Cochinas: La revolución femenina se alquila en la sección XXX
6 minutos de lectura
Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Cochinas, serie de televisión española de comedia con ocho episodios. Está creada y escrita por Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo y dirigida por Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago. Con fotografía de Víctor Benavides y Robert C. Carrera, música de Antonio Escobar, edición de Mikel Garmilla. Filmada en Valladolid, España entre octubre y diciembre de 2024.
Por Daniel López Pacha
Reparto
Malena Alterio (Nines Gallego), Celia Morán (Asunción «Chon»), Álvaro Mel (Agustín «Gus»), Raquel Pérez (Mariví), Celia de Molina (Encarni), Chani Martín (Mariano Padilla), Esperanza de la Encarnación (Paca), Álvaro Almodóvar (Andrés Padilla Gallego), Albert Baró (Enric), Ana Mencía (Irene), Josele Román (Eloisa), David Castillo (Alfonso), Aina Picarolo (Teresa «Tere» Padilla Gallego), Paqui Horcajo (Lupe), José Luis García Pérez (Fidel), Blanca Javaloy (Menchu), Daniela Blume (Henar), Daniel Blesa (Penélope), Edgar Costas (Nazario).
Sinopsis
¿Qué hace un ama de casa de misa dominical cuando su marido se queda en coma y las deudas la ahogan? Salvar el videoclub familiar vendiendo porno. En 1998, Nines asume el control del moribundo Videoclub Dorothy. Con la ayuda de Chon (la dependienta que ya lo ha visto todo) y de Agus (un cinéfilo asexual atrapado entre VHS), este trío improbable decide que el cine para adultos es la solución a todos sus problemas. Una comedia sobre la hipocresía social, el choque cultural de finales de siglo y cómo el cine X puede llegar a rescatar a una familia tradicional.
Un soplo de aire fresco en la ficción televisiva actual
La industria audiovisual española se viste de gala con la llegada de Cochinas, una deslumbrante propuesta de lo más disruptiva concebida por las mentes creativas de Irene Bohoyo y Carlos Del Hoyo. Esta producción irrumpe en el panorama del streaming con una primera temporada de ocho episodios (de 30 minutos aprox.) que destacan por su ritmo electrizante, logrando enganchar al espectador desde el primer minuto en un maratón verdaderamente irresistible. La solidez de su guion y la agilidad de su montaje convierten a esta obra en una de las sorpresas más gratas del año.
Lejos de esconderse detrás de la prudencia, Cochinas abraza una honestidad brutal al retratar la corporalidad y el deseo con una naturalidad encomiable. Los desnudos, tanto masculinos como femeninos, se integran de manera orgánica en la narrativa, despojándose de cualquier atisbo de gratuidad para convertirse en un pilar de autenticidad vital. Esta valentía visual invita a la audiencia a derribar prejuicios arcaicos y a sumergirse de lleno en una crónica que resulta tan refrescante como madura en su ejecución.
El diseño de producción brilla con luz propia al apelar directamente a la nostalgia colectiva de toda una generación, rindiendo un hermoso homenaje a la era dorada del VHS. La atmósfera de los antiguos videoclubs de barrio, aquellos templos vecinales del entretenimiento, está recreada con una precisión quirúrgica que evoca de inmediato la España de finales de los noventa. Es un viaje inmersivo hacia 1998, un período bisagra donde la sociedad miraba al nuevo milenio debatiéndose constantemente entre el vértigo del cambio y las ansias de una libertad renovada.
Además de su carismática premisa, la trama se enriquece gracias a una inteligentísima subtrama corporativa que inyecta una dosis perfecta de tensión. La encarnizada rivalidad entre el pequeño negocio familiar liderado por Nines y las grandes corporaciones multimedia que emulaban el modelo Blockbuster aporta una capa de suspense muy bien estructurada. Este conflicto no solo dinamiza el avance de los capítulos, sino que funciona como un reflejo fidedigno de la resistencia del comercio local frente al avance de la globalización.
La metamorfosis del humor hacia la liberación femenina

