Better Man: Fama, evolución y el dilema ético
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. La película Better Man, al representar a Robbie Williams como un chimpancé CGI, no solo desafía las convenciones del biopic, sino que activa un diálogo crítico sobre la evolución humana y las estructuras sociales contemporáneas. Profundizar en esta analogía requiere explorar las capas filosóficas, biológicas y culturales que vinculan la narrativa de la fama con el darwinismo social, así como cuestionar si esta comparación es suficiente o incluso ética.
Por Juan Cruz Matar
1. La metáfora del primate: ¿Una crítica al darwinismo social o su refuerzo?

La elección en Better Man del chimpancé como alter ego de Williams apunta a una desmitificación de la «superioridad humana». Biológicamente, compartimos el 98% de nuestro ADN con los chimpancés, pero la película no se limita a recordarnos nuestro parentesco genético. Al contrario, expone cómo los sistemas jerárquicos humanos —como la fama— replican dinámicas primitivas:
- Competencia por estatus: En las manadas de chimpancés, el rango se define mediante alianzas, exhibiciones de fuerza y manipulación social. En la cultura pop, los artistas compiten por atención, ventas y premios, usando el carisma como sustituto de la fuerza física.
- Rituales de sumisión y dominio: Los gestos de Williams en el escenario (provocativos, vulnerables) recuerdan los despliegues de los primates para afirmar su posición en la manada.
Sin embargo, equiparar esto al darwinismo social —la idea de que solo los «más aptos» triunfan— es problemático. El darwinismo social, desacreditado científicamente, reduce la complejidad humana a una lucha simplista, ignorando factores como el privilegio sistémico, la suerte o la colaboración. La película podría estar criticando esta visión al mostrar cómo el «éxito» de Williams lo devora: su adicción y depresión revelan que la supervivencia en la jungla mediática no es evolución, sino autodestrucción.
2. La fama como «mismatch evolutivo»

Desde la psicología evolutiva, la fama podría interpretarse como un mismatch: un entorno moderno que explota instintos adaptativos ancestrales (búsqueda de reconocimiento, miedo al ostracismo) pero en una escala patológica.
- El cerebro primate en la era digital: Nuestros antepasados buscaban aprobación en grupos pequeños; hoy, las redes sociales y los medios globalizan esa necesidad, generando ansiedad existencial. Williams, como figura pública, encarna este desfase: su hambre de aplausos es infinita porque el sistema nunca sacia.
- La trampa del estatus: En la naturaleza, los primates dominantes obtienen acceso a recursos, pero también enfrentan estrés crónico. La película muestra que la fama, lejos de ser un triunfo evolutivo, es una jaula que hiperactiva respuestas primitivas al peligro (cortisol, lucha/huida).
Aquí, la analogía con el mono no solo describe, sino que denuncia: la cultura pop es un ecosistema disfuncional que magnifica nuestras vulnerabilidades biológicas.
3. ¿Somos «mejores» que los monos? La ilusión del progreso lineal

La película socava la narrativa antropocéntrica de que la evolución es sinónimo de «progreso». Al humanizar a un chimpancé y animalizar a Williams, cuestiona:
- ¿Civilización o domesticación?: Las reglas sociales (etiqueta, moral) son una fachada que encubre pulsiones primarias. El escenario es una selva donde Williams actúa como un primate entrenado: canta en vez de rugir, baila en vez de golpear el pecho, pero su objetivo es el mismo: asegurar su lugar en la manada.
- El mito de la razón: La película sugiere que, pese a nuestra tecnología, seguimos gobernados por emociones primales (miedo al rechazo, deseo sexual, agresión). La «evolución social» sería una ficción que nos contamos para negar que somos simios con smartphones.
Este enfoque se alinea con pensadores como Frans de Waal, quien argumenta que la moral humana emerge de comportamientos observables en primates, no de un salto cualitativo. La fama, entonces, no sería una construcción cultural sofisticada, sino una versión glamorizada de rituales ancestrales.
4. Los límites de la analogía: ¿Reduccionismo o profundidad?

La comparación con los monos, aunque potente, tiene riesgos:
- Biologicismo reduccionista: Reducir la complejidad humana a instintos animales ignora la agencia, la creatividad y la ética. Williams no es solo un primate; su música refleja una conciencia existencial ausente en otras especies.
- Eco fascismo y darwinismo social: Históricamente, comparar grupos humanos con simios ha sido herramienta de opresión (racismo científico). La película debe navegar cuidadosamente para no reforzar estereotipos deshumanizantes.
- La cultura como antídoto: A diferencia de los primates, los humanos creamos narrativas que trascienden el instinto. La película misma es un acto de reflexión crítica, algo imposible en una manada de chimpancés.
Una lectura más fértil podría integrar la teoría de la doble herencia: genes y cultura coevolucionan. La fama no es solo competición primate, sino un fenómeno único donde biología y simbolismo se entrelazan.
5. Conclusión: ¿El mono en el espejo?

Better Man no es una simple burla a la vanidad humana, sino un espejo distorsionado que nos obliga a confrontar nuestra animalidad residual. La analogía con el darwinismo social funciona si se entiende como crítica a sistemas que nos reducen a meros competidores, pero falla al ignorar la capacidad humana para la empatía y la transformación cultural.
En última instancia, la película plantea que la verdadera «evolución» no sería escapar de nuestro pasado primate, sino reconciliarnos con él: reconocer que somos simios narradores, tan capaces de crear arte como de destruirnos en la jaula de oro del estatus.
Desde la psicología, podemos analizar cómo la fama actúa como un refuerzo social en un contexto darwinista donde el reconocimiento es sinónimo de supervivencia. La presión por mantenerse relevante, por no ser desplazado por un competidor más joven y atractivo, replica el sistema de jerarquías en los grupos de primates. Williams luchó con la adicción, la depresión y la ansiedad, todos ellos mecanismos de respuesta a un medio hostil que recompensa el rendimiento, pero que descarta sin piedad a los que tropiezan.
La elección de mostrar a Robbie Williams como un chimpancé también abre una lectura evolutiva sobre cómo el ser humano sigue atrapado en los mismos patrones de socialización de sus ancestros. Los medios de comunicación, la cultura pop y la construcción de la celebridad no son más que manifestaciones contemporáneas de la necesidad primitiva de pertenencia y dominio dentro de la tribu.
«Better Man» nos invita a mirar la fama con una perspectiva darwiniana: no como una cima alcanzada por el talento o el carisma, sino como un frágil equilibrio entre la adaptación y la supervivencia en un entorno que constantemente devora a sus ídolos. Y, en el fondo, nos hace preguntarnos si realmente hemos evolucionado tanto o si simplemente hemos cambiado los árboles por escenarios y los rugidos por aplausos.
