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La hija de la luz: El mesías que bajó en Nueva York

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La hija de la luz

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Aprovechando el estreno de La primera profecía (2024) de Arkasha Stevenson, nota escrita por nuestro compañero Daniel López Pacha y que recomiendo leer, siempre viene bien recordar algunos filmes que tratan el tema de nacimientos en donde la fuerzas del bien y el mal están en juego.

Por  César Arturo Humberto Heil

Apenas finalizaba la década del 90 y se iniciaba el nuevo milenio la idea del fin del mundo mezclado con el enfrentamiento entre Dios y el Diablo, se puso de moda. Películas como Estigma (1999) Rupert Wainwright, nota que escribí y que también pueden leer en esta revista. También están El día final (1999) de Peter Hyams o la versión remasterizada de El exorcista (1973-2000) de William Friedkin con escenas nunca vistas. Esto fue una muestra de la idea que Hollywood tenía por esos tiempos en donde el miedo a la llegada del anticristo y al fin de la humanidad era un temor instalado en el colectivo social.

Es el caso del filme Bless The Child (2000) o La hija de la luz como se conoció por estas tierras del veterano director Chuck Russell. La hija de la luz es un filme que comienza de manera interesante, y que por esas generalidades de las grandes productoras termina en un producto más del género. Las obviedades son muchas y los lugares comunes abundan de manera sorprendente.

La hija de la luz

La historia, que toma como base la novela de Cathy Cash Spellman, se podría resumir así. Una mujer, llamada Maggie O´Connors (Kim Basinger) debe hacerse cargo de su sobrina, de nombre Cody (Holliston Coleman) desde que su drogadicta hermana Jenna, (Angela Bettis) la abandona en su propia casa.

Así Maggie, que es una mujer madura, soltera y que trabaja como enfermera en un hospital, se encuentra, de un día para el otro, con una niña que tiene que cuidar y defender. A esto se le suma que la pequeña tiene problemas de socialización con el medio, lo que la hace una niña muy especial. Cody rápidamente toca el corazón de Maggie y se convierte en la hija que siempre había querido.

Su custodia se ve amenazada cuando, luego de 6 años, y en medio de una serie de extraños asesinatos de niños, Jenna regresa a buscarla junto a su flamante y acaudalado esposo, Erik Stark (Rufus Sewell) líder de un movimiento religioso del tipo New Age. Los dos, raptan y se llevan a Cody.

La hija de la luz

En una oportunidad, conoce en el hospital a Cheri (Cristina Ricci) ex miembro de la secta, quien le advierte del lugar en donde la tienen escondida. Con la ayuda del agente del FBI John Travis (Jimmy Smits), exseminarista y experto en crímenes relacionados con lo oculto, salen en su búsqueda. Y hasta aquí cuento.

El filme es una contracara a la llegada del anticristo e indirectamente a Damien de La Profecía y usa algunos simbolismos como el de la tentación de Satanás a Jesús. Además del hecho histórico de la matanza de niños inocentes a manos del rey Herodes. Pero tales alusiones no alcanzan para sortear algunas deficiencias de guion ni logran la profundidad simbólica necesaria.

Mace Neufeld, productor del filme, le confió la dirección a Chuck Rusell, un avezado realizador de filmes como La máscara (1994) o El protector (1996). Lamentablemente Russell, hace agua y no sale de los convencionalismos del género. Ya que su visión del mundo ominoso del diablo que quiere impedir la llegada la niña, se termina convirtiendo en un mero entretenimiento. Tiene algunos efectos digitales de buena factura técnica, pero de innecesaria inclusión dramática.

Conclusión

La hija de la luz se sostiene hasta los primeros cuarenta y cinco minutos iniciales gracias a un suspenso que va creciendo en interés. Pero a partir de la segunda mitad, la historia se diluye y todo termina con un final banal cargado de un intenso lirismo religioso.

Así y todo, se puede ver sin inconvenientes, y esto es por su prolijidad y solvencia narrativa. Sin embargo al no tener la profundidad simbólica necesaria en este tipo de trama, hace que se olvide de lo visto en apenas unos minutos.

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