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El día del fin del mundo: Migración

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El día del fin del mundo: Migración

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. El día del fin del mundo: Migración (Greenland 2: Migration), película estadounidense de 2026 de suspenso postapocalíptico de supervivencia y desastres, dirigida por Ric Roman Waugh y escrita por Chris Sparling y Mitchell LaFortune. Secuela de Greenland (2020). Gerard Butler fue productor, la fotografía es de Martin Ahlgren, la música de David Buckley, la edición de Colby Parker Jr. La filmación comenzó el 29 de abril de 2024 en Shinfield Studios​ y Alton, Hampshire, Reino Unido e Islandia, finalizando en julio de 2024.

Por Daniel López Pacha

Reparto

Gerard Butler (John Garrity), Morena Baccarin (Allison Garrity), Roman Griffin Davis (Nathan Garrity), Amber Rose Revah (Dra. Amina), Gordon Alexander (teniente Blake), Peter Polycarpou (Dr. Haugen), William Abadie (Denis Laurent), Nelia Valery Da Costa (Camille), Tommie Earl Jenkins (general Sharpe), Trond Fausa Aurvåg (Lars), Rachael Evelyn (Kerri Holt), Sidsel Siem Koch (Pia), Alex Lanipekun (Riley Watson), Nathan Wiley (Mayor Green).

Sinopsis

Tras el impacto del cometa Clarke y el colapso total de la civilización, Jeff Garrity logra sobrevivir gracias al aislamiento forzado en un búnker subterráneo. Cinco años después, junto a su esposa Allison y su hijo Nathan, toma una decisión tan arriesgada como necesaria: abandonar el refugio y lanzarse a la búsqueda de un territorio europeo donde la vida aún sea posible. Lo que alguna vez fue su salvación queda atrás para dar paso a un viaje devastador, marcado por catástrofes naturales y una humanidad rota, donde cada paso expone que el verdadero peligro no siempre proviene del entorno, sino de quienes lograron sobrevivir.

Un mundo que se intuye más de lo que se muestra

Uno de los aspectos más interesantes del film es la forma en que el director Ric Roman Waugh, junto a los guionistas Mitchell LaFortune y Chris Sparling, construyen su universo narrativo sin recurrir a largas explicaciones. Gran parte del estado del mundo se sugiere a través de detalles secundarios, diálogos breves y situaciones que quedan deliberadamente fuera de campo, lo que refuerza la sensación de un planeta fragmentado y en constante deterioro.

El relato nos deja entrever una Groenlandia azotada por tormentas descomunales y movimientos sísmicos constantes, mientras que Inglaterra aparece como un territorio completamente desierto, casi fantasmal. A esto se suman bases militares que parecen operar con autoridad absoluta, una África de la que apenas se sabe algo y una Francia sumida en un conflicto interno que roza la guerra civil. Todo este contexto se presenta de manera fragmentada, como piezas de un rompecabezas incompleto.

Lejos de sentirse confuso, este enfoque resulta efectivo y sorprendentemente creíble. El mundo no se explica: se percibe. La información llega en pequeñas dosis que enriquecen el subtexto sin desviar la atención del núcleo emocional de la historia. En ese sentido, el guion demuestra una decisión clara de no perder de vista a la familia Garrity como eje central del relato.

Esa elección narrativa fortalece el drama humano y evita que la película se diluya en una acumulación de datos o subtramas innecesarias. El escenario global está siempre presente, pero funciona como telón de fondo de una historia íntima, marcada por la supervivencia, el miedo y la necesidad de seguir adelante.

Un drama cercano antes que un espectáculo convencional

El día del fin del mundo: Migración

Quienes esperen una película de desastres tradicional, cargada de grandes set pieces y destrucción constante, probablemente se encuentren con algo distinto. Waugh y su equipo priorizan un tono más áspero y contenido, enfocado en el desgaste emocional y físico de los personajes antes que en el despliegue grandilocuente típico del cine catástrofe.

