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Párvulos: Hijos del apocalipsis | Una distopía marcada por el gore, lo escatológico y el humor negro

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Párvulos: Hijos del apocalipsis

Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Si hay un director mexicano que, desde hace un tiempo, se ha consolidado como uno de los principales referentes del cine de terror y del fantástico contemporáneo latinoamericano, ese es Isaac Ezban, responsable de filmes como El incidente (2014), Los parecidos (2015), Mal de ojo (2022) y Párvulos: Hijos del apocalipsis (2024), entre otros.

Por César Arturo Humberto Heil

Con Párvulos: Hijos del apocalipsis, Ezban se adentra en un terreno distinto: los mundos postapocalípticos, para hablarnos de temas como la pandemia, los efectos secundarios de las vacunas, la vejez, el cuidado de los padres mayores por parte de los hijos y los vínculos familiares como núcleo central y sostén ante la necesidad de sobrevivir. A todo esto, se suma un humor negro incómodo y corrosivo que atraviesa la película y funciona como un contrapeso frente al horror.

Una familia atrapada en el fin del mundo

En un mundo devastado por una brutal pandemia, donde el intento de cura mediante vacunas experimentales ha sido peor que el propio virus, los efectos adversos han convertido a los seres humanos en una especie de zombis hambrientos de carne humana. Los hermanos Salvador (Farid Escalante Correa), Benjamín (Mateo Ortega Casillas) y Oliver (Leonardo Cervantes) viven como pueden, aislados en una cabaña en medio del bosque. Para alimentarse, matan distintos animales y deben mantenerse alertas ante cualquier ataque de los infectados y de los “trompetas”, personas no infectadas y extremadamente religiosas que asesinan a quienes no han sido bautizados.

Salvador, el hermano mayor, junto con Benjamín, el del medio, mantienen encerrados en el sótano a sus padres, quienes han sido infectados con el virus mutado por las vacunas. Día tras día los alimentan con ratas y los mantienen vivos con la esperanza de que pronto se encuentre una cura capaz de revertir la infección.

Todo cambiará cuando surjan tres plot points determinantes. Por un lado, Oliver, el más pequeño, descubre que los monstruos confinados en el sótano son, en realidad, sus padres. Por otro lado, irrumpe en la casa Valeria (Carla Adell), un personaje decisivo para el giro final de la trama. Y, por último, descubren que ya existe una droga capaz de revertir los síntomas de los infectados. Hasta aquí cuento.

Entre el asco, el humor negro y el drama familiar

Párvulos: Hijos del apocalipsis

Ezban da rienda suelta a una serie de imágenes bastante revulsivas, en las que predominan los desechos corporales, el sexo desagradable y un humor negro que aparece de forma intermitente, casi siempre en los momentos más incómodos. Lejos de aliviar la tensión, este humor funciona como un elemento perturbador que acentúa lo grotesco, reforzando la incomodidad en lugar de disiparla.

Esta combinación hace que, por momentos, Párvulos: Hijos del apocalipsis se sienta difícil de digerir. En este sentido, se vuelve evidente una mirada sobre la vejez y lo que implica convertirse en sujetos dependientes. El fortalecimiento de los vínculos familiares en tiempos hostiles es otro de los aspectos que afloran y sostienen la trama. Oliver quiere que su familia vuelva a ser la de antes y, si existe una cura, entonces todavía hay esperanza de regresar a cierta “normalidad”.

En Párvulos: Hijos del apocalipsis, Isaac Ezban prioriza el drama familiar ambientado en un mundo al borde del colapso por encima del terror puro. Si bien tiene imágenes fuertes, con el gore como protagonista, las ideas centrales hacen que el film se perciba desde un registro más emocional e íntimo.

Un riesgo interesante

Párvulos: Hijos del apocalipsis

Quizá Párvulos: Hijos del apocalipsis no es la mejor película de Ezban, pero sí parece marcar un punto de partida para explorar temas y registros en los que el director no había incursionado con tanta profundidad, aunque esto implique asumir ciertos riesgos con resultados dispares.

Entre los aspectos menos logrados se encuentran la exageración de algunas situaciones, donde el relato por momentos parece pasarse de rosca, y ciertos huecos argumentales del guion. Por ejemplo, al comienzo se los ve desesperados por conseguir comida y, a medida que la trama avanza y entra en su propia vorágine, esa necesidad básica queda prácticamente olvidada.

Aun así, la película consigue sostener una identidad propia dentro del cine de género latinoamericano reciente. Entre escenas grotescas, humor negro y momentos genuinamente incómodos, Ezban construye una distopía enfermiza en la que lo risible y lo perturbador conviven constantemente, generando una experiencia tan extraña como incómoda para el espectador. Funciona menos como relato de zombis y más como una reflexión deformada sobre la familia, el deterioro y la necesidad humana de aferrarse a algo cuando todo alrededor parece haberse derrumbado.

Conclusión

Párvulos: Hijos del apocalipsis

Párvulos: Hijos del apocalipsis es una película incómoda, excesiva y, por momentos, desagradable, pero justamente ahí reside gran parte de su identidad. Isaac Ezban toma los códigos del cine de zombis y del terror postapocalíptico para construir un relato que, detrás del gore y lo escatológico, y atravesado por un humor negro tan incómodo como corrosivo, termina hablando de los vínculos familiares, del miedo al deterioro físico y de la desesperación por conservar algo de humanidad en medio del derrumbe.

Aunque el film presenta algunos desbordes narrativos y ciertos baches de guion, logra diferenciarse dentro del panorama del cine fantástico latinoamericano reciente gracias a una mirada personal, enfermiza y cargada de ironía. Más que una película de terror convencional, Párvulos funciona como una distopía grotesca sobre la imposibilidad de soltar aquello que alguna vez llamamos familia.

Disponible: HBO Max

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