REVISTA SINCERICIDIO – Revista de Cine

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The Shadow in My Eye.

8 minutos de lectura

Por Daniel López Pacha.

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio.

Los que leen mis reviews sabrán que no las comienzo de esta forma, pero al ver el film que luego comentaré, pensé en la invasión rusa a Ucrania y lo devastadora y dolorosa que puede ser una guerra para la población civil. Como vemos en las noticias día tras día, no solo es un enfrentamiento de soldados contra soldados sino que, por desgracia, los hogares de personas civiles y edificios acaban siendo bombardeados y las bajas se multiplican a diario.

En este momento de extrema crudeza en Europa, con sentimientos que salen a flor de piel por lo que vemos a nuestro alrededor, llega a Netflix esta película danesa y no es pura coincidencia, ya que tiene como eje central de la trama a la población común que se ve afectada por la guerra, incluidos niños y mujeres, como si el tiempo nos hubiera hecho regresar a los peores momentos de la humanidad.

Ahora sí, la review.

Skyggen i mit øje (The Shadow in My Eye / Una sombre en mi ojo), es una película danesa de drama-bélico basada en hechos reales. Escrita y dirigida por Ole Bornedal. Con fotografía de Lasse Frank Johannessen y música de Marco Beltrami, Buck Sanders y Ceiri Torjussen. Filmada en Praga, Republica Checa y estrenada en Netflix.

Protagonizada por Alex Høgh Andersen (Frederik), Danica Curcic (Madre Rigmor), Fanny Bornedal (Teresa), Susse Wold (Priora), Morten Suurballe (Doctor), Bertram Bisgaard (Henry), Ester Birch (Rigmor) y Ella Josephine Lund Nilsson (Eva).

Sinopsis: El 21 de marzo de 1945, la Royal Air Force británica se embarcó en una misión para bombardear la sede de la Gestapo en Copenhague. La redada tuvo fatales consecuencias, ya que algunos de los bombarderos atacaron accidentalmente una escuela y más de 120 personas murieron, 86 de las cuales eran niños.
Todo comenzó como un día habitual en la escuela francesa de Frederiksberg, en la capital de Dinamarca, cuando un misil de un avión impacta de lleno en un aula repleta de niños, desencadenando una catástrofe. Sin embargo, el centro educativo no era el principal objetivo de la misión aérea, sino que la Royal Air Force del Reino Unido pretendía apoyar al movimiento de resistencia danés. De este modo, su misión era bombardear el edificio Shellhuset, sede de la compañía Shell, que en aquellos tiempos funcionaba como un búnker de operaciones de la Gestapo.
La estrategia plantea algunas dudas, porque los alemanes han colocado a 26 prisioneros daneses como defensa viviente. Sin embargo, el ataque tiene éxito, pero lo que ninguno de los pilotos imaginaba es que no muy lejos de allí se sobrevenía una tragedia.

Los protagonistas del film son Rigmor, Eva y Henry, tres jóvenes daneses que ese día deambulaban por los pasillos del colegio junto a centenares de alumnos y monjas de la escuela. A través de sus ojos, y a lo largo de la película, se perciben las múltiples secuelas que este suceso bélico deja en la vida de los personajes del largometraje.

El inicio es claro e impactante, toda una declaración de intenciones sobre el mensaje del film. La guerra destroza todo cuando menos te lo esperás, destroza vidas, las que mata y las que sobreviven a la muerte. Asistimos a la vida de distintos habitantes de Copenhague relacionados entre sí: el chico traumatizado que, al ver el ataque sufre un shock traumático y queda con mutismo, incapaz de hablar, la monja con dudas de fe, al ver cómo Dios permite que los judíos sean castigados por los nazis y el joven que ha traicionado a los suyos ingresando en la SS para asegurar su supervivencia. Todo ello con la muerte sobrevolando sus cabezas. Con estas tramas, Bornedal intenta que nosotros empaticemos con los personajes antes de la previsible pérdida.

Pero cuando el horror comienza a invadir la pantalla, se va eliminando la importancia dramática de todas las tramas y todo se centra en la supervivencia, en el horror que es tan absurdo como inherente al ser humano, como lo es la guerra, con actos como el bombardeo erróneo a inocentes, en donde los malos en esta ocasión no son los nazis.

El film es una devastadora película sobre la guerra, con los niños como protagonistas y situada en la Segunda Guerra Mundial, centrándose en lo inevitable, devastador e impredecible de la guerra, que nos impacta y nos deja sin aliento. El guion y la puesta en escena son maravillosos. El inicio del metraje es una poesía visual, alegre y distendida, continuando con una ráfaga de disparos y un cambio total de tono, brusco y violento. Este principio nos anuncia lo que está por venir: una película de una confección notable, pero a la vez estremecedora.

La música aparece en los momentos precisos y de mayor impresión dramática, dejando que el sonido ambiental tome protagonismo en la mayoría de las escenas. Esta sutileza nos indica que, en el cine, menos es más. Con diálogos atractivos, Ole Bornedal, a través de excelentes decisiones, nos cuenta los hechos históricos en los que está basado el film desde el comienzo. Sin ocultar nada, ya sabemos lo que está por ocurrir, sin saber cuándo ni cómo. Tratar de saber lo que ocurre y tener que esperar a que ocurra es fastidioso, lo tiene a uno en la punta del asiento, y ese es el ingrediente perfecto para generar tensión. No es nada fácil escribir una historia coral, muchas veces las tramas de los distintos personajes no son de importancia o se descuelgan de la principal en algún momento. Aquí no solo se domina el accionar y la dirección de los personajes, sino que el director los maneja a todos de forma magistral hasta el final de sus tramas, donde las personas no se conocen para nada, con vidas, motivaciones y mentalidades distintas y se van chocando unos con otros por el camino, hasta llegar juntos a un mismo destino.