Esta decisión resulta refrescante en varios momentos, ya que permite que la tensión surja de situaciones más pequeñas y humanas. Sin embargo, también tiene su contracara: por momentos, el film parece perder una identidad propia, diluyéndose en un tono que podría pertenecer a otros relatos bélicos o de supervivencia.

Hay secuencias que refuerzan esta sensación, como una en particular que remite de manera muy directa al imaginario de la Primera Guerra Mundial, con trincheras improvisadas y enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Aunque técnicamente efectiva, se siente algo desconectada del resto del conjunto y fácilmente intercambiable con escenas de otra película.

Aun así, la obra logra mantenerse coherente con su propuesta general, apostando más al desgaste progresivo que al impacto inmediato. No busca deslumbrar a cada paso, sino sostener una atmósfera opresiva y constante.

Continuidad narrativa y momentos de alto suspenso

El día del fin del mundo: Migración

La película se inscribe claramente en la línea de su predecesora, continuando la historia sin caer en la repetición directa. Si bien no alcanza el mismo nivel de sorpresa u originalidad, consigue expandir el viaje de los protagonistas con nuevas situaciones que elevan la tensión y el riesgo.

Entre las secuencias más destacadas se encuentran un peligroso cruce sobre un abismo cercano al Canal de la Mancha, una intensa lluvia de meteoritos en medio de un bosque y un encuentro con un grupo insurgente en territorio francés. Estos momentos funcionan como picos narrativos que mantienen el interés y refuerzan la sensación de amenaza constante.

Aunque ninguna de estas escenas supera en intensidad a las propuestas del film anterior, cumplen con su objetivo de sostener el suspenso a lo largo de casi dos horas. El espectador permanece involucrado, preocupado por el destino de los Garrity y por las decisiones que deben tomar en un mundo cada vez más hostil.

La fotografía acompaña correctamente este recorrido. Sin grandes alardes visuales ni planos excesivamente estilizados, el trabajo visual se mantiene sólido y funcional, siempre al servicio del guion. La música de David Buckley, por su parte, encaja bien con el tono general, reforzando la tensión sin imponerse sobre las escenas.

Virtudes técnicas, personajes y cierre narrativo

Uno de los puntos más sólidos del film es su despliegue visual en efectos especiales generados por CGI. Las tomas panorámicas de ciudades devastadas, paisajes desolados y extensiones interminables transmiten con claridad la magnitud del colapso global y la desaparición de gran parte de la humanidad.

Destaca especialmente una escena ambientada en la costa, con barcos encallados y una iluminación cuidada que recuerda, por su escala y manejo visual, a propuestas como Dunkirk de Nolan. Son momentos que elevan el impacto visual sin traicionar el tono contenido de la película.

También hay escenas de gran tensión, como tiroteos que refuerzan la idea de que en este nuevo mundo rige la ley del más fuerte, o conflictos por los últimos recursos disponibles, que dan lugar a facciones enfrentadas por lo poco que queda. Aunque estos elementos resultan interesantes, su exploración es algo limitada y queda con sabor a poco.

En el plano interpretativo, Gerard Butler ofrece un trabajo sólido encarnando a un hombre agotado, obsesionado con proteger a su familia. No es una actuación especialmente memorable, pero cumple con lo que la historia necesita. Su química con Morena Baccarin sigue funcionando, mientras que los nuevos personajes aportan matices: Amber Rose Revah como una científica convencida de sus teorías, William Abadie como un aliado inesperado y Nelia Valery Da Costa como su hija, Camille.

Conclusión

El día del fin del mundo: Migración es una película correcta y funcional, que no presenta fallas graves pero tampoco se arriesga a innovar dentro del género. Su narrativa es efectiva aunque genérica, con diálogos a veces acartonados, actuaciones cumplidoras y algunos efectos especiales que podrían haberse pulido más.

Aun así, logra mantener el interés del espectador gracias a su enfoque en el drama familiar, su atmósfera opresiva y varios momentos de tensión bien construidos. No redefine el cine de catástrofes ni propone algo verdaderamente nuevo, pero ofrece una experiencia sólida, coherente y entretenida para quienes ya conectaron con la historia de los Garrity.

Disponible: En cines

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