Festival de Cine de la Provincia de Buenos Aires: Competencia de largometrajes realizados en la provincia
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Este año tuve el honor de participar como jurado en el Festival de Cine de la Provincia de Buenos Aires (FICBA), en representación de la Asociación de Guionistas Gui-Ar, dentro de la competencia de largometrajes realizados en la provincia de Buenos Aires. Compartí esta tarea con Rodrigo Arjona, Aaron Lértora y Marcela Marcolini, con quienes tuvimos la responsabilidad de evaluar las distintas obras en competencia. A lo largo de varios días pude ver documentales y ficciones, y esta es mi reseña sobre los distintos proyectos.
Por César Arturo Humberto Heil
Largometrajes de ficción
Movimiento (La Plata, 2026), de Federico Barrios

Película de corte netamente independiente, con buenas intenciones, pero que lamentablemente no logra articular un guion coherente. Todo deriva en una sucesión de situaciones, por momentos inconexas, protagonizadas por un grupo de amigos, donde las distintas conversaciones funcionan como eje del relato.
El filme, rodado en blanco y negro, con una cámara siempre en movimiento, aborda las relaciones humanas y lo hace casi desde un registro documental. Rescato su honestidad y su búsqueda estética en la frontera entre la ficción y el documental.
Ahí donde no estás (La Plata, 2025), de Laura Chiabrando

Este largometraje fue uno de mis elegidos para alzarse con el premio al mejor guion, aunque finalmente no lo consiguió. A partir de una pérdida familiar, el filme explora el dolor, la culpa, el duelo, los recuerdos, los vínculos entre madres e hijas después de una tragedia y el proceso de envejecimiento.
La directora se inspiró en un hecho real ocurrido tras el suicidio de un amigo de su hija y, aunque el guion no es perfecto, logra abordar con sensibilidad los temas que plantea. Se destaca especialmente la actuación de Noelia Vergini, quien ofrece una interpretación sólida y convincente.
El vuelo del moscardón (Alberdi, 2026), de Emanuel Di Cunto, Rodrigo Medrano y Pablo Bochard

Esta película fue una grata sorpresa y, durante un tiempo, estuvo entre mis candidatas favoritas.
La historia es una verdadera extravagancia acerca de lo que sucede en la localidad de Alberdi cuando el bariguí, también conocido como mosca negra, un diminuto insecto hematófago que inicialmente iba a combatir una plaga termina convirtiéndose en una amenaza para el pueblo. Alguien deberá encontrar una solución antes de que se fumigue la zona y el lugar quede contaminado.
En ese contexto llega Andrés (Juan Luca Guardiani), un joven que viaja al pueblo con la intención de conocer el lugar donde vivió su abuelo y que termina convirtiéndose en su héroe inesperado junto al anciano Don Cosme (Enrique Giaroli).
El filme combina elementos del cine de catástrofes, el mensaje ecológico, la ciencia ficción y el humor. Si bien el guion presenta algunas irregularidades, logra mantener el interés gracias a sus situaciones insólitas y a una galería de personajes tan pintorescos como entrañables.
Cazadores de unicornios (Saladillo, 2026), de Francisco Gomáriz

Cazadores de unicornios parte de una idea interesante: tres amigos, René (Alma Holovatuck), Tao (Juan Ponce Campos) y Luz (Luisina Sclavi), viajan desde la ciudad hasta Saladillo para visitar al tío de René (Claudio Molfino). Entre los tres existe una compleja relación afectiva. René, que se encuentra en un proceso de transición de género de mujer a varón, mantiene un vínculo principalmente con Luz, aunque también existe una conexión sentimental con Tao.
Con el paso de los días, todo comienza a cambiar, especialmente para René, quien se involucra en las tareas rurales junto a su tío y empieza a imaginar una vida distinta, lejos de la ciudad. Poco a poco surge en él el deseo de establecerse allí y formar un hogar con Luz. Sin embargo, las cosas no resultarán como esperaba.
El filme intenta mostrar las diferencias entre el mundo rural y el urbano, y por momentos logra construir un retrato convincente de esos contrastes. El problema es que el guion se demora demasiado en situaciones poco atractivas entre los personajes, relegando el conflicto principal para el tramo final. Esto provoca que el relato se perciba monótono y que el interés decaiga antes de que la historia alcance su verdadero punto de tensión.
Réquiem para un amor eterno (Azul, 2026), de Marcelo Adrián Sánchez

