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Los Espíritus de la Isla: La metáfora de la guerra

4 minutos de lectura

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hace unos días vi la reciente nominada a los premios Oscar Los Espíritus de la Isla (2022), del director Martin McDonagh, conocido por sus filmes En Brujas (2008) o Tres anuncios para un crimen (2017).

Antes que me digan algo, soy consciente que vi la película tarde, pero bueno, son tantos los filmes que hay para ver y reseñar que a veces uno no da abasto con los tiempos para poder visualizar todo, así que sepan disculpar esta demora. Hecha esta aclaración, voy a darles mi impresión de lo que me sucedió al verla.

Por César Arturo Humberto Heil

Diálogo de sordos y crítica social

En los primeros minutos todo me pareció muy forzado y poco creíble. Las actitudes de los personajes Pádraic Súilleabháin, un excelente Collin Farrell y la de su amigo de tragos Colm Doherty, un sobrio Brendan Gleeson, eran casi una burla para el espectador. Ver esa pelea sin sentido cargada de diálogos inverosímiles se sentía como una falta de respeto al propio cine. Por momentos, los parlamentos parecían una conversación de sordos sin sentido, pero, y aquí viene lo interesante, con el correr del metraje empezaron a aflorar otras cuestiones que hicieron que esos minutos iniciales de bronca, en donde estuve a punto de dejar de verla, se empezaran a transformar en una mirada mucho más positiva, lo que hizo que mi interés por terminarla aumentara.

¿Qué fue lo que pasó? Varias cosas.

En primer lugar, las actuaciones de Collin Farrell y Brendan Gleeson, pero especialmente de Kerry Condon como Siobhán Súilleabháin. Son tan buenas que uno empieza a olvidarse de todas las situaciones y diálogos inverosímiles para dejarse llevar, casi de las narices, por unos entrañables y simpáticos personajes isleños irlandeses de los años veinte.

En segundo lugar, está el ambiente. Ver esas costas de Irlanda, uno de los paisajes más maravillosos que nos ofrece la naturaleza, produce un efecto hipnótico y subyugante. Esto es gracias a la excelente fotografía de Ben Davis, quien a través del lente de la cámara supo captar esas imponentes montañas, los empinados acantilados y los rojizos atardeceres, los cuales profundizan ese clima de monotonía de la vida en la isla y de todos los personajes que la habitan.

El tercer aspecto que colaboró en esta remontada, está puesto en una mirada crítica hacia las autoridades de la isla. Por un lado, tenemos a la policía, representada en el personaje de Peadar Kearney (Gary Lydon) quien maneja el orden a su manera, y esto incluye castigar duramente a su hijo Dominic (Barry Keoghan) al punto que se queda unos días a vivir en la casa de los hermanos Súilleabháin, o golpear y amenazar a Pádraic para que deje de darle asilo. Y por otro, está la eglesia, simbolizada en el cura de la isla (David Pearse) a quien solo le interesa escuchar pecados relacionados con la bebida y el sexo y poder encubrir los violentos actos del policía Peadar.

La guerra como telón de fondo

Mientras Colm y Pádraic siguen embarcados en su irreconciliable pelea, Irlanda se desangra en una profunda guerra civil en donde movimientos revolucionarios como el IRA les disputan la independencia del Reino Unido a los británicos. Es en este contexto bélico en donde el conflicto entre ambos se convierte en una profunda metáfora sobre la guerra y sobre las irracionales diferencias que los han llevado a un derramamiento de sangre sin sentido.

Las figuras de Colm y Pádraic representan ambos bandos en lucha, por lo que, ese diálogo de sordos que mencionaba al principio y esas situaciones inverosímiles de su pelea, se ven perfectamente justificadas al representar la estupidez del conflicto.

Conclusión

Los Espíritus de la Isla es un filme absurdo, trágico y por momentos divertido, en donde el mayor mérito está en esos personajes cambiantes. Son tiernos, violentos, amables o extremadamente agresivos. La mayoría con escasas aspiraciones personales, salvo Colm, quien cree que la salvación a tanta mediocridad está en la música y es por eso por lo que pretende alejarse de Pádraic, pues el tiempo se le acaba y debe dejar un legado que lo haga trascender después de su muerte.

En definitiva, el filme de Martin McDonagh nos invita a pensar sobre la muerte y la trascendencia del ser humano, la desesperanza marcada por el conflicto bélico que rodea a los personajes, la soledad, la melancolía y las relaciones humanas.

Si quieren completar la información sobre el filme pueden leer nuestra nota de prensa ingresando AQUÍ.

Disponible: Amazon Prime Video

Calificación: Muy buena

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