atención en estos tiempos de cambios sociales y nuevas formas de pensamiento. El primero es suponer que el húngaro es un mafioso malo y sanguinario. Este reduccionismo imbécil de asociar a los europeos del Este con mafias poderosas y violentas es algo que ya hemos visto mucho en el cine, especialmente durante los años 2000, donde películas como Taken de Pierre Morel o Hostel de Eli Roth ya mostraban lo despiadado de estas mafias y élites sociales de esa zona de Europa. Por aquellos tiempos, esta mirada sesgada era bastante bien recibida, pero, a más de veinte años de seguir insistiendo en lo mismo, ya resulta —me animaría a decir— insultante.

El otro lugar común es la idea —esta sí más propia de estos tiempos— de enrolarse en un feminismo extremo, donde las mujeres son imbatibles, pueden con cualquier hombre que se les cruce y le muestran al mundo que, además de ovarios, tienen un par de cojones que les cuelgan. A esto se suma la caricatura del género masculino, presentado como asesino, abusador y, encima, idiota.

Lindas y letales

En cuanto a lo positivo, lo que destaca son las escenas de violencia, muy bien coreografiadas, en las que las artes marciales y la danza se combinan con eficacia. Esto hace que, en los momentos de acción, uno se olvide por instantes de las malas actuaciones, los agujeros de guion y la acumulación de clichés.

Respecto a las actuaciones, Uma Thurman está entre lo peor que le he visto a la actriz de Pulp Fiction: su composición es acartonada, sin matices ni brillo, y se le suma ese inglés medio húngaro impostado que al oído suena realmente espantoso.

Solo destaco la actuación de Maddie Ziegler (Bones), quien lleva la batuta del grupo y es la más combativa. La actriz, que se hizo conocida por el video Chandelier (2014) de Sia cuando era apenas una niña, demuestra que mantiene intacto su histrionismo y sus dotes como bailarina.

Y qué decir del final, que es la cereza del postre. No voy a adelantar nada, pero seguramente muchos ya se lo imaginan: es tan surrealista como inverosímil y termina por reforzar esta idea de que estas mujeres son capaces de hacer todo lo que se propongan.

Lindas y letales

Conclusión

Lindas y letales es un ejemplo claro de cómo una premisa que podría haber derivado en un entretenimiento eficaz termina naufragando por un guion endeble, personajes estereotipados y una acumulación de decisiones narrativas cuestionables. Solo su coreografía de acción logra sostener, de manera intermitente, una película que, en líneas generales, resulta olvidable y difícil de justificar dentro de una industria que maneja presupuestos cada vez más altos, pero no necesariamente mejores ideas.

Disponible: Prime Video

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