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La muerte de un unicornio: Comedia, terror y mitología

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La muerte de un unicornio

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. El cine de terror parece tener la fórmula agotada. La mayoría de las películas resultan ser un calco de las anteriores, lo que da como resultado producciones intrascendentes, aburridas y remanidas. Por ello, muchos directores jóvenes deciden darle una vuelta de tuerca al tema, buscando asesinos nuevos que le den al género un soplo de aire fresco. Es el caso del debutante en la dirección de largometraje Alex Scharfman, quien en un intento de romper estereotipos estrenó La muerte de un unicornio (Death of a Unicorn 2025), un filme que combina la comedia con el terror y cuyos principales “villanos” son una familia de unicornios.

Por César Arturo Humberto Heil

Elliott (Paul Rudd) es un abogado que viaja junto con su hija adolescente Ridley (Jenna Ortega) a un refugio natural cuyo dueño es Odell (Richard E. Grant), un director general farmacéutico multimillonario que padece cáncer terminal y necesita que Elliott le ordene los papeles de la herencia.

En el camino al refugio, padre e hija atropellan a un joven unicornio. Ridley toca su cuerno y comienza a tener un viaje espiritual, lo que provoca que a partir de allí desarrolle una conexión con el legendario animal. Deciden cargar al desdichado caballito cornudo en la parte trasera y continúan rumbo a su destino.

Ya en el lugar, y luego de conocer a la familia compuesta por Belinda (Tea Leoni), esposa de Odell, y su hijo medio torpe Sheppard (Will Poulter), el ancestral equino resucita y es allí donde la seguridad del lugar lo remata con un disparo.

Como buenos empresarios de los medicamentos, comienzan a experimentar con la sangre del animal, y qué mejor conejillo de Indias que el propio Odell, quien está desahuciado y a días de “tocar el arpa con San Pedro”. ¡Oh, sorpresa! Se recupera unos minutos después de recibir la transfusión. ¡Aleluya, encontraron la cura para el cáncer! Y no solo eso: el cuerno también tiene propiedades sanadoras.

Claro que no todo es color de rosas, porque mamá y papá Unicornio están muy enojados y dispuestos a rescatar a su hijo a como dé lugar. Es entonces cuando empieza el festín de tripas.

Un poco de mitología y lore

Antes de avanzar más con la trama, hago este paréntesis para explicar lo que representa un unicornio como criatura mítica, ya que en el filme la mitología tiene cierto peso.

Los orígenes de los unicornios se remontan a épocas muy antiguas y estuvieron presentes en diversas culturas alrededor del mundo, desde la antigua Grecia hasta la India y China. Su imagen ha trascendido fronteras y se ha mantenido viva a través del folclore de cada región durante siglos.

La muerte de un unicornio

En la mitología griega, el unicornio estaba asociado con la pureza y la virginidad, siendo un símbolo de fuerza y gracia. Por otro lado, en la mitología china era considerado un símbolo de buena suerte y prosperidad, vinculado con la llegada de una era dorada.

Los unicornios son seres mitológicos anclados en las leyendas populares, con raíces profundas en la imaginación humana y la persistencia de los mitos a lo largo del tiempo. Han servido como fuente de inspiración para artistas, escritores y creadores de todas las épocas, alimentando la imaginación y proporcionando un punto de conexión con lo mágico y lo sobrenatural. Dicho esto, continúo.

Festín de sangre y tripas

La muerte de un unicornio no reinventa el género, pero sí lo oxigena. La presencia de estos angelicales seres convertidos en voraces asesinos, con justa causa, hace que uno disfrute del filme a pesar de algunas debilidades del guion. Así, asistimos a una sucesión de despedazamientos, destripamientos y ensartadas de cuernos, todo dentro de un contexto de comedia absurda que le da un tono entre ridículo y grotesco.

La industria farmacéutica en la mira

El filme aprovecha para criticar a las industrias farmacéuticas, especialmente a las dedicadas a la “cura” del cáncer. No tiene empacho en mostrar la avaricia, el desapego y la falta de humanidad de estas corporaciones multinacionales, ávidas de sumar más billetes a sus arcas en detrimento de la vida, en este caso de los unicornios.

La muerte de un unicornio

Esto va en sintonía con la experimentación científica en animales. Es sabido que los laboratorios experimentan con todo tipo de especies, desde cobayos y ratones hasta monos, sometiéndolos a dolorosos procesos de experimentación y la posterior muerte.

Se puede decir que lo que les ocurre a los personajes de la farmacéutica no es otra cosa que una gran metáfora sobre el castigo que merecen aquellos que lucran a costa de la enfermedad de las personas.

Mitología aplicada

Se nota que el director y guionista investigó sobre el tema mitológico de los unicornios, porque muchas de las referencias mencionadas más arriba están presentes. Especialmente la idea ancestral asociada a la pureza y la virginidad, representada en el personaje de Ridley, quien además tiene esa conexión con estos seres. Esto queda claro cuando el ingenuo Sheppard hace alusión a ello en un último intento de no perder el millonario negocio.

En cuanto al tema de la prosperidad y la buena suerte, queda claro que esa bendición es exclusiva para quienes respetan a los unicornios y no para quienes buscan explotarlos y torturarlos.

La muerte de un unicornio

Algunas actuaciones sin fisuras

Dentro del contexto de una comedia absurda, las actuaciones son aceptables. En lo personal destaco el trabajo de Tea Leoni, quien compone a una excéntrica ricachona con pocas luces y lo hace muy bien. Will Poulter, por su parte, despliega todo su talento para interpretar a un joven caprichoso, “nene de mamá”, acostumbrado a tener todo con solo pedirlo. El resto acompaña correctamente, sin sobresalir.

Buena dirección, FX dudosos

El director Alex Scharfman demuestra con este debut en el largometraje que tiene talento e ingenio para manejar el género. Si bien su trabajo no es brillante, no desentona y mantiene perfectamente el ritmo y el tono sin que se le desbande, algo que podría haber sucedido al intentar conjugar lo ridículo y lo grotesco.

Como dato de color, el director se da el lujo de homenajear la ya mítica escena de Alien 3 (1992) de David Fincher, en donde el Xenomorfo se acerca al rostro de Ripley. La escena es prácticamente calcada, solo que aquí Ridley debe verse cara a cara con el unicornio padre.

Los efectos prácticos están muy bien, pero no así los digitales. Hay momentos en los que están logrados y otros en los que los movimientos y las texturas se ven descuidados y torpes. Igualmente, estos detalles no terminan de empañar el resultado final.

Conclusión

La muerte de un unicornio es una propuesta fresca dentro del cine de terror y comedia absurda, aunque no revoluciona el género. Logra darle un aire distinto gracias a la mezcla de mitología, crítica social y humor grotesco. La película funciona como metáfora sobre la avaricia y la explotación de los laboratorios, al tiempo que rescata el valor simbólico de los unicornios en la cultura. Con actuaciones correctas y una dirección prometedora, el filme se convierte en una curiosa y entretenida experiencia que, pese a sus fallas técnicas y de guion, se puede ver y disfrutar.

Disponible: HBO Max

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