Esta película resultó ganadora del premio Gui-Ar al mejor guion de ficción. Fue una elección reñida, pero considero que el reconocimiento es merecido.
La historia transcurre en un presente distópico en el que la sangre humana ha perdido su pureza y los vampiros envejecen lentamente. Lilith, cantante de bares, y Caín, un escritor melancólico, sobreviven entre las ruinas de su especie. El amor ancestral que los une constituye su única forma de resistencia frente a la extinción. La llegada de Nahiara, una joven médica de Medio Oriente de sangre pura despierta la pasión en Caín, los celos de Lilith y, al mismo tiempo, una última esperanza para ambos. Sin embargo, esa esperanza termina transformándose en tragedia. Lilith y Caín descubren que el amor, al igual que la sangre, también puede corromperse. Ante un ocaso inevitable, deciden quitarse la vida con balas de madera, la única forma de permanecer juntos para siempre.
El filme está inspirado en El Libro de Nod, una obra ficticia atribuida a Sam Chupp y Andrew Greenberg que narra los orígenes de los primeros vampiros, Lilith y Caín.
La particularidad de esta película es que constituye un verdadero homenaje al cine mudo y, especialmente, al expresionismo alemán. Sus principales referencias son Nosferatu (1922), de F. W. Murnau, y El gabinete del doctor Caligari (1920), de Robert Wiene.
Rodada íntegramente en blanco y negro y sin diálogos, la película consigue construir un guion sólido que reflexiona sobre el amor más allá del tiempo y sobre las implicancias de una existencia eterna. Su propuesta estética no es un mero ejercicio de estilo: el lenguaje visual, la actuación y la puesta en escena contribuyen a reforzar los temas centrales del relato y a crear una atmósfera melancólica y decadente acorde con el destino de sus protagonistas.
Largometrajes documentales
La palabra (Luciana Mazza Toimil, La Plata, 9 de julio, 2026)

Después de que un violento ataque deja al dirigente político argentino Jorge Rivas sin la capacidad de hablar, emprende un profundo proceso de recuperación que lo lleva a reconstruir su voz. Su lucha personal se convierte así en una poderosa reflexión sobre la resiliencia, la memoria y la participación democrática.
La palabra es un retrato político e íntimo de Jorge Rivas, quien, tras sufrir una agresión que le provoca una grave discapacidad, debe reinventar su relación con el lenguaje y con la vida pública. A través de la tecnología, la memoria y una inquebrantable determinación, no solo logra reconstruir su forma de comunicación, sino también reafirmar su papel dentro de un sistema democrático siempre vulnerable.
El filme reconstruye con inteligencia, mediante recreaciones y material de archivo, los hechos que derivaron en la discapacidad de Rivas. A partir de su propio título, propone además una reflexión sobre el valor de la palabra: una palabra que le fue arrebatada físicamente, pero que nunca pudieron silenciar. La película consigue trascender el caso particular para convertirse en una reflexión más amplia sobre la dignidad humana, la perseverancia y el compromiso político.
El viaje de Marta (Chivilcoy, 2026), de Daniel Muchiut

El documental sigue a Marta Izaguirre, pintora y poeta argentina que, mientras prepara una exposición retrospectiva de su obra, emprende también un viaje hacia su propia memoria. El duelo por la muerte de su hijo y el párkinson que la aqueja se convierten en los ejes centrales de un relato que recorre su pasado y su presente, su búsqueda espiritual y su mirada sobre la vida, la muerte y el paso del tiempo.
A medida que avanza la película, los recuerdos, las reflexiones y el proceso creativo de la artista se entrelazan para construir un retrato íntimo y profundamente humano. Lejos de centrarse únicamente en el dolor o la enfermedad, el filme encuentra espacio para reflexionar sobre la resiliencia, la trascendencia y el poder del arte como herramienta para enfrentar las pérdidas y dar sentido a la existencia.
En amor se vive (Bahía San Blas, 2026), de Nuria Belén Álvarez