A nivel argumental, Cochinas experimenta una evolución fascinante que supera cualquier expectativa inicial basada puramente en el humor de enredos. Lo que comienza como las peripecias de unas vecinas tradicionales buscando revitalizar sus vidas íntimas a través del consumo de cintas X, se transforma paulatinamente en un manifiesto feminista de enorme calado. La narrativa trasciende la comedia pícara para transformarse en un espacio de debate necesario sobre el derecho al placer femenino y la urgencia de desestigmatizar la comunicación sobre las relaciones afectivas en la sociedad contemporánea.
En el epicentro de esta revolución personal encontramos el arco de Nines, quien se ve obligada a redescubrir su propia sensualidad e identidad tras décadas de un matrimonio sumido en la rutina. La genialidad de Cochinas radica en su capacidad para equilibrar un tono irreverente y audaz, muy en la línea de producciones internacionales consagradas como The Boys o Doom Patrol, con una identidad profundamente local. España no había experimentado con un formato tan explícito y milimétricamente diseñado para impactar con inteligencia a un público ávido de riesgo.
Sátira y deconstrucción social
A lo largo de su andadura cinematográfica de las ocho entregas, la ficción pasa con maestría de la sátira sexual a un relato conmovedor sobre la autorrealización de la mujer en una época donde las convenciones religiosas e institucionales intentaban asfixiar cualquier impulso de independencia femenina. La propuesta es un absoluto triunfo porque permite al espectador entregarse en primera instancia al puro entretenimiento escapista, para terminar arrastrado por un subtexto de enorme riqueza intelectual y social en su segunda mitad.
Este balance perfecto genera una comedia caótica deliciosamente sustentada sobre un trasfondo dramático real: la lucha desesperada de un equipo humano entrañable por salvar un videoclub de la quiebra. Un detalle de absoluta brillantez estructural es la inclusión de prólogos paródicos al inicio de cada episodio, donde se homenajea al cine porno con el mismo ingenio con el que Scary Movie desmanteló el género de terror. Lejos de ser meros gags aislados, estas ingeniosas aperturas terminan por entrelazarse de manera magistral con el desenlace de la historia principal.
Un despliegue técnico y actoral impecable

El guion demuestra una flexibilidad asombrosa al transitar de la comedia al drama con una fluidez pasmosa, tocando fibras sensibles hacia el clímax de la temporada, cuando las fachadas caen y se revela la verdadera causa del grupo: la conquista de la soberanía individual. En el apartado interpretativo, la serie alcanza cotas de excelencia gracias a un elenco en estado de gracia donde Malena Alterio ofrece una actuación consagratoria, consolidándose una vez más como un pilar fundamental del audiovisual con un carisma inigualable.
La riqueza de Cochinas está en la producción, que se potencia gracias a unos personajes secundarios perfectamente delineados que inyectan dinamismo y frescura en cada escena, asegurando que el ritmo cómico nunca decaiga. Por otra parte, Celia Morán lidera con maestría el peso dramático de la serie, regalando secuencias de un magnetismo y una potencia emocional arrolladoras. Junto a ella, un sorprendente Álvaro Mel demuestra una madurez interpretativa encomiable a través de una evolución sutil y sumamente gratificante para la audiencia.
Luz, nostalgia y revolución lúdica
La factura visual merece una mención especial gracias a la soberbia dirección de fotografía de Robert Campillo Carrera y Víctor Benavides, quienes logran plasmar fielmente la luz, los colores y las texturas de la transición entre 1997 y 1998. Cada fotograma destila una autenticidad reconfortante para quienes vivieron aquella época. Asimismo, la selección musical opera como una maravillosa máquina del tiempo, combinando el encanto melancólico de Celtas Cortos con la energía festiva de Azúcar Moreno, Chayanne y los ritmos icónicos de las verbenas estivales como El Venao.
El mayor triunfo de la creación de Bohoyo y Del Hoyo es lograr articular un discurso de empoderamiento femenino impecable desde la trinchera de la comedia y utilizando como eje un entorno históricamente patriarcal como el de la pornografía convencional. La producción confronta los sesgos del porno tradicional con inteligencia y elegancia, invitando a una reflexión profunda sobre el respeto y el deseo sin perder jamás su vocación lúdica y accesible.
Conclusión

Cochinas se consolida con creces como una de las ficciones más valientes, divertidas y pedagógicas del panorama televisivo contemporáneo. Es una obra redonda que no solo cumple con creces su objetivo de entretener de manera inteligente durante una tarde de primavera, sino que dignifica la comedia española elevándola a la categoría de espejo social necesario. Una joya imprescindible que celebra la libertad y el autodescubrimiento con un corazón inmenso.
Disponible: Prime Video
