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Rabbit Trap: El sonido de lo inexplicable

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Rabbit Trap

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. A esta altura del partido, ya sabemos que el folk horror es el patio de juegos predilecto de los realizadores que buscan algo más que el susto fácil. Pero lo que hace Bryn Chainey en su debut con Rabbit Trap (La trampa del conejo 2025), es llevar esa premisa a un territorio donde lo verdaderamente perturbador no es tanto lo que se ve, sino lo que se escucha —y, sobre todo, lo que se calla—.

Por César Arturo Humberto Heil

Ambientada en una Galés de los años setenta tan bella como opresiva, la película nos encierra junto a Darcy (Dev Patel) y Daphne (Rosy McEwen), una pareja de músicos que se retiran a una casa aislada para terminar su disco. El problema es que, en el cine de género, “aislamiento” suele ser sinónimo de mala decisión, y aquí el error se materializa en la grabación involuntaria de un sonido que no pertenece a este mundo.

Un Dev Patel en su salsa y en su tormento

Si algo sostiene la estantería cuando el guion se vuelve por momentos denso, es Dev Patel. El actor ya había demostrado en The Green Knight (2021) que el misticismo británico le sienta cómodo, y aquí vuelve a ofrecer una interpretación física, contenida, atravesada por una vulnerabilidad que traspasa la pantalla. Darcy es un hombre perseguido por traumas apenas insinuados, y la química con Rosy McEwen resulta uno de los puntos más sólidos del film. No son simplemente “la pareja en peligro”: son dos artistas obsesionados con capturar lo inasible a través de sintetizadores analógicos y grabaciones de campo. Todo se quiebra cuando Darcy pisa un círculo de hadas —las Tylwyth Teg del folclore galés— y la lógica comienza a resquebrajarse.

El niño misterioso y la erosión de la intimidad

La aparición de un niño extraño, interpretado con inquietante magnetismo por Jade Croot, actúa como catalizador de una paranoia que se cocina a fuego lento. Pero Croot no es solo una presencia espectral; su personaje opera mediante una manipulación sutil que va carcomiendo la cordura de la pareja. El niño se introduce en la casa, se instala en sus espacios más íntimos y comienza a jugar con sus percepciones y culpas. Esta invasión doméstica transforma el hogar en un territorio hostil, donde el pequeño intruso parece saber mucho más de Darcy y Daphne de lo que ellos mismos están dispuestos a admitir, convirtiendo el refugio artístico en una jaula psicológica.

El niño no necesita fuerza física para invadir la casa; le basta con habitar los silencios de la pareja y tensar los hilos de su culpa. Su conocimiento sobre las hadas y los elementales es la carnada en el anzuelo que atrae a la pareja hacia una espiral de dominación.  Para cuando se dan cuenta de que el intruso no es un niño sin hogar sino el cazador, el mecanismo de la trampa ya se disparó, dejándolos atrapados en una realidad distorsionada donde la salida es tan inexistente como el silencio absoluto del bosque.

La trampa como metáfora del asedio

El título de la película no es gratuito ni una simple referencia, es la clave de la dinámica que se establece con el niño y su asedio al hogar. Así como Darcy y Daphne buscan capturar sonidos imposibles con sus equipos de audio, el personaje del niño despliega una cacería invisible donde su objetivo es socavar la voluntad de la pareja. “Rabbit Trap» funciona aquí como una analogía de la propia situación de Darcy y Daphne: fueron atraídos por la paz rural y la inspiración artística, solo para quedar inmovilizados en un entorno sobrenatural que se cierra sobre ellos en una especie de círculo infinito.

Entre el estímulo sonoro y la pesadilla folclórica

Rabbit Trap

Lo que realmente distingue a Rabbit Trap del resto del folk horror contemporáneo es su diseño sonoro. Es una película para ver —o, mejor dicho, escuchar— en una sala con buen audio o con auriculares. Chainey construye la atmósfera a partir de los ruidos del bosque, el crujir del musgo bajo los pies y las frecuencias casi hipnóticas de los equipos de grabación. No hay jump scares, el terror aquí es atmosférico, envolvente, casi táctil.

En algunos tramos la película se enamora demasiado de su propia ambigüedad. El guion oscila entre la tentación de explicar de más y la de dejar al espectador completamente a la intemperie y lleno de preguntas sin respuestas. Ese delicado equilibrio entre drama de pareja y horror sobrenatural no siempre termina de cuajar, y el ritmo puede resultar exasperante para los más ansiosos.

Conclusión

Rabbit Trap es una ópera prima ambiciosa que prioriza la textura por sobre la narración lineal. No es una película para todo el mundo, pero sí para quienes disfrutan de un cine que se experimenta como un sueño —o una pesadilla— del que no se puede despertar del todo. Con un apartado técnico notable y actuaciones de alto nivel, Bryn Chainey entrega una pieza de terror artesanal que, pese a ciertos baches narrativos, deja un eco persistente en los oídos y la inquietante sensación de que hay fuerzas en la naturaleza que es mejor no intentar registrar.

Disponible: Internet

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