Esto consigue dar mayor importancia a todas las tramas por separado, hasta que estallan juntas en una sola. Han dotado a cada personaje de una función y esa es, sin duda, la clave del éxito de este guion. Fanny Bornedal (hija del director), juega un papel clave en la historia. Su personaje es de una joven monja con remordimientos, es la personificación de la moral, una mirada a la religión en tiempos de tragedia, quién es el ángel y quién es el demonio. Aunque cuestiona su propia fe, se encarga de dirigir a otros personajes hacia el camino correcto, incluso cuando ella misma se encuentra perdida en un mar de dudas y culpas. Seguir sus pasos nos adentra con más profundidad al momento histórico que está viviendo, además de generarnos malestar sabiendo lo que está por venir. Luego, haber elegido a niños como protagonistas es la mejor y la más cruel decisión de la película, porque uno se encariña con ellos, uno desea que sus objetivos se cumplan y por sobre todo, que no sufran ningún daño. Al fin y al cabo, en las guerras, quienes más sufren, son los más inocentes. Hay una escena que es extraordinaria: la cámara toma los ojos inocentes de una niña, y en su mirada se ve la indiferencia de lo que está sucediendo a su alrededor durante el conflicto bélico.

Vuelvo a decir que, con un magnífico guion y una fotografía increíble, hay que admitir que es un film un tanto difícil de digerir, y mucho más en la situación actual que estamos viviendo con el conflicto en Ucrania. Los films ambientados o basados en la Segunda Guerra Mundial son duros, pero cuando el epicentro de la tragedia se centra en los más pequeños, es nada menos que desolador.
Es una película altamente recomendable, donde el director opta por quedarse con el dolor y la tristeza que marcaron ese momento, dejando patente que nadie gana realmente nunca.

LOS HECHOS REALES.

Operación Cartago.

La Operación Cartago, fue un ataque aéreo desarrollado por la Real Fuerza Aérea Británica el 21 de marzo de 1945 en Copenhague, Dinamarca, durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo del bombardeo era el edificio Shellhus, cuartel general de la Gestapo en el centro de la ciudad, que se utilizaba para almacenar expedientes y torturar e interrogar a ciudadanos daneses. La Resistencia danesa había solicitado a los británicos que hicieran una redada contra el lugar. El edificio fue destruido, liberando a 18 prisioneros e interrumpiendo las actividades nazis contra la resistencia en Dinamarca. Parte del ataque se dirigió por error contra una escuela cercana; el ataque causó la muerte de 125 civiles, incluidos 86 alumnos y 18 adultos.

En un principio, la RAF rechazó la solicitud por considerarla demasiado arriesgada, debido a su ubicación en el bullicioso centro urbano de la capital danesa y a la necesidad de realizar el bombardeo a baja altura, pero a principios de 1945 se aprobó el ataque aéreo tras reiteradas peticiones. Una vez aprobada la operación, la planificación del ataque duró varias semanas; se construyeron modelos a escala del edificio objetivo y de la ciudad circundante para que los pilotos y los navegantes los utilizaran en la preparación de un ataque a muy baja altura.

Las fuerzas de ataque estaban conformadas por varios cazabombarderos de Havilland Mosquito F.B.VI de la Real Fuerza Aérea, contando igualmente con el apoyo de dos escuadrones de la Real Fuerza Aérea Australiana y de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda. Los aviones atacaron en tres oleadas de seis bombarderos, con dos Mosquito B.IV de reconocimiento de la Unidad de Producción Cinematográfica de la Real Fuerza Aérea grabando los resultados del ataque. Treinta cazas Mustang de la RAF dieron cobertura aérea y atacaron los cañones antiaéreos durante el bombardeo.

Las aeronaves salieron del aeródromo de Fersfield (al suroeste de Norwich) por la mañana y llegaron a Copenhague después de las 11:00. El ataque se llevó a cabo a baja altura y durante la primera oleada un Mosquito chocó contra un poste de luz, dañando su ala y estrellándose contra la escuela católica femenina Jeanne D’arc, a unos 1,5 kilómetros del objetivo, incendiándola. Varios bombarderos de la segunda y tercera oleada golpearon accidentalmente dicha escuela ubicada en la municipalidad de Frederiksberg, confundiéndola con su objetivo.

Al día siguiente, un avión de reconocimiento inspeccionó el lugar para evaluar los resultados. Los daños eran graves, con el ala oeste del edificio de seis plantas reducida prácticamente al nivel del suelo. La policía danesa facilitó una fotografía en la que se apreciaba el edificio ardiendo de punta a punta. El bombardeo destruyó el cuartel general y los archivos de la Gestapo, afectando gravemente las operaciones de la policía secreta en Dinamarca y permitiendo la fuga de 18 prisioneros. Cincuenta y cinco soldados alemanes, 47 empleados daneses de la Gestapo y ocho prisioneros murieron en el Shellhus. Cuatro bombarderos Mosquito y dos cazas Mustang cayeron en combate y nueve aviadores aliados murieron. En la escuela Jeanne D’arc murieron 86 estudiantes y 18 adultos, muchos de ellos monjas.

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