Este documental está concebido desde una perspectiva personal y autoral. Más que ofrecer una reconstrucción histórica exhaustiva, propone una road movie sensible a través de testimonios, recuerdos y experiencias vinculados al predio franciscano Stella Maris de Bahía San Blas.
La película explora la historia de la comunidad croata ligada al Centro Católico Croata y pone especial atención en la labor pastoral desarrollada por fray Josip Peranić y fray Stjepan Gregov, figuras fundamentales para la vida religiosa y social de la región. A través de las voces de quienes formaron parte de esa experiencia colectiva, el filme reconstruye un entramado de vínculos comunitarios, tradiciones y valores que han perdurado a lo largo del tiempo.
Lejos de limitarse a un registro institucional o histórico, En amor se vive encuentra su mayor fortaleza en la dimensión humana de los relatos que recoge. El documental se convierte así en un homenaje a la fe, la solidaridad y el sentido de pertenencia que marcaron la identidad de esta comunidad.
Apenas habrá sombras (Mar del Plata, 2026), de Diego Ercolano

Este documental reconstruye el secuestro y asesinato de Coca Maggi, uno de los casos más emblemáticos de la violencia política en Mar del Plata. La película pone especial atención en el accionar de la Triple A durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, un período poco abordado por el cine argentino, que suele concentrarse en los crímenes cometidos durante la última dictadura militar.
Lejos de limitarse a una reconstrucción cronológica, el filme combina testimonios, documentos y material de archivo con recursos de ficción para abordar una historia marcada por el terror, los silencios y las tensiones políticas de la época. A partir de esa búsqueda formal, el relato invita a reflexionar sobre los mecanismos de la memoria y sobre la persistencia de ciertas preguntas en el presente.
Una de las particularidades de la película es que no solo está construida a partir de hechos y datos históricos, sino que también incorpora fragmentos de las reuniones de producción y del propio proceso de realización. Este recurso aporta una dimensión autorreflexiva que permite al espectador acompañar las dudas, debates y decisiones implicadas en la reconstrucción de la historia.
Desde el comienzo de las deliberaciones fue mi principal candidata a quedarse con el premio al mejor guion documental, aunque finalmente no resultó ganadora. Considero que su mayor virtud radica en la manera en que articula el rigor histórico con una propuesta narrativa que evita las formas más convencionales del género.
Más que reconstruir un caso puntual, Apenas habrá sombras busca abrir nuevas conversaciones sobre la violencia política y la necesidad de mantener viva la memoria colectiva.
Weser (Villa Gesell, 2025), de Fernando Spiner

Weser es un documental experimental que retrata la experiencia de un grupo de personas aisladas en la localidad costera de Villa Gesell durante la pandemia de COVID-19. Entre ellas se encuentran un director de cine, una emigrante y un pescador, quienes intentan atravesar la incertidumbre, el miedo y el aislamiento recurriendo a la poesía como refugio frente a una realidad marcada por la enfermedad y la muerte.
El filme construye una hermosa reflexión sobre la soledad, el paso del tiempo y la fragilidad humana ante lo desconocido. Lejos de buscar una representación convencional de la pandemia, Spiner apuesta por una propuesta poética y contemplativa que encuentra en la palabra y en las imágenes un modo de procesar una experiencia colectiva traumática.
La película combina con acierto textos poéticos, material documental y momentos de puesta en escena, articulados a través de las interpretaciones de Luis Ziembrowski y Daniel Fanego, junto con la propia presencia de Fernando Spiner como realizador y observador de los acontecimientos. El resultado es una obra profundamente personal que oscila entre el diario íntimo, el ensayo cinematográfico y la reflexión filosófica.
Fue otra de mis candidatas a quedarse con el premio, aunque finalmente no lo consiguió. Sin embargo, considero que se trata de una de las propuestas más originales de la competencia documental, tanto por su búsqueda formal como por su capacidad para capturar las emociones de una época que todavía sigue resonando en nuestra memoria reciente. Su mayor virtud es transformar una experiencia histórica compartida en una meditación universal sobre la vulnerabilidad, la pérdida y la necesidad de encontrar belleza incluso en los momentos más oscuros.
Machado (Buenos Aires, 2026), de Julián Tagle

Machado toma como punto de partida la historia del actor Rodolfo Machado y de sus hijos, figuras vinculadas a la televisión argentina a través de producciones como Rosa de lejos, Celeste, Regalo del cielo, Ricos y famosos y Los Simuladores. El apellido Machado quedó asociado a varias décadas de la ficción televisiva y a una familia cuya identidad estuvo profundamente marcada por la actuación.
Sin embargo, la película va mucho más allá del retrato de una dinastía artística. Julián Tagle, nieto de Rodolfo e hijo de Marta Machado, convierte el documental en una búsqueda íntima para intentar comprender la historia de su madre, internada en instituciones psiquiátricas desde hace más de veinticinco años. A partir de esa pregunta personal, el relato se expande y reconstruye distintas experiencias familiares atravesadas por internaciones, adicciones, ludopatía y crisis emocionales.
El filme encuentra su mayor fortaleza en la honestidad con la que aborda temas dolorosos sin caer en el sensacionalismo ni en el golpe bajo. A través de archivos familiares, testimonios y reflexiones personales, Tagle compone un retrato complejo de una familia marcada tanto por el talento artístico como por profundas heridas que permanecieron durante años fuera de la mirada pública.
Más que una investigación sobre una historia familiar, Machado es una reflexión sobre la memoria, la salud mental y los efectos que determinados acontecimientos dejan a lo largo de varias generaciones. El resultado es un documental sensible y conmovedor, capaz de transformar una experiencia profundamente personal en un relato universal sobre los vínculos familiares, la ausencia y la búsqueda de respuestas allí donde muchas veces solo existen fragmentos e incertidumbres.
Soy ella (General Rodríguez, 2026), de Cecilia Pinotti

Ganadora del Premio Gui-Ar, Soy ella sigue a La Kalo, una mujer trans en su vida cotidiana, mientras su pasado reaparece constantemente y su identidad se revela como una construcción en permanente transformación. Desde una mirada cercana y paciente, el documental observa sus contradicciones, sus vínculos afectivos y los distintos procesos personales que atraviesa.
Filmada durante varios años en el conurbano bonaerense, la película propone una reflexión sobre la identidad, el deseo de cambio y la posibilidad de construir una vida más auténtica. A medida que acompaña a su protagonista, el filme se detiene en las preguntas, los conflictos y los desafíos que surgen a lo largo de ese recorrido personal y artístico.
Para otorgarle este premio, el jurado valoró especialmente la solidez de una propuesta que aborda la transición de género desde una perspectiva íntima y profundamente humana, evitando los lugares comunes y los enfoques más estereotipados. El documental consigue que la experiencia de La Kalo trascienda lo individual para convertirse en una reflexión más amplia sobre la búsqueda de identidad, la aceptación y la libertad de ser uno mismo.
Su principal fortaleza radica en la confianza que construye con su protagonista y en la sensibilidad con la que registra sus transformaciones a lo largo del tiempo. Gracias a ello, Soy ella logra un retrato honesto y conmovedor que encuentra en lo cotidiano una dimensión profundamente universal.
Conclusión
Si algo dejó en claro esta edición del FICBA es que la competencia documental alcanzó un nivel notablemente superior al de la ficción. Mientras varias de las películas de ficción presentaron ideas interesantes y búsquedas estéticas valiosas, muchas de ellas evidenciaron problemas de estructura, desarrollo dramático o construcción de personajes que limitaron el alcance de sus propuestas.
Los documentales ofrecieron algunas de las obras más sólidas, originales y emocionalmente contundentes de la competencia. Películas como Apenas habrá sombras, Weser, La palabra, Machado y la ganadora del Premio Gui-Ar, Soy ella, demostraron una gran capacidad para abordar temas complejos desde perspectivas personales y, al mismo tiempo, universales. Ya fuera explorando la memoria política, la salud mental, la identidad de género, la experiencia de la pandemia o los procesos de duelo, los documentales encontraron formas narrativas diversas y arriesgadas que enriquecieron sus relatos.
También resultó llamativo que varias de las producciones documentales evitaran los formatos más convencionales del género para incorporar elementos del ensayo cinematográfico, la reconstrucción ficcional o la reflexión sobre el propio proceso de realización. Ese riesgo formal estuvo acompañado, en la mayoría de los casos, por guiones cuidadosamente elaborados y por una clara mirada autoral.
Por ese motivo, no me sorprendió que las deliberaciones más intensas se produjeran en la categoría documental, donde encontré varias de mis películas favoritas del festival. Más allá de los premios finalmente otorgados, considero que fue allí donde apareció lo más estimulante artística e intelectualmente de esta edición. Las ficciones tuvieron momentos interesantes y algunas obras destacables, pero fueron los documentales los que lograron dejar una huella más profunda y ofrecer las propuestas cinematográficas más consistentes del certamen.
