Cleaner: Una limpieza superficial del cine de acción
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Bienvenidxs a una nueva nota de Revista Sincericidio. Hay directores que parecen incapaces de filmar una mala escena de acción. El veterano Martin Campbell es uno de ellos. Responsable de películas emblemáticas como Casino Royale (2006) y The Mask of Zorro (1998) vuelve al thriller de alto voltaje con Cleaner (2026), una película que intenta actualizar el modelo de Die Hard (1988), de John McTiernan, incorporando preocupaciones contemporáneas como el ecoterrorismo y la corrupción empresarial. La intención es interesante; el resultado, bastante menos.
Por César Arturo Humberto Heil
La premisa nos presenta a Joey Locke (Daisy Ridley), una exsoldado que trabaja limpiando los vidrios de un rascacielos y que está al cuidado de su hermano autista Matthew (Michael Tuck). Luego de llegar tarde a su trabajo queda atrapada en las alturas cuando un grupo de activistas toma como rehenes a los asistentes de una gala organizada por una poderosa empresa energética. La situación se complica cuando Noah (Taz Skylar), uno de los integrantes del grupo, elimina a Marcus (Clive Owen), el líder del grupo, y convierte una protesta política y ecológica en una espiral de violencia, al tomar el mando y cambiar completamente los planes originales.
El vértigo como principal atractivo
El escenario vertical ofrece un buen campo de juego para Campbell. La utilización de las fachadas de vidrio, las alturas y el permanente riesgo de caída generan algunos de los mejores momentos de la película. Sin necesidad de reinventar el género, el director demuestra que sigue teniendo pulso para construir tensión y administrar el suspenso.
La acción se beneficia de un espacio reducido que obliga a los personajes a improvisar constantemente. Campbell aprovecha la arquitectura del edificio como un elemento narrativo más, transformando ascensores, pasillos, andamios y plataformas de limpieza en escenarios de persecuciones y enfrentamientos. Esa decisión evita que la película caiga por completo en la monotonía y aporta una sensación de peligro constante.
A esto se suma una puesta en escena clara, donde la geografía del edificio resulta fácil de seguir incluso durante las secuencias más frenéticas. En tiempos donde muchas producciones recurren al montaje acelerado para ocultar las limitaciones de la acción, Cleaner apuesta por una narrativa visual más clásica, permitiendo que el espectador comprenda dónde está cada personaje y cuál es el riesgo que enfrenta. Es precisamente en esos momentos donde la experiencia de Campbell detrás de cámara marca la diferencia.
Un homenaje que nunca encuentra su identidad

El problema aparece cuando la historia pretende ofrecer algo más que un simple thriller de acción. El conflicto ambiental y la crítica a las corporaciones quedan reducidos a una excusa narrativa. La película menciona estos temas, pero nunca los desarrolla ni los convierte en un verdadero motor dramático. Lo que podría haber sido un conflicto moral complejo termina reducido a un enfrentamiento entre buenos y malos con pocas zonas grises.
Tampoco ayuda que el guion, escrito por Simon Uttley, Paul Andrew Williams y Matthew Orton, recurra constantemente a fórmulas conocidas. La influencia de Die Hard es tan evidente que, en lugar de sentirse como un homenaje, termina funcionando como una comparación permanente que Cleaner nunca consigue ganar. Hay giros previsibles, personajes secundarios poco desarrollados y una estructura que rara vez sorprende.
Quien termina sosteniendo gran parte del film es Daisy Ridley. La actriz compone una heroína física y convincente, muy lejos de limitarse al papel de víctima ocasional. Su presencia logra darle credibilidad incluso a varias situaciones que el guion resuelve de manera demasiado conveniente. Cada vez que la película amenaza con caer en la rutina, Ridley consigue devolverle algo de energía.

Resulta difícil no ver en Joey una heredera de los héroes de acción popularizados por Bruce Willis en los ochenta y, más recientemente, por Jason Statham. El guion vuelve a recurrir a un recurso ya demasiado frecuente: convertir a la protagonista en una exmilitar para justificar que pueda enfrentarse con solvencia a un grupo de mercenarios. Es una explicación funcional, pero también una salida cómoda, que evita construir la evolución del personaje y termina respondiendo más a una convención del género que a una verdadera necesidad narrativa.
Eso no significa que sea una mala película. Campbell mantiene un ritmo sostenido durante sus poco menos de cien minutos y entrega un producto entretenido para quienes disfrutan del cine de acción clásico. El problema es que nunca encuentra una identidad propia. Cada una de sus virtudes remite inevitablemente a películas mejores, mientras que sus defectos terminan pesando más cuanto mayor es la expectativa que genera su equipo creativo.
Conclusión
Cleaner es un thriller correcto, eficaz por momentos y beneficiado por el carisma de Daisy Ridley y la experiencia de Martin Campbell detrás de cámara. Sin embargo, también confirma que ya no alcanza con repetir las fórmulas de los grandes clásicos del género ni con trasladarlas a un contexto contemporáneo. La película recicla no solo la estructura de Die Hard, sino también muchos de los lugares comunes del cine de acción actual, desde el protagonista con un pasado militar hasta el villano con motivaciones apenas esbozadas.

En definitiva, Campbell demuestra que sigue siendo un director capaz de filmar secuencias de acción sólidas y mantener la tensión durante casi cien minutos. Lástima que el guion nunca esté a la altura de esa puesta en escena. Cleaner entretiene mientras dura. Pero una vez que terminan los créditos deja la sensación de haber visto una película correcta, competente y, sobre todo, demasiado familiar.
Disponible: Prime